viernes, 30 de octubre de 2015

Solo oro tengo.

“Pero ahora polvorientas telarañas se entrelazan
por el espejo, el que antaño
viera los dedos que retiraban el oro
de una despreocupada frente;
y las profundidades son cegadas a la luna,
y olvidados sus secretos, nunca dichos.”

El espejo. Aldous Huxley.


Tú pídeme el agua
que cae por mi cuerpo,
una vez que llueve
y yo estoy ahí
simulando al humano
que muestra la luz
de las intemperies;

Nada te daré…

Soy más que palabras;
pero solo palabras es lo que tengo.

Tu pídeme ser,
no será coincidencia.

Tampoco he de darte
ni uno solo –partido,
de mis mil corazones.
Son de hijos de espumas,
de lunas a penas
y de sentarse a la mesa
llorando, llorando,
compartiendo el pan
con ondas faltas de ritmo.

Pide mi voz
ante los ángeles tercos
que ahora regalan caprichos
-de sol,
a cada sombra encarnada…

No te daré -de mí, un beso.
No te daré -de mí, pesadillas
No te daré -de mí, aliento
No te daré -de mí, arduas dudas.

Tú pídeme hacer,
no te lo daré.

Yo he venido solo.
Yo he venido solo.
Yo he venido solo.

No hice el acuerdo
y mi piel
solo es eso:

Yo nací un día
que Cesar Vallejo estuvo sano,
agudo…

Iré a las bodegas,
donde los camiones
desde las provincias
llegan completos de carga.
Me alquilare a la labor
de un cargador de ancha espalda
y si reviento agotado,
no te daré mi sudor.

Y no te daré de mis huellas
si rompo con todo…

No te daré ni soberbia
ni espanto
ni amor.

Tú pídeme la velocidad
del ruido interior
en mi cama,
los años que arraigan
el aire.

No te daré en este día
ni la estridencia del miedo
ni las penitencias
ni coordenadas…

Ya tengo hirviendo en el fuego
la fruta prohibida
y el mundo después
de los niños;
no te daré de ilusiones
cuando estés harta de todo.

Tú no has sabido volver;
recuerdo que, tú, te fuiste
y que pudo ser mi pobreza
el motivo.

No, ya no puedo darte consuelo.

Yo, cuanto tuve…
que fuera bueno,
te he dado todo.
Omar Alej.

jueves, 29 de octubre de 2015

Volviendo a Tom Waits.


"Si acaso lo pensaba, no lo dije en voz alta."
"Por eso regresé."

El teléfono. Robert Frost.


Yo tampoco sé
para qué volvió
Tom Frost en la canción…

Pudo ser
que no fueran suficientes
los desiertos…

Pasa, cada tanto,
que se llena la oficina de correos.

Tal vez esa historia
estaba ahí
abarcando el horizonte
en un franco disimulo.
Y un buen día
-cuando el sol
no era muy negro,
declaró ante medio cigarrillo.

Tengo un mapa
de las carreteras americanas;
siempre el sur
me muestra algo.
Un amigo de ojos sabios
señaló en un paraje de Luisiana;
imaginó al propio Tom
retocando gravedades en la voz
justo antes de llamar.

Yo aquí estoy
viendo arder el pasaporte
y la foto de mi rostro
ya es de otro…

Dije no
a descender
y sintiendo improvisada
mi última cena,
dije no a Nueva Orleans.

Yo tampoco sé
para que volvió
Tom Frost en la canción…

Ciertos duelos
son pacientes.

He salido a consultarlo
y probando los voltajes
del recuerdo
nada he concluido;

Debió ser
que ciertos hombres vuelven
-y otros no,
de los infiernos.

Qué apacible
tanto tiempo recordarla,
qué miseria
ir mirando
que se acaba el delirio
que inventaba la belleza.

¿Se volvió
para mirar
-con un testigo,
las anónimas secuelas
de un adiós?

Ver en Martha
el ocaso de la noche
tal vez fuera
demasiado
y más probable que la ley del fin del mundo.

No lo sé
si yo un día vuelva.
Si después de 20 años
tome el tren
y se lo diga
lo que estuve por decirle
a cada hora…

Solo espero
resistir;

Cada día
-justo ahora, es pequeño
ante el futuro
y nace viejo.
Omar Alej.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Si algo falta; entonces duerme.


