martes, 26 de noviembre de 2013

Es por mis vidas que vivo el deseo.



Ya lo dije antes;
pero no lo olvides.

Habían muerto en mis manos
las dos herencias…
yo volvía
¿recuerdas?
Juré aun ser el mismo
y te presentaste educada
con mi nuevo nombre.

Cuando ríes
sencillamente me da igual
que la alineación
de los planetas
proteja de mí
a mis enemigos.
Yo quiero que rías,
decretar mi derecho
de hacerte reír
y explotar,
si se tercia.

Parecido es cuando sueñas,
cuando el gesto
que parece vivo,
en tu rostro,
se contiene
como una balsa a punto de ir
por un tobogán…
a los tamborileros de la guerra
pido silencio
y callan;
quizá yo en tu sueño,
lo mismo que el miedo,
también soy hermoso.

En general yo quiero que llores,
en particular
se me antoja una tarde
buscando tu antojo,
e intimidados
por lo claro de estar
sueltos de cada momento.

Si te veo que miras
y estoy,
como un blanco ahí mismo,
a donde disparas
granos de café en caramelo,
ya he visto,
digamos,
un poquito de todo.

Si andas desando,
te veo alejarte
y después corro…
¡qué sano en nosotros
el maratón de desvelos
auxiliando la fuga del humo!

Por pedir pediría,
simplemente,
saber cómo sabes
donde oculto mis vidas;

Y si eres tú
te quiero a ti.

Heme aquí, soy mi deseo.
Omaral.

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