jueves, 3 de septiembre de 2015

Seguir siendo un mono.


La desgracia estaba en todas partes. Bastaba con mover un mueble, con decir una palabra: su cabeza operaba como una casa del terror. Un día le conté un viejo chiste sobre Jesús; sin girarse ni verme, como si le hubiese ofendido, susurro <<fuiste tú quien lo mato>>. 

Todo, para él, estaba conectado y vivía en muchos sitios a la vez: ese chiste, por ejemplo, le dolía en el tiempo en el que había creído en Dios; siendo que ya no creía en nada.

Diario de un Moto/Circuito (2015)

Omar Alej.



La busqué,
para contarle
que tenía un montón
de discos a su nombre...

De pronto
necesité de su angustia,
desgarrando el cobertizo
-metafórico,
en el que yo imaginaba
arrumbadas
nuestras memorias
y la pasión que ambos compartimos.

Más nunca fue así
y esta vez
no iba a ser la excepción;
apenas mirarme,
me dio generosa
una sonrisa entera
bañada en luz de la mañana:

De algunos castigos, placer.
De algunos placeres, castigo:

Toda vida es sensual
y además se mueve.

Decidió que pasara
y que contara baldosas,
desde la puerta a la sala de estar,
los figurines rosados
en la mesa de centro
me dieron coraje
y decidía…

Yo había comido poco aquel día
y muchos de los días anteriores,
también.
Le dije que sí
a su oferta de pan;
pero –igual, merodeé
intentando saber
si me ofrecería ginebra.

Las fotos en familia
a través de la habitación
no fueron hostiles,
me dieron confianza
y la extraña alegría
de saberla feliz
aun sin mí:

Dejé de notar
cuanto tiempo había, yo, estado solo.

Hablamos de cosas,
de cómo el recuerdo
no había movido,
todavía, de su cabello la tiara
que perdió en la tormenta;
cuando los dos caminamos
buscando mojarnos
sin buscar refugio.

No pregunté por su esposo.
Tampoco le dije que supe
cuando su hija murió
en un accidente de auto…

Yo quería verla;
quizá en su presencia
no volviera a ser cierto
que, yo, mi camino lo hice
entre abandonos
y pausas.

No iba mal, para ser
el reencuentro de dos.

Sin embargo,
lo que suele pasar
pasa así
y en un minuto cambió;
volvió a ser todo viejo.

Reconoció todo el tiempo
que nos separaba
y ya sin esfuerzo,
para cuidarme -otra vez,
me contó como hacia
por las tardes el pan.

Un día anterior
había recogida las hojas de parra
y tenía un corte menor
en las manos.
Me disculpé y pregunté
si podía usar el baño;
aborrecí del espejo
y no quise verme a la cara.
No quise admitir
lo infantil que resulta
ser viejo.

Volví
y ya no estaba.
Simplemente me fui.

Intente caminar olvidando.
Si aun en algo la recordaba
olvidaría como llegar a su puerta,
olvidaría como hacer de las noches
un templo de sombras
donde todas llevan puesta su cara…

Por un instante detuve mis pasos,
del olor de las flores se animó un colibrí
Yo no sé -en realidad, si las aves emigran
ni como logran volver a encontrarse;
pero venia de allá…

El colibrí venia de allá.

Omar Alej.


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