“Creo en los mapas, los diagramas, los códigos, los juegos de ajedrez, los acertijos, la tabla de horarios de las aerolíneas, los indicadores de los aeropuertos. Creo en todas las excusas.”


En lo que creo. J. G. Ballard



Él la quiere a ella.
Ella lo quiere a él.

Entre ella y él;
hay muchas personas.

Pero falta un botón,
para muestra.

Falta tener
midiendo en las manos
el cuello de cupido.

Una bomba de hidrógeno
en un espacio cerrado
con media ebriedad de por medio…

Falta teñirlo
de los distintos colores
del arcoíris;
preservando
su color de pálida carne.

Falta que ella suba
o baje
o sueñe
o despierte.

Falta que una gota de la lluvia
fosilice en la semilla
y retraiga luz de agua
en una nueva cordillera…

Faltan risas;
que se vayan,
presos, juntos
al país donde la luna
es un pez de palo fierro.

¿Quién lo sabe en realidad,
del amor,
cuanto les falta?

Tantos más
se enamoraron
solamente por faltar
a un mandamiento:

Sin Bill Evans sonsacando
las canciones del verano
y funcionó.

Si lo que falta,
para que ellos
se esperen,
luego cuidarse
-después de años
de frente al tiempo,
es una vela,
entonces que la nube buena
dispare fuego…

Él la quiere a ella.
Ella lo quiere a él.

Entre ella y él;
hay muchas personas.

Pero falta
acabar con cada historia;
dignamente despoblarse
de los tiempos que emergieron
y probar a ser eléctricos
y rayos
y dragones…

Sí,
faltan días
y en la negra oscuridad
de un túnel,
un farol
bajo la lluvia.

Esta hora
(Son las diez menos cuatro minutos)
anda coja,
sin bailar:

Siempre falta Fred Astaire.

No lo saben;
cada uno cruza al otro.

Quizá vino la serpiente
y se los dijo:

Entre ella y él;
hay muchas personas.
Omar Alej.

martes, 27 de octubre de 2015

Layla, la estrella humana.

“Yo le diría al genio de la lámpara que hiciese algo por los demás. Ayuda a los africanos, ayuda a quienes se odian entre sí. Ayúdalos a superar su odio. Yo no necesito nada. ¡Tengo suficiente! Utiliza mi deseo en los demás”.

Keith Richards.


Ya se iba
y la crucé,
para mirarla:

Mi costumbre es que si sé
de alguna una estrella
al reponerse de caer
de las alturas
-levemente,
lo constato.

Y fue así.

Poco antes de encarnarse,
en su forma original
-y muy extensa,
abarcaba cinco cuadras.

Con un pico en la juguetería
Korka comics
y con la otra punta
sobre el techo
de una estación de policías,
no dijo nada al pasar
por el callejón
donde una hiena sin ropa
daba a luz
medio gramo de heroína…

Podría ser
que ahora estar
-y despertar en el sueño americano,
refrescara mis visiones matutinas;
podría ser.

Y aunque vi
que un pastor alemán
llamaba a obedecer
los sombreros de Texas,
lo impactante fue que luego
-con el primer rocío:
el que anuncia al nuevo día,
la magnitud astral de tal evento
diluyó sobre un almuerzo
con cup cakes…

Simplemente se tornó
en humana carne femenina.
Y como en la escena
de algún cuadro surrealista,
de repente fue mujer
de hermosos pechos;
lo que antes fuera inexplicable.

Directores de cine,
productores de discos,
accionistas,
empresarios
y monarcas,
la persiguen:

Un latino es solo un hombre
asediándola con formas
muy brillantes de ir perdiendo la inocencia.

Pero asusta
el gran abrigo metálico
con el que pretenden
acentuar lo largo de sus piernas.

No podré hablar después
de mi mañana en la florida…
esa estrella que cayó,
para convertirse en tendencia
-dicho propiamente,
no será un recuerdo
y echaré en falta el disparate.

Ya me voy
y no estaré
si alguna noche se desviste
-humanamente, simple,
a cambio de un injerto y cocaína;
ojala fuera Keith Richards,
para entonces, presidente.

No me asusta.
Cada vez a los milagros
se los trata mucho peor
-humanamente.

Omar Alej. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Un Omar, un Romeo y un Gigante: ¡Vaya tristes!

