lunes, 3 de agosto de 2015

Mi ritmo en el tiempo.


No siempre bastaba con querer. Algunos días tienen la piel más gruesa y son muy duros. Yo podía ver aquellos ojos y saber qué aún faltaba mucho por decirnos. Cuando ella se fue yo no tenía más de 15 años.
Ahora sé que me leía y que el final no lo sabré.
No siempre los otros ven en ti a un animal

Diario de un Moto/Circuito. (2015)
Omar Alej.


Dulce ritmo de los tristes;
otra vez entre las telas.

Me acaricias,
te acaricio…
cada poro de la piel
solo es el resto de la alfombra
rescatada del incendio…

Otra vez guiando mis manos,
otra vez emborronado en el papel.

Dulce ritmo de los tristes;
noble tiempo de marinos,
y de locos, te sostiene.
Los soldados,
su retorno no es a casa
y sangra el eco.

Lo más cruento
es saber que ya lo sabes…
apaleado
-como estoy,
no sé bien donde me duele.

Dulce ritmo de los tristes;
compañero en mi vereda,
yo aún recuerdo
-siendo niños,
esas hondas en los lagos
que, sin nadie que nos viera,
animábamos con piedras.

Dulce ritmo de los tristes;
hoy aquí,
de nuevo hablando,
adivinas que estoy solo
muchas horas…viendo lunas.

Y no veo,
ya no cae la nieve
y no tengo quien me mire
entre los ojos
los incendios que yo vi;
gritando gritos,
no bastaron,
para que volvieran de sus viajes
las estrellas…

Dulce ritmo de los tristes;
solo sirvo a ciertos planes,
el fracaso de creer
me ha vendido como esclavo
y ya no importa ser así,
como es el pez.

Yo esperaba,
hacia fuerzas
y esperanzas…

Que abatido me encontraste,
dulce ritmo de los tristes.
Ya no puedo debatirte
ni pedir perdón después,
es muy cierto
que a quien miran, las personas,
no soy yo.

Si no sirvo,
para hacer la ley del hombre,
no habrá nadie
que se acerque a acariciarme
ni habrá mundos donde vivan,
inocentes que se quedan sin vivir.

Dulce ritmo de los tristes;
soy sin dios y del amor…
lo soy solo
y por mi cuenta…
quizá un día
la canción que cantas tú
trate de mí.

Y no te olvides que sufrí
viendo a mis sueños
convertirse en otro velo del gran día
y nada más.

Nunca hubo quien me quiera,
como quiero,
dulce ritmo de los tristes.

Lo cantaste:
¡Qué verdad más ilusoria!

Sin embargo lo creí;
siempre lo creo.
Omar Alej.


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