miércoles, 27 de noviembre de 2013

Apología Camboyana, en defensa, al Narco Corrido.


“¿Sin la promesa del cielo
que poder tendría sobre nosotros el infierno?”

Neil Gaiman. Sandman.

Dice de lo que no es más
-Tremendo burrito-
y de lo poco que dan
-en su criterio-
las seis de la tarde
dadas al sol
en un pueblo rural.

Lo indigna el mafioso,
la steel tarola norteña,
los vatos,
y sobre todo
la ley narco comedia
de un suelo
que ni lo ha visto nacer,
ni tendrá entre sus glorias
naturalizar a spider man…

Tanto tiempo de tiempos
y de pronto el presente
es solamente un matón
frívolo
que anda
sin DNI de Moscú.

Culpa del vicio
-por encimita-
al kamikaze con botas
y reprueba
-con consciencia de estado-
la galería de colgados
que por esta vez
no tiene origen escandinavo,
ni trash.

No hay fin
en explicarle
que allá
en mi cuadra vecina
los plebitos no creen
-ni quieren saber-
de enmascarados
con las rimbros de fuera;

Algunas personas
solamente tienen la vida
y por su derecho a vivirla
estúpidamente
son capaz de matar…
¿no es acaso ironía
la historia de siempre?

A mí que me gustan
los acordeones,
la pinta del flaco Jimenez,
las troconas del año,
las hieleras con cheve,
los 501 levi´s
apretando las nalgas
de las parientas,
me da que como tantos
no es más que otro
que cree que todo lo sabe
porque vio a una madre llorar.

Se matan a tiros
porque a tiros
es una de tantas maneras
en las que muere la gente.
Sin embargo no todos aceptan
algunos regresan
después de velados
y matan también
es, -no como dirían
correcciones polacas que gustan-,
una forma de vivir
y no más.

Más de postura
tiene tanto capullo
que pide atril
y lugar,
para ponerse a juzgar…

De donde somos
decirle sangrita
no hace comestible la sangre.
Coterráneos de mí
y abiertos al fuego
usan de cerca,  
para limpiarse
los llantos de risa,
paños de acento cholo
con motivos de Ozzy, Dio
y esa señora mayor con bigote
que llaman Lemmy.

No baile,
no celebre,
no haga el tonto,
ni el patán,
ni el cobarde…
no se amigue
con el ultimo día de su vida
si vivir a lo tonto
no es para usted
y son llamas.

Le creemos señor,
por san Jesus Malverde
que le creemos;
pero no hay que explicar
que además de mentira
lo que sabe al respecto  
es nomas por encima…
no es cuestión de los malos
hacerse buenos,
pídale usted al derecho civil
algo más que victimas
en los noticiarios.

Y cuando sienta
inútil
la legión de bandas, tamboras,
rancheras
y conjuntos norteños,
a ese pueblo
-a sus ojos indigno de alguna alegría-
llámeles monos, masa,
o babosos;
pero haga cuentas poeta
su noción de actitud
no digamos que sea
en algo mejor
que cualquier reaccionario.


Omaral.

Ser, otra vez, esa noche tu chico.


Qué bien que
como cuentas
aquel día
fuese un miércoles
dentro una semana cualquiera…
si hacemos caso
a nuestro acuerdo,
siempre nebuloso,
valdría señalar
que con seis gramos
la noche es siempre
un revolver frío entre las manos.

Y fue,
para verte girar,
que cuando giraste
yo no estaba
ni a tu alcance
ni en el nombre de la orden de registro
que mostró la policía
cuando accidentalmente
se habían perdido tus pendientes de diamante.

Me fui
y aunque a la mañana después
los diarios prefirieron contar
la muerte al revés
de un poeta
yo saludé amablemente,
sin decirnos gran cosa,
al camarero de turno
en aquel paraje nocturno
de Nayarit.

No era yo mi amor,
no era yo.

Yo estaba vestido de negro,
con las cadenas también…
intentando colarme
en una acuarela
a colores rabiosa,
agité mi pañuelo habitual
del mismo modo que hiciste,
con tu llanto,
una canción de frontera.

Nos fue necesario
un capítulo más,
alguna vuelta de tuerca,
por eso digné
la importancia
de dedicarme a robar
neverías y kioscos
que quedaban de frente
en el rio Suchiate…

Ya no estábamos juntos,
ni en el arcoíris de agosto,
ni en las heladas
con las que brilla,
cual plata en el agua,
la tierra desde la luna
si la ves en noviembre.         