“En el inverno los altos huesos curvos están abandonados, golpeados por las olas, pero en el verano son una percha excelente para las gaviotas fatigadas.”

“El gigante ahogado”. James G. Ballard 


Vaya triste,
pidiendo –ahora, muy dulce el café.
Sentado en la terraza
y leyendo en los diarios
la constante obsesión
que hay en el mundo
por romper en dos lo roto.

Vaya triste,
respirando.
Atacado por su pecho;
simulando que su vista
no ha perdido dirección
y jugando con los dados
a que el aire es más que suerte.

Vaya triste;
entendiendo
la palabra de un jardín…

Vaya triste;
la mesera le pregunta
si algo falta
y él contesta
que es muy pronto,
que no sabe cuánto tiempo
es lo que lleva recordar.

Vaya triste,
sin dormir y ebrio de sueños.
Tose algo;
pero el mundo queda lejos:

Es la cueva de los ecos
y es la cueva de los ecos.

Vaya triste,
sin locura.
Resignado al trago frío
de ilusiones sin espacio.
Redirige el pensamiento
y se encuentra
sin la nube que tenía
cuando niño…

Vaya triste,
enamorado
y en la purga de su sangre:

Un caballo nació viejo.

Vaya triste,
columpiando en su sonrisa
llanto y hambre.
Deambulando en las moquetas
de pasiones que se fueron
siendo parte de alguien más
que no era él.

Vaya triste.
Tras el sueño de los ríos,
repitiendo –como un rezo,
que sus manos
aún le quedan.
Y sumando hipocampos
con sirenas,
para ver si le resulta
media luna
entre la lluvia
y su hoja blanca.

Vaya triste,
escuchando
y asintiendo.
Consolándolo al demonio;
preguntando
si es posible
devolverse entre los boques
y encontrarla un poco antes…

Vaya triste,
no saber
realmente nada,
ser idiota y decorado;
pero amar
de esa manera
-con la fuerza,
en la que abarca la tristeza
sin moverse de lugar.
Omar Alej.

viernes, 23 de octubre de 2015

Durmiendo tarde.


"...Mañana no es futuro, es en seguida;
mañana es casi ahora, y hora ida;
tan sólo nos separa un sueño vano,

que mañana se toca con la mano.
Duerme, duerme, mañana será todo,
que tú eres tú y mañana es un apodo."

Diario de Djelfa. Max Aub.


Aquí estoy
con unos cuantos
suponiendo el terciopelo…

¿Qué fue lo que pasó?

Tan solo un parque,
una cochera,
una habitación
y muchas gentes…

La libreta compartida
en donde guardo
los secretos del poeta imaginario.

Tardes de humo,
diez pastillas,
ron con cola:

Un metro de guerra,
toda hacia dentro.

(También pasaron años)

Trece números,
indistintos,
de la suerte…

Todo un río;
del principio
hasta el final.

Pasó la ola,
las tormentas,
peces solos,
marejadas
y huracanes…

Salté del bote;
sobre el sitio eriazo,
la torva naval
se llevaba mi sombrero,
para protegerse del luar.

Fin, pasó.

Una estrella
que era rusa,
en la bandera americana,
y que leía
-en arameo,
el antiguo testamento,
a la hora de la cena,
con la música de Prince
a todo trapo…

El bien,
el mal…
y al mismo tiempo,
el tiempo igual.

Pasó el invierno,
vino el verano
y hubo contacto
-humano,
entre un dios triste
y una señora.

Vi tantos pueblos,
son tantas caras.

La manada de los lobos
adentrando en el desierto
la reinante longitud
de cada sombra…

Recuerdo tumbas
en cementerios,
podría ser falso;
pero los vi:
los sueños hechos
de realidad.

Pasó a las cinco.
Nada quedaba en la alacena
y fue furioso.
Ya no volvió,
solo una carta llegó de él;
pero no dije que fuera amor…

Sobre la alfombra,
entre los muebles,
yo, sin bautismo,  
pasó un milagro.

-¿Lo ves?
-¡Sí!
-vale, ahora estás viendo…
-pero, los ojos ¿cómo los cierro?

-Ya ni te odio.

Un tren, un ave, un alacrán,
sendas, canciones,
preservativos
y lubricantes:

Menudas mierdas.

Ellas pasaron,
pasaron ellos;
también The Beatles
y el paso cebra.

