miércoles, 20 de noviembre de 2013

Por donde pase el amor haya un hombre y una mujer.


A pasear nena;
no en Maracaibo
ni a Nueva York,
ni a los Andes…

Easy aquí,
en lo caliente
que nos da
nomas al vernos.

A comernos como postres
las angustias,
decididos a caernos
por la vida,
dando en cuentas
la efeméride
de todas las almas rotas…

Cinturones no llevemos,
piel eriza
y sobrevuelo.

Ahora es hora
de que callen los lumbreras
que encarnan la gloria
en la poesía
de sus desgracias;

La profundidad será en vivir
mientras se viva.

Una versión nueva
de afrentas
sin deuda
ni misericordia.

Nadie nos dijo,
y digamos nada,
ni sobre la muerte,
ni sobre la sombra,
ni sobre aquel miedo…

Sueltos aquí
sin idea,
sin destino.
Juntos por las manos
el mundo entero
será lo que soñamos.

Y la enfermedad de las cosas.
Y la soledad de las estrellas.
Y la vanidad de los heridos.
Vuelta atrás como una ola
en cada esquina.

Baste ya
con ser la vida,
con comulgar en carne viva
lo que a la carne duele
y arde…
apenas tienen frio,
sufren,
se nos vuelven insufribles
las delicadas invenciones del parnaso.

Mejor es ir como la cebra,
de migraciones a la calma
y ser cazados ¿por qué no?

¿Acaso no,
nosotros mismo,
contenemos
en secreto
la prosaica sensación
de saberlo todo?

Menos burdos…
menos tiesos…

Lúdicos,
y a ser posible
sin que eso signifique
gratuita estupidez.

Nada pidamos
démoslo todo;

Como lo hacen un hombre
y una mujer.

Omaral.

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