miércoles, 28 de mayo de 2014

Libertariano Men.


Pobre hombre triste,
sin gloria.

Él pensaba que humillando
conseguía
para él
los tributos que liberan de la humillación
que era ser otro.

Amenazaba con tapar el sol
para los incompetentes
y una vez colgó a una mujer
por imprudencias del destino:

A ella la llevo a robar
una moneda que brillaba
entre la tierra de algún tiesto;
a él lo llevo
a la expansión de su tesoro
mediante el uso de la ley
de los más fuertes.

Sus deseos evocaban a gritos
la ambición de su premura…
con la fusta declinaba
el servilismo en el esclavo,
-nunca hay culpa en la justicia-
Repetía.

Sin amar
era erigido como el primer adorador sobre si mismo
y aquellas noches
sometido en el exceso
de la copula y el opio;
entre eructos
y fluidos
no hacía falta dios posible
ni héroe alguno.

Todo acumuló
en los salones privados
del palacio
y en su corazón de sombras
por los muros le reptaban salamandras
y culebras. Él pensaba que era magia.
Magia pobre.

Una tarde,
en un alba.
Cualquier día.
Ya volvía de peinarse la memoria
con gominas y lociones;  
pero nada en él pasó
cuando pisando el excremento
de todas las gentes sin hogar
se ensuciaron sus zapatos color miel.

Con vejaciones
y censuras
externaba su ideas de exterminio.
Él era el temido.
Él era el gran amo.

Él tenía en sus bolsillos
los números en serie
con los cuales se marcaba
la voluntad de sus testigos.

Se le nota muy solo,
pobre hombre triste.
Sin gloria.

Le hizo falta compartirse
y ser humano;
por fortuna a donde fuese
se encontraba con gente soñando
en tener su propio tiempo de barbarie
y prepotencia.

Omaral.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una lección que todos podemos tomar acerca de esa persona que cree serlo todo sin ser nada, con un lleno de vacíos y que a pesar de ser como es hay gente que le espera para tal vez, robarse su "trono"

Carlito