lunes, 1 de junio de 2015

Inútil, y aun así amor.

Yo era muy joven, no tenía más de trece. Ella me dijo que el amor que tenía por su esposo lo sentía dentro y desde adentro la guiaba. Él se había ido años atrás; pero no le dolía. Aquella señora me iba diciendo -al irse quitando la ropa, que no se podía hacer por el amor nada además de sentirlo; tal vez ni siquiera amar a nadie.
Diario de un Moto/Circuito. (2015)
Omar Alej.


El rayo cayó
y la hierba hizo fuego en medio de la lluvia,
todo muy gracioso al mirarlo:
Cuanto sutil coqueteo se afirma
en los trémulos labios de los niños jugando a la guerra, mojados.

Desperezados,
del suelo se abrieron retoños
de pañuelos azules…
despedían, ¿a quién despedían? Pregunto.

Un hombre reía
y su silueta blanca se subía en los cables animando a las aves
un canto de letras y aromas.
La interferencia en la luz
saltó de los mirlos que yo imaginé
en un día cualquiera de la angustia futura.

Nunca me agobian los mutilados letreros.
Tampoco me ajusto al sitiado interior de la gloria…

Lo que diría es –quizá,
media docena de singulares minutos.

Esta lectura
-si acaso se escribe,
la doy a los ojos que viajan conmigo
sin asustarse por ir donde está la visión ciega del sol.

Ser: Versión inacabada de uno mismo, y menos.

Se está por hacerse.
También la luna
antes fue lluvia.

Mi amor,
el mío,
el que siento yo,
el que nadie me da.
Es ese el amor,
si lo creo.
Omar Alej.


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