miércoles, 25 de febrero de 2015

Cada instante quemo las banderas del antiguo régimen.



A la vida vuelvo
cada instante…
ahora mismo
mi corazón no se detiene
ni me falta el aire irrespirable
de la city
(Mírenme que sobrevivo).

Por la calle;
donde tantos inocentes
pegan tiros,
yo camino
y me abro paso
sin más angustia
que el reflejo de mi rostro
en los cristales.

Podría ser víctima de un crimen,
combustionar de forma espontánea,
sangrar por la nariz hasta caerme,
ser atacado por una parvada de pájaros salvajes.

Podría ser atropellado,
volverme invisible,
dejar de ver
o de pronto despertar
en un mundo sin canciones
de Bob Dylan;
donde no hayan abrazado
aun el swing.

Tenga clara
la buena voluntad,
para conmigo,
de los vicios
y venenos…

A la vida vuelvo
cada instante.
Segundo por segundo,
sobrevivo.
Omar Alej.

1 comentario:

Alexs Venegas dijo...

....... En un suspiro

En un suspiro comienzo mi día pensando y sintiendo que hoy será mejor luego recuerdo y busco entre la música aquella grandiosa melodía con grandiosa letra que siempre me quita la melancolía y me hace recordar que todo puede ser mejor la conoces, y en caso de que la desconozcas se llama “Hoy puede ser un gran día” ¿de quién? pues de “Joan Manuel Serrat” como olvidar aquella estrofa donde cita y menciona

“HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA, DURO CON EL”

Es indiscutible siempre me hace sentir mejor si me siento decaído, apático y cabizbajo pero si estoy bien me hace sentir que todo lo puedo y no hay imposibles como aquel día donde me encontré con ese amor que sigue siendo quizás un sueño y desaparecido en la niebla mientras yo seguía viendo todo en color sepia. Poco a poco todo fue retomando color, me atrevería a decir inclusive que todo era más brillante aunque ya había oscurecido y no es que fuese gracias al alumbrado del parque o las calles, todo tenía un toque muy peculiar, NO! ¿era posible? ¿se ahora lo que es estar enamorado? Quizás todo sea por el poder de mi mente y que la presencia de aquella dama con la que me había encontrado hace unos breves instantes.

Comencé a caminar hacia aquella cafetería con las paredes de cuya fachada eran de piedra volcánica con unos acabados impresionantes pues no tenía forma precisa, contaba con algunas inclinaciones hacia la calle otras hacia al interior de la misma, en otro tanto parecía que se hacían ondas, simplemente con la vista te enamoraba, solo tenía dos mesas en la parte de afuera y rodeada por una calle espectacular llena de piedras de río y los acabados de las ventanas en madera, tenía cierta peculiaridad de lejos parecía extremadamente ostentosa y sin embargo al entrar era tan especial porque te hacía sentir en confortable, con un ligero toque a hogar que no deja que te alejes de ahí

Wow!!!! Además la atención que te brindan desde que llegas, simplemente cada instante ahí es inolvidable, no olvido la primera vez que me presente, al entrar en ella un caballero con cabello entrecano se acerco a mi extendió la mano y me dijo con una alegre sonrisa y un fuerte apretón de manos y cito las siguientes palabras “Bienvenido a su cafetería la favorita” no le importó como iba vestido en aquella ocasión y tomo mi abrigo roto colocándolo en el perchero me pregunto también si podía tomar mi sombrero y colocar mi paraguas en el paragüero, lógicamente accedí. La señora que se encontraba de pie justo detrás de la barra de cedro y aquellas pericas de caoba con algunas pequeñas vitrinas invitándote a degustar todos aquellos deliciosos postres que valla, simplemente de verlos ya querías probarlos, la señora al ver la cara de todo cliente al ver tan deliciosos postres decía -¿Cuál es el que se la hace el más apetitoso de todos? – le indicabas cual y te lo regalaba en el momento aun antes de haber ordenado.

Recuerdo aquella primera vez como me hubiese pasado hace 2 horas quizás menos, como recuerdo que le pedí una rebanada de Pie de Queso con mermelada de fresa, he de aclarar que todo la preparación era de ellos incluso las mermeladas, las combinaciones de especies por hacer mención de algunos; volviendo a lo que les decía, tome asiento en una mesa cerca de la ventana, recuerdo que había unas pequeñas plantas en la misma dándole un toque adicional a la cafetería no solo en su aroma, sino en su calidez. Corte aquel primer pedazo de Pie que me obsequio la señora y estaba tan maravillado de aquel sabor era único la costra del Pie era tan suave y un sabor ligero a azúcar, el queso no se que sería y la mermelada en el punto justo, que mas querría cualquier hombre o mujer con una delicia de postes así, ahora darme cuenta que solo era el primer bocado que podría esperar de un desayuno.

Aquel caballero que me había recibido en la puerta se presentó con el menú, si antes ya había quedado sorprendido ahora mas, aquel lugar que parecía tan ostentoso por fuera no lo era por dentro y lo mejor, no había distinciones entre las personas en el lugar…………


Luis Jandro Venegas