Todo pasó;
como en el cine,
como en el teatro,
como en la vida.

Balas
y tanques.
Libros acentuados en el lodo
y el olvido.

Fue Martin Eden.
Fue Hank Chinaski.
Fue el Pijoaparte.
Fue el Joven Werther.
Fue El Idiota.

Fue Baudelaire.

Y Charly fue siempre;
siempre fue Charly:

García es siempre.

Memoricé
sus ojos hondos
y con sus manos tallé
en mi espalda
el elemento
de un alma lejos
del cielo, pues…

Pasó y fue miedo,
noche tras noche,
el fin del mundo;
pasó la luna…

Pasó tan solo.

Omar Alej.

jueves, 22 de octubre de 2015

Un road poetry: "El diablo, pelele, ojala no se vaya."

Yo nunca hubiese adivinado su molestia. Intentaba consolarlo y me decía que no diga más. Ahora creo que nunca nadie le dijo las palabras que necesitaba escuchar; nunca nadie le dio calma.

Yo mismo sé que tener que imaginarla puede ser la guerra toda.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Cuando desperté
la sensación era intensa;
se me escurrían las piernas
y debajo de la piel
imaginé que llevaba
una migración de hormigas…

Para meterme en el agua de la bañera
cambié el jabón
que estaba por acabarse
-descolorido y delgado,
por uno blanco, robusto,
de esencia neutra,
que volvía a hacer espuma:

Que aparatosa,
vulgar
y grotesca,
es la necesidad.

Pensé en el chico  
con ojos de agua,
no hablo nunca de él;
me estremece de golpe
su imbecilidad.

Lo conocí en la cantina
de un pueblo;
viajaba al norte
e iba siguiendo
las carreteras del pacifico mexicano.

Tenía la cara manchada por el sol
y una sonrisa idiota,
racionaba la más mínima moneda
y se lavaba el cuello rojo
con el agua de los ríos.

Le ofrecí
un poco de ayuda,
<< tengo todo;
mi chica me ama
y solo yo,
soy todo el mundo>>,
aún recuerdo esa respuesta.
Vaya imbécil.

Lo recuerdo
y no sé qué le habrá pasado.
Quizá -como a cualquiera,
la verdad lo persiguió
hasta encontrarlo…

Me decía estar seguro
de que nadie,
como ella, lo adoraba.
Brindaba por haberla encontrado
y porque era siempre buena
acordándose de él a cada instante.

<<Siempre sabe
que estoy solo
y jamás me haría algún daño.
Me perdona por ser torpe;
pero entiende
que es en ella que encontré
mi identidad>>,
aun recuerdo ese alegato.
Vaya imbécil.

Después el mundo
volvió a ser
lo que ya era.

No fui tu secuestrador,  
tu bañante de piscina,
tu playboy,  tu chulo
y masoquista;
yo fui solo
-y si acaso, el pelele de tu amor.

Yo quería las obsesiones,
tus hartazgos voluptuosos,
tus temores
y la súplica caliente
que toda niña guarda
entre los cortes de sus muñecas…

De nuestra historia,
tú, fuiste las sombras
y yo la vil y ardua colmena
-una llena de abejas que trabajan.

Nunca lo supe
cuando te dije
que te amaría
muchísimo más
de lo que el amor le permite
a un simple hombre.

Bajo a los cafés
por las vías más largas
y me pregunto
si acaso alguno de los señores,
que me encuentran
y desvían la mirada;
tuvo en él a tu lujuria
expuesta,
desenvuelta
y calcinante.

No lo fui
y yo sería el recuerdo de tu carne
y humedad…
encerrada
y de rodillas frente mío:
solo yo.

Qué anormal
y qué comedia;
justo ahora me saludan
miserables que pasean
sin vergüenza con sus perros.
Y preguntan
y me muestro
y frente de ellos
bebo un trago del florero;

Pero no,
como estuve confinado a acompañarte
solamente me recuerdan
por decirte a todo
y dedicarme solo a eso;
el pelele de tu amor.

No
yo no te robe ninguna alhaja,
no me estuve con tu amiga a fuma y fuma
ni tampoco doy la talla
-vaya mierda,
para convertirme en tu asesino.

Yo debía de haber sido el Hombre Fuego
¿Qué pasó?
¿Por qué me recuerdas
con ternura
y sintiendo pena
o culpa?

