martes, 27 de mayo de 2014

En el everest duerme.



Cuando cambia la dirección del humo,
durante esos mediados agostos
en los que el sol pareciera brotar
como sudor propio de las cosas.

Mientras aploma el calor
y los ventiladores chillan
llamando a las sombras…

En la abstracta hora
en la que su risa
vence el suspiro de melancolía  
que hiela el relato de musas
que no fueron mujeres.

Porque en su hacer liviano
es que luce su silencio delirante.

Porque conspira el capricho
de amables ternuras
y forma un fuego
al que acuden ensueños de plantas,
contertulios de ecos
y dioses convidados de tierra;

Sus palabras son de barro
y dejándole sin filo las esquinas
ella hace un hombre
de carne y hueso.

Lo devuelve a la salud
y lo saluda en la mirada
si reprende el sol
al levantarse.

Cuando afina el hilo musical del suelo helado,
cuando no vacila entre morirse
y hacer pan.
Cuando el titular en las ventanas
revuelve la epopeya
de un coral desnudo
y sobre piel;

La extraño cuando duerme.

Omaral.

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