jueves, 20 de agosto de 2015

Él ve las hojas.

Nos íbamos adentrando entre la corteza de aquel cerro; Carlos -el Poblete, y yo, sin decir mucho al respecto entendíamos que hacíamos de aquello los primero pasos, para irnos... Fui feliz.

Tantas hojas secas bajo mis pies y crujiendo; las recuerdo esta mañana y determinan que al mundo, más que cambiarlo, debemos conocerlo. Hasta en su más violento rasgo.

Diario de un Moto/Circuito. (2015)

Omar Alej.


Dulce, el niño quiere ver.
Solo trenes,
solo espumas,
solo huellas en el bosque
del terror,
donde sí hay brujas.

Solo a hombres
que se abrazan,
firmemente.

Brilla…dulce, el niño,
no pretende nada antes,
quiere ver:

No levantes tapias,
cercos
o contrarios…

No le pintes de colores
el color en lo que él mismo se imagina…

Dale amor
y dale amor
y dale amor;
no es mucho a cuenta del dolor,
te lo aseguro.

No le hace falta
lo que falta
y necesita
-simplemente,
que tú sepas
que a ti también te puede ver.

Puede ser
que tengas miedo del alcance
del fracaso
y la codicia:

Es valiente
percibir que no se puede.

Pero,
dulce, el niño quiere ver
y son sus ojos un radiante
donde locos los cajones
secretean aventuras
y noticias de los mundos imposibles.

Hacen caracolas los mineros
del ayer;
sobre el aire las respuestas,
los cantantes las arreglan…

Cada cosa que se rompe
le agradece
y, dulce, el niño quiere ver.

Omar Alej.

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