jueves, 12 de febrero de 2015

Alrededor no hay nada. De mis manos.



Imagino las palmas de mis manos adherentes.
Toco el aire,
me lo quedo por si el sol…

La sensación secreta de los muros,
la corteza de un neumático en desuso.
Una paja,
un tambor
y una mosca prisionera.

Todo cuanto amo
está en mi tacto
o de él me vino
o de él se fue;
como la tentación
al ir a tientas en medio de las vías (surcos vaginales donde minan los esclavos).

Lo que es frío
y afilado:
Una hoja.
Los prismas de luz evidentes
y sostener mi destino
en una línea que no esnifo
ni recorto.

Dentro, en mi puño cerrado,
llevo también el agua
y también el ahogo;
una pizca de sal
y olores.
Imagino las palmas de mis manos adherentes.
Omaral.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Primero dejas que se escurra de tus manos el fuego, aquel que antes me ardió y ahora me quema. Me rozas con la izquierda y siento la aspereza de mis fantasías naturales. Te pongo la derecha en mi nariz para que te la lleves a donde vas y no me llevas. Te presiento esperando la próxima estación para desaparecer (como en mi cuento).