jueves, 22 de mayo de 2014

Palabra; la total interferencia aquí en Camboya.


Palabra que vienes,
palabra que vas.
Enturbia el badajo cantor,
sobreponte en la siesta
a la tarde…
he aquí que te nombro
palabra
y que en su ala te guarda
una mujer con millones de culos.

Dedicado a tu cuerpo
otro cuerpo palpé.
era de rosas un día
era de agua dos días
era de azúcar tres días…
era de hiel
al final.

Y dije gloria,
parnaso,
dolor,
y muerto de frío
dije
cañones.

Sobre mi piel las arañas andaban,
yo era la mosca materna
dada a la cría.

Sobre mi alma colgada en un faro de amaneceres
reptaban los lagartos de una selva
que estaba escondida
en el centro de un corazón
que pulsa con baterías.

¿Qué diluvio?
¿Y el metal?
¿Y el cemento?
¿Y la madera?
¿Y el metacrilato?

Que llovizna
y dentro,
en el almacén.
Fumábamos
sospechando nuestras manos
como un invento de las cartas.

Mordí como si aire
el pan patrón enemigo
y marche.
Disparé sin mirar a mi hermano
y cuando su cuerpo cayó
en las aceras por donde iban las gentes
que me protegían
vi que en sus rostros
nadie hubo
que dijera nada…

Las cabinas telefónicas
abandonaban filmaciones
y comparecían en Londres
por una mención americana.

De ellas.

En la portada del Times.

Más romance que en tenampa
vi una vez,
junto del rio.
Vivieron felices,
comieron perdices.
-sin corriente…
                                                     y sin luz eléctrica-
                                                                                                       -¡por supuesto!-.

Palabra.
Palabra.
Palabra.

Palabra a palabra:
brote de muertes
y suministro de duelos.

Sí.
Te recuerdo.
Palabra.

Imposible nostalgia.

Omaral.

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