No, no, no
y ¡No!

No se mojan tus palabras
al tratar de recordarme.
Soy un ciervo,
una pijama en la mañana del domingo,
una iglesia, un anillo de plástico,
tonterías…

Yo quisiera ser verdugo;
al que suplicas,
al que lames,
al que rajas
y al que adoras…

Solo fui un niño bueno,
muy bonito -eso sí;
pero sin diablo.

Y nadie del amor
podría marcharse
si no fuera por el diablo.
Omar Alej.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Un héroe, Extraña.

"A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no.
En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa."

Carl Sagan.


Escribo,
para ocultarme
y tú me haces ver
que es evidente.

Con esa ternura,
Extraña,
me pones a dios de testigo
y debo de ser,
encarnación de un salvaje
al que le pides que pare
si descubre el fuego…

Después me descarna
tu espíritu y voy…

Los dos largos huesos
que haces bailar en tu pelvis;
y también es fuego
el largo invierno que, sabes, aún está siendo
en cada letra que lees de mi propio alfabeto.

Se buena conmigo
-lo mismo de mala que fuiste
con tu novio el artista,
con la misma fiereza
ponme compresas
y volveré a los lugares
donde mi copa me espere.

Todas las poses del sol
están durmiendo en tu cama
y no basta matarme…

Dime qué digo
y qué hora era cuando lo escribí;

En una bola de plomo graba el hallazgo,
tíralo al mar.
Se sutil.

¿Quién nos querrá
si no somos
dos asesinos en un cuarto oscuro
de fotografía?

No lo pensé nunca, el árbol,
y en tu alegato de eso
supe si sangran las cabezas de los muertos
durante el otoño…

Escribo,
me oculto;
has tu gran truco de aparición
y dime:

¿Quién soy?
Omar Alej.



martes, 20 de octubre de 2015

Besos, poesía, besos, poesía, besos, poesía... Uno detrás de otro.


<<Siempre y para siempre; cuando quieras resaltar la obra de dios, no dirás que es bello, no dirás que es único, no dirás que es todo, no dirás que es tuyo -y por supuesto, no dirás “es música”;
lo que dirás es que es Poesía>>.

Eso fue lo que me dijeron y no les importó si yo tenía algunos planes.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Pasa un coro de señoras
y lo dice, tú no besas.
Que los besos abren  puertas
y no quieres
-con extraños,
escarceos que ahora mismo
están de más.

Qué borrico
y que Cain me hace saberlo;
de luchar por esa muesca
y no tenerla
y quizá
no conseguirla…

En mi épica privada,
sueño largos laberintos
que trayecto en avenidas,
voy buscando…
solamente tienes tú
lo que brilla en mi delirio,
volviéndome invisible.

Algo en ti me lo asegura;
yo lo sé
que me dirás esas palabras…

Tú me tienes,
mucho más que en un asunto personal.

Si me exiges explicarme
te diría que es a causa de olvidarme
siempre ahí,
entre los pliegues de un espejo,
sin mirarme.

Tú no besas;
pero importa
que yo intente besarte
y lo hago
cuando dices que no
y cuando dejas
un tímido mordisco en mis hombros:

Todo a causa
de lo bien que nos besamos.

Te he esperado en tres o cuatro
largas vidas;
en mi casa,
en la calle,
en la guía publica
de crímenes posibles.

Y he ido a mirarte
en los salones de danza.

Bailas bien;
pero no entiendo.
Nada de eso
certifica mi deseo de besarte.

Sin embargo,
yo, forjado en la dureza del ambiente 
se lo apuesto a doble o nada
a los creadores
y les digo <<yo seré>>…

Ya de antes
-lo sé, bien,
me habían dicho
que florezco en el absurdo
y que lucho contra ruido
y nada más.

Muchos besan,
es sencillo;
besan, besan, besan
y hay quien dice
que es amor
y que besar
hará la paz.

Pues lo dudó,
desconecto a los cronistas
y me pongo en mi azotea
justo al frente de las nubes;

Tal vez siento
que tus besos
-por ser besos evasivos,
me darán mi primer beso.

Omar Alej. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Canta, Colibrí; en naranja.


