lunes, 14 de septiembre de 2015

La guitarra del capitán Niño.

Al Niño; a él.


No tengo odio
ni falta nada.

Justo es Bob Dylan
que nos rescata
de ir a tientas
en las hechuras
de un mundo oscuro.

Y entonces sí
son de verdad
las carreteras,
lo que yo sueño:

Nunca la ley
y nunca el miedo.

No tengo odio
ni falta nada;
vivo en el borde
de una navaja
-crepuscular,
que no se cierra…

Mi corazón
ya no distingue
entre su fuerza
y las pastillas.

Entonces sí
-es de verdad,
mi propia luna:
el bien estar
de lo improbable,
diosa del juego.

Tengo un amigo
que usa guitarras
en donde otros
usan los ojos.
Cantamos rayos
y componemos
memorias largas…

Juntos,
cercanos,
socios del timo.
Entre los dos
se da un gigante
como un meteoro
que entrega dudas
a domicilio…

Me enseña a ser
niño de nuevo
y yo por él
me crezco un poco
ante el peligro…

Que par de ingenuos,
que bronca roja
la que le echamos
a los que escriben
lo que está escrito.

No,
No tengo odio
ni falta nada.
Nuestra canción
es cara B
de las canciones
que nos salvaron.
Omar Alej.

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