lunes, 20 de julio de 2015

Nadie en la vereda.


“¡Yo soy el amante de ensueños y formas
que viene de lejos y va al porvenir!”

La canción de los pinos. Rubén Darío.



Te perdí en la vereda,
me quedé mirando los montes
-la mujer mexicana
tiene un halo de sombra asesina…

Me volví
y ya no estabas.
Fue normal entender;
te aburrió mi silencio
y te asqueó mi resaca…

No hubo rastros del polvo
que una noche anterior
entregamos al drama
de una esquina y un faro.

Te perdí en la vereda;
ya no sé si en domingo,
ya no sé si en abril.

Durante la mañana,
te busqué en los mercados.
Bajé a la playa a gritar
y me olvidé de las olas,
de los peces,
de todo.

Vi marinos mercantes
y había un grupo extranjero
que preguntaba por donde
podían salir a la casa,
donde viviera de niño,
el arcángel Gabriel.

Los revisé los estancos
y di con una señora
que estaba leyendo la Vogue
mientras fumaba un discreto hachís…

No te maldije
al mirar que en aquel pueblo de Dios
yo fuera -por cierto,
un singular hombre solo.

Te perseguí por el aire,
llevado a través de un olor
a cigarrillos oscuros.
No merendé ni siquiera
en la cocina italiana
que no tenía divisiones.

Te perdí en la vereda;
me descuide de tu imagen
al sonsacarte a mirar aquel cielo…

Sí, ya lo sé que no estabas
y que lo cuento de un modo sonoro;
pero sin mucho sentido.

Lo que pasó fue que ahí,
entre el sonido del agua
y los colores celestes,

Omar Alej.

3 comentarios:

Carolina Torres dijo...

La mujer que amas es una mezcla de literaria con mil historias escritas, con el Corazon Azul.

Te tiene impactado su silueta , te puedo decir que ante tal caballero como tu , aquella dama puede convertirse en tu musa sin remordimiento.

Anónimo dijo...

Eriza la piel desde recordar que todos algunas vez hemos sido aquellos singulares hombres solos hasta la idea de asimilar que; a veces descuido o en ocasiones simplemente porque la otra persona se a vuelto invisible es que vemos perder en la vereda a tantas personas.

El poder del amor y el dolor del mismo nos quedan de este maravilloso texto que mueve la fibra del mas cobarde.

Carlito

Anónimo dijo...

"Y aunque el agua nos separa
y nunca llegamos a tocarnos,
en cada susurro, en palabras que tocan tus oídos..."