Pasa un momento. Has dicho una tontería, una tremenda absurdidad sale de tu boca sin saber cómo ha pasado; pero el día se te adhiere y hace que sea posible.
Aquel ridículo verbo tiene sentido: ay, de ti, en un día con suerte.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Yo no lo entiendo
y tú estás esplendida
mientras me lo explicas;
revisas que no falte nada
en tu bolso.

Lo ideal
es sortear en mis manos los tragos
y no entorpecerme la lengua
desfigurando argumentos
contemplativos;

Pero luego te ríes,
recuerdas
que ciertos animales
son muy amables al tacto…

Somos la calle
y nos sabemos muy poco:
Un beso en el cuello,
un freno en mano
y un motor que escupe humo.

Recuerdas tu piel y te ocultas,
haces la memoria
buscando un vestido mejor;
mi fe te la muestro
y señalo los cortes –aquí,
donde duele.

<<Tal vez nos salvemos>>
Lo digo cantando.

Por las mañanas que quedan,
volveremos a preguntar
-sin que podamos entenderlo del todo,
 ¿Dónde veré que te marchas?

Detrás de le esencia del tiempo,
como quien busca algo.
Tirando,
voy arrastrando conmigo piruetas;
molinos de viento
que reconvertir en gigantes,
amigos.

Me devuelve el frío
y reacciono;
si dices mi nombre
ya es más que la nube.
Debías saberlo
mientras yo limpiaba
-con fino detalle,
la única bala posible
en el tambor del revolver.

So pena de ser
otro desgraciado
con las ganas tristes,
alegro por ti
el resumen mortal de la espera.
Te digo que puedo
jalarla la luna
si soy obligado a vivir en tierra.

Seduce que sepas
como a menudo la gente no cree
en lo que es improbable…

Ayer por la tarde
soñé con un día;
no habían inventado las reglas del juego,
pudimos sentarnos
y solos mirarnos detenidamente:

Como enamorados
o como un par de idiotas.

Lo largo en tu estilo
es un mechón de cabello
y un revocado pasaje en el viaje,
la certidumbre en saber
ningún apellido en modos formales.

Tener solo el cielo
¿En qué nos convierte?

Yo quiero que llegues,
que en tus obsesiones
escales el agua
y puedo decirte
-en esto soy firme,
un par de palabras que te calmaran;
que me comprometen.

Durante esa belleza,
que pasa al estar
donde las fuerzas impactan,
también pasó un colibrí;

Dejando una estela
del color que surge
entre lo rojo y lo amarillo.
Omar Alej.

viernes, 16 de octubre de 2015

En los brazos del Hombre Fuego; un poema menor.

<<Escribir es memoria, robar el afecto del otro desmereciendo ser visto. Se encantaran contigo, dormirán a tu lado, te invitaran a sus casa y dirán que eres tú; pero no tendrán piedad.>>
Me lo dijo después de que yo le mostrara la punta afilada de mi primer lápiz.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Un poema menor,
algo que me muestre
delirante en mi lado suspicaz…

Un islote
que me arranque de ciudades
y de gentes:
solo a solas en mi nave
y esperando
a que Ella se aparezca.

Un poema menor  
que salga por detrás de los barrotes
y resguarde el universo en mi instancia favorita,
Yo.

La pasión  
que me releve
de la amarga coyuntura;
que me arrime algo de viento.

Que sea del extraño
y de mi barrio
y de la casa donde aún veo a Pamela
convidar a Marisol
con los canales de tv.

Una escala
y descanso,
para irme de los brazos
que una vez creí fundidos en los míos  
y que mienten
porque creen que yo en mi fondo soy mentira…

Un poema menor,
querido pez
del Hombre Fuego,
que en su espalda
como una tortuga
cargue el mundo
y que adentro
-dentro,
tenga la salud de los amigos
y bien muerta este la muerte.

No preciso el largo norte
ni castillos
ni tampoco lubricantes;
un poema menor,
así es mi vacua travesía
en lo profundo.

Y contengo tradición
y esperpento
y las cadenas.
Si no creen que el mundo es cierto
mírenme como resisto
olvidándome lo poco que recuerdo  
de las veces que he ganado.

Un poema menor
donde el rostro de la vida
se matice entre los rostros
que recuerdo agonizantes  
y bajando de los cielos.

Ya no puedo sostenerle la mirada
a ninguna realidad;
estoy cavando
por saber si hay otra luz:

Es un tren,
es mi belleza…
nada más que fantasías.

