martes, 12 de mayo de 2015

Mr. Viejo Loco.


Cada vez que regresaba, yo quería irme con el circo;
¿Sabían más que yo o era solamente que sabían aparentar que yo no tenía ni puta idea?
Diario de un Moto/Circuito. (2015)
Omar Alej.


Cada tarde se sentaba sobre un banco
que -a falta de tres patas, no existía;
pero estaba ahí clavado
en un gran árbol.

A sus pies, sobre la tierra,
ponía dos libros
y uno en mano.
Bebía de latas de cerveza siempre tibias
y de un ánfora dorada, con grabado de dragones,
se sacaba medio trago de ron blanco.

Yo era un niño para entonces
y escuchaba que la gente
lo llamaba “el viejo loco”…

Lo contaban sobre él
que había herido a su mujer con un cuchillo y una cuerda.
También supe que había ido hasta un glaciar,
para congelar un desamor que le quemaba
cada vez que le llovía.

No lo hacía con constancia;
pero a veces los leía, los poemas, en voz alta.
Se atacaba de una risa dolorosa
y entre grumos de palabras
maldecía aquellas musas que ya nunca tendría.

Cuando me llamó,
para acercarme,
me sentí más que los demás
y en una historia de secretos y mentiras…
lo escuché con atención y me contaba de borrachos misteriosos
que solían romper las mesas
y subirse en los lomos de la luna a llorar
por el mal tiempo en los veranos.

Todo en él era poesía.
De una forma muy extraña yo sabía
que aquel hombre era más que los valientes policías.

Regresé al día siguiente
y no estaba,
cuando fui la otra semana
no había vuelto,
su lugar estaba limpio
y sin liturgia.

Me fui a Cuba,
hice un internado en zoología.
El día que me gradué el propio Castro
me obsequió con una boina estilo el Che.
La gordita de mi madre no cabía de orgullosa
y mi padre me cito
con un refrán de los de antes:

¿Aquel hombre donde estaba?

Llegué antier por la mañana
de regreso a esta país de ley y orden,
libertad y democracia.
Enseguida lo busqué en la vieja plaza,
no lo vi
y me senté donde aguardaba su frontera…

Imaginé que un día fue joven
y que había dado
mucho más de lo que a un ángel
le permiten regalar
¿Sería que dio su fuerza
en el nombre de un principio más sagrado
que los cielos?

Lo pensé desfigurado,
con las ropas más roídas
y sonriendo ante el abismo
como un sabio.
Inventé marcas de un crimen en sus ojos
y bailé con la mirada;

Se los juro que bailé.

Ya me iba
y al final apareció por mis espaldas.
Tocándome en el hombro asintió ante mi saludo,
me dio a fumar de su cigarro
y yo fumé.

Le pregunté si algo era cierto
de la historia que ahora escribo con mi vida
y me dijo que a la humanidad  
le había dado un puntapié
y que por él
otros tantos hoy bailaban.

No me guardo desde entonces,
no me guardo.
Omar Alej.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Grandes escuelas que dejan su huella por la vida, enseñando con su mirar, unas cuantas palabras de experiencia y un ligero aroma a licor fermentado.

Tal vez no estaba loco, solo decía lo que nadie había visto en ese momento.

Carlito

Mike dijo...

Omar Alej es...... algo de lo que no ya no hay, de esos seres que nacen con el sexto ojo, con esa característica de compartir con su familia para crecer dia a dia en cada lectura en cada poema una moraleja-

Anónimo dijo...

No se necesita nada para disfrutar de la multitud, se necesita todo para mantenerse solo.- Ese ESE es un Hombre de Bien.. Omar Alej TU, tu haces que baile... se los juro que bailo!