viernes, 18 de septiembre de 2015

Ola.





Con el cuerpo en alambrada,
tenso igual que un gato en frío.

Abrí el grifo y sentí el agua,
intentaba asimilar
que el tiempo vuelve
con el ancho del vacío.

Sin embargo
cuando vi que estaba solo
resoplé por ciertos días:

Se quedaron en el tiempo,
bajo extraños
y en las luces

¿Quién los ve de frente ahora?

Quieren ser lo que no fueron,
tejen planes;
su costumbre es adherirse
en el olvido
y salir cuando a la puerta
nadie llama.

Pero no,
no están ahí
ni pueden ser…

Si me caigo de la cama
o sí me rompo en el insomnio
no será que ese pasado me socorra
contra el miedo.

Solo hoy, mi dios perdido,
es lo que tengo.
Aquí, mientras me pudro  
y pierdo gas,
ya no soy el que salía a caminar:
siempre sin ganas de volver.

Me he hecho esto
y sí que tengo cicatrices.

Cada momento
ahí guardado en los cajones
vale oro;
pero no puedo ni dejar,
con ellos, brisa.

No hace mucho
a una muchacha
-de ternuras como espinas,
la besé
y yo pensé que la besaba.

Me escuchó contarle el tiempo
de mis pasos en el borde:
todo aquel dolor que me fumé
observando la ciudad de Cuernavaca.

Hasta aquí ha llegado todo:
una taza de café,
mi vileza constipada,
un cansancio que se ira
y será mañana.
Omar Alej.

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