Mi poema menor.
Omar Alej.

jueves, 15 de octubre de 2015

Hombre Fuego Vs Los Ángeles.


“Cayó en tu regazo, temblando igual que tu pene,
una mujer enloquecida de amor, con el calor
de un libro recién impreso, tan aguda
como una herramienta nunca usada.”

Sharon Olds.


Yo estoy tranquilo,  
esto ya lo tengo
y cuando vengan (por esto),
para encerrarlo o sanarlo,
seré yo quien lo tenga.

Y cuando se lo hayan llevado;
yo igual lo tendré.

Es el sol en el cuerpo.
Es la luna en el alma.

La sensación es extraña;
un violento niño,
con la cabeza rapada como un amante moribundo,
está detrás del pupitre
machacando las Zetas:
dice que van donde las Eses.

Todo cohabita
en una esfera de navidad
y se da por regalo
cuando el arcoíris
solo es una ilusión óptica;   

Yo también tuve un perro;
pero no era mío.
Cuando los padres de todos los locos
volvían sucios a sus casas,
manchados de harina y aceite,
aquella bestia ladraba…

La luna ¿recuerdas?
parecía llenarse de agujeros
y como en la heladera
solo estaban las jeringas,
que el diablo nos pagó por guardarle,
no vimos las ratas.  

La vida de algunos poemas
se queda guardada sobre la piel de la musa;
en un solo poro
la era glaciar tomó sus pestañas.
He visto que hombres,
más extranjeros que yo, la lamen
y noto que el aserrín
entre sus dientes
es la suma de todos los bosques
y es nada.

<<Apréndete los himnos>>
<<Confina al enemigo>>
<<Glorifica el piloto del calentador>>
dijeron,
yo estaba atado a mi igual,
el próximo espanta-pájaros…

Los cristos de entonces
bebían en la esquina cervezas gigantes,
daban a los celadores
de cigarrillos sin aire…
Lo que dejo en las hojas
es el estado gaseoso
de lo que es lava y es sangre.

Los ojos en el viejo olimpo nos ven
y en su lugar yo agitaría una coctelera,
regalaría de mí mis dos brazos
y de la causa que indigna al gran héroe,  
también, vendería los mapas.

¿Cómo olvidar?

El cuerpo de mi muerte es silente,
levanta su vulva
y da vueltas con mi cabeza incrustada en Ella…
una tira de arlequines recortados de la prensa;
sus actos de noche
revelan que dioses vikingos
fabrican los rayos al mayoreo:

La mística, nena,
no es más que un vaso con agua.
Agitado.

Se pasó la tortura
y cuando los volkswagen´s llegaron,
para amortizar la distancia del cable,
ya no quedaban entre sus ruedas
ni flores ni cementerios.

Aquella primera piedra
quedó en ceniza
sobre una lata de Coca Cola,
podría haber reventado
y entre tanto los locutores de radio
sacar del hielo al hombre fuego.

Yo estoy tranquilo, 
esto ya lo tengo
y cuando vengan (por esto),
para encerrarlo o sanarlo,
seré yo quien lo tenga.

Y cuando se lo hayan llevado;
yo igual lo tendré.

Es el sol en el cuerpo.
Es la luna en el alma.
Omar Alej.

miércoles, 14 de octubre de 2015

No lo soñé; mi sueño es real.

Tenía aquellos guantes; era el primer hombre en venir del futuro y encima al futuro había llegado desde el pasado. Sus ojos eran dos bolígrafos sin tinta
  –y lo sé; yo tampoco lo entiendo.

Pude ver en él cualquier cosa; en una sola postura parecía estar lleno de obsesiones. Sin embargo yo solo veía aquellos guantes.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Esta noche no he soñado.

Deliro sentado en el banco
de una estación de trenes,
sobre la avenida Mercosur;
justo como cada día
antes de irme a dormir.

Soy quien soy;
pero soy más quien me hace.

Al pasar la hoja
y la navaja
sobre una revista de tendencia,
percibí que respiraba a mi lado
un huraño caballero
con pintas de judío ortodoxo.

No fue que me hablara en claves,
no distendió su teoría sobre el río…
solo sollozaba
sin estar a solas.

Le ofrecí mi abrigo,
marcharme,
leer a su lado
o suponer que venía de regreso
el tren que había despedido.

