miércoles, 19 de agosto de 2015

Una.

“Extrañeza, misterio y delicia,
como de una súplica distante.
Mi corazón debe seguir andando.
Excepto si tú ya fueras mi destino…”

El encuentro. Vladimir Nabokov


Obscena:
¡qué triste!

Tus ojos que lloran de risa
me dicen
que no hay otra causa…

Solamente estas tú
y mis manos,
después de tocarte,
no tocan el agua,
no empuñan el lápiz
ni apuntan las armas.

Me quedo siguiendo canciones
y a solas tu nombre repito;
que insana violencia
la de no callar que eres tú,
que eres tú,
que eres tú,
que eres tú…

Mis pies al camino no van
ni vuelven a casa
ni escalan peldaños
en la cima del fuego;
tan solo seguirte,
es llegar.

No quedan motivos,
mi pecho no abriga banderas…
reprende al instinto
cuando lo que aspira
no es el olor
de tu pubis mojado:

¡Qué triste!,
ahora sin causa.

Destino, un esclavo.

Del momento de verte
y dejarte partir
como a los tranvías…

Mi alma no cruza otras almas
y solamente en tu sombra
se hace aluzar.

¡Qué encanto!

Omar Alej.

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