Sonaba la balada de Donna Helena;
no le hizo gracia
y siguió sollozando,
cada vez más
hasta llegar al silencio.

Si lo contará a…
(a nadie se lo puedo contar,
no tengo con quien degustarlos,
perdí a todo aquel
con quien hablé de estas cosas:
la muerte está en todo).

Suelo estar roto
cuando no sueño,
ando y no ando,
e igual que hoy
en aquel día
yo no tenía
sueños soñados…

Se hizo de un golpe
luz invisible
que iluminaba
sin brillo alguno,
sin superficie.

Dicen que venden
-en la farmacia,
píldoras de corteza de pino,
para la memoria,
y es que los pinos nunca se olvidan
de crecer hacia arriba y puntiagudos
en sus maneras.

Tenía que irme;
la ebullición de tanta gente sentada ahí
-sin un hogar,
me ponía triste
y con ojeras la ensoñación
de un ruido azul…

Volví en mis pasos,
las escaleras destartaladas ya no subían
y al agacharme,
para anudarme las agujetas,
por un resquicio vi un cartel roto
que anunciaba el día
del festival donde Nick Cave
no tocaría…

Me rajé el brazo
con un alambre que resaltaba de una cabina
y un policía que no llevaba la placa puesta
solo silbaba, solo silbaba, solo silbaba
y su mujer -estoy seguro, por él rezaba

Si estas son calles
-Dios de mi vida,
mejor contemos que fue un error
preparar trozos de carne seca
con las manzanas…

El extrarradio de esta ciudad
no existe ni es cosa de tinta.

Solo volvía
¿A dónde?
¿Cuándo?
¿Y qué hora era?

Larga mañana.
Hoy.
Esta noche no he soñado;
si en mi cabeza caben de pronto
pañuelo y mundo
fue por dormir.

Omar Alej.

martes, 13 de octubre de 2015

Hombre Fuego; Rey de fondo: a fondo.

No lo percibí antes, yo era en exceso inocente. Sin embargo muchos chicos se tomaron como una afrenta personal mi resistencia. Supongo que esperaban que al doblarme me rompiera; pero regresaba a mi forma natural -de nuevo, y con media sonrisa (chueca).

Duro, elástico, sentimental y jugador: la amenaza fue real: hijos de monja: señoritos: 
¡desfondados!

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


No, míster surf,
le he dicho que no.

No mimes más tú nariz, nene.
Ni subido en la cresta
-y yo asentando la breva,
borracho, mamando ginebra  
de un par de cocos;
no tiene usted mi fondo.

Que no le limite la pura verdad,
lo mismo le dije al rey bala
y anda por ahí…
pudiendo, pudiendo.

No tiene usted mi fondo,
señor presidente.
Ni siquiera lo intente:

La poesía viaja en taxi.

Mi corazón que es una llama
-Lo he dicho:
soy el hombre fuego,
reluce de estrellas
y hacerlas pasar me costó,
un verano aciago
donde yo tenía mi fuente de sombras.

Niega lo que digo, colega;
pero no demonices mis atrevimientos.
Los tengo, para Ella,
la bruja que es puta,
camino
y distancia:
mi valle, desierto.

No es un abismo,
será la caída;
habremos llegado a caer
y caeremos
(Vaya que caeremos).

Debajo de mis veinte uñas
no encontrara confesiones,
Lord de la nieve,
mi fondo es un casco
donde la protejo…

Donde -además de mí,
no corre peligro.

En mi toma el sol.
En mi combustiona.

En mi sus mareas
llegan afinadas
y solo al mojarlo, un grano de arena,
quedan mojadas las costas lunares.

Mi fondo, querido,
son las lenguas plateadas
de un tal Baudelaire,
las calles del barrio
donde rompí la tierra…

No contra mí,
no compitan.
Llevo tiempo trazando en el aire fronteras
donde detenerlo…

Me he quedado sin casa,
me he quedado sin luz en la luz
y no logro tener un número favorito.

Este es mi fondo
y usted no lo tiene,
doctor,
podrá decir que lo quiso,
que a usted se entregaba sin mediar precauciones
y que aun cuando sueña...

Sin embargo en mi fondo
por mí no hizo falta
que cerrara los ojos…

Ella me ha dejado
apenas media oración;
pero con eso a fondo:

Mi fondo es muy basto.
Omar Alej.