No sé si por entonces llegó…
tampoco sé si lo escrito
lo escribí con mi puño
en la letra de un himno soez;
pero en una de tantas
yo quemé una postal
en la quise decirte
sobre los indios que vi
acumulando sus eses
en un corral de gallinas.

Y aunque, free wedding los vegas,
estuve casado,
tres veces al día,
las veinticuatro horas,
los borrachines
tan dados a la conciencia
me dijeron de reyes metidos en cartas
incapaces de nada
contra una partida
donde el sol hace el as.

Así, con sus oferta, fraude y demanda,  
el militar cuerpo de los gitanos
recuperaron del piso,
de las plazas vacías,
el destino grabado,
por la palma de la mano,
en un indigente de nombre Satán.

Todo corrió
y aun yo corría,
te había dejado
alejada
con tus ojazos morenos
siguiéndole el tipo
a un tal Cary Grant;

Con los zapatos de gamuza azul marino
anudados uno al otro,
por las cintillas,
y colgados por los dos hombros
-amenazando de coger vida
y ahorcarme-
te dije:

-Aquí estoy,
soy la noche 
y ahora también
ya me has visto volver-.

Omaral.

martes, 26 de noviembre de 2013

Es por mis vidas que vivo el deseo.



Ya lo dije antes;
pero no lo olvides.

Habían muerto en mis manos
las dos herencias…
yo volvía
¿recuerdas?
Juré aun ser el mismo
y te presentaste educada
con mi nuevo nombre.

Cuando ríes
sencillamente me da igual
que la alineación
de los planetas
proteja de mí
a mis enemigos.
Yo quiero que rías,
decretar mi derecho
de hacerte reír
y explotar,
si se tercia.

Parecido es cuando sueñas,
cuando el gesto
que parece vivo,
en tu rostro,
se contiene
como una balsa a punto de ir
por un tobogán…
a los tamborileros de la guerra
pido silencio
y callan;
quizá yo en tu sueño,
lo mismo que el miedo,
también soy hermoso.

En general yo quiero que llores,
en particular
se me antoja una tarde
buscando tu antojo,
e intimidados
por lo claro de estar
sueltos de cada momento.

Si te veo que miras
y estoy,
como un blanco ahí mismo,
a donde disparas
granos de café en caramelo,
ya he visto,
digamos,
un poquito de todo.

Si andas desando,
te veo alejarte
y después corro…
¡qué sano en nosotros
el maratón de desvelos
auxiliando la fuga del humo!

Por pedir pediría,
simplemente,
saber cómo sabes
donde oculto mis vidas;

Y si eres tú
te quiero a ti.

Heme aquí, soy mi deseo.
Omaral.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Que no sea la poesía los poetas.



Sangré en la poesía.
En su ardid
-igual que tú-
sin piernas fui…

Cerrado en la palabra
me gesticulé
a la semejanza
de un amante voraz
e irreductible,
como una polilla
descompuesta
de todas las cosas.

Escondido
y emulando,
tras la imagen
de los mercenarios,
estire mis manos
adivinando medidas
en los adjetivos
de uso y paso.

Me tiré a la cruz
de los ateos
por algo de publico…
apología
de las sustancias
y después
un conservatorio disco etéreo:

Loco fui locura.
Violento fui violencia.
Invisible fui nostalgia.

Dije conocer
la frontera divisoria
del amor
y la inocencia…

En resistencia,
contra Cupido,
lancé alebrijes y zancudos
a los amantes que se besaban…

Yo mismo, tan duro,
colonice razones
que pudieran dejarme fuera,
y por encima,
de pagar tablas.

Por vivir,
y porque era yo distinto,
mitad de mi
la use en decir
que no era el otro;

Vago
y fantoche
fanfarroneé,  
creyéndolo fuerza,
mi ordinario exabrupto…

Tartamudo
en pos del miedo
no escribí grandes dicciones,
sencillamente fui entregando listas
de partes
que resentía incompletas:

Mujeres sin mí,
yo sin mujeres,
inútiles todos,
tormentos envasados.

Y usted...
aun con más pesares que yo
podría,
con los ojos cerrados,
señalar a mil sitios,
donde mi sombra,
adquirida
nomas al cambio de esquina,
ha querido zurcir mi condición de cualquiera.

Me imité
hasta que las mascaras
lloraron;
tal cosa no sucedió,
ni ante Keith Richards,
ni en un ducados
que se extinguía en Montparnasse.

Quise ser como el poeta
en su nombre
llamarme rebelde,
diáfano
y hondo ;
pero en la fila de la compra
un buen tipo que sudaba
me contó cómo se cuentan los tornillos…

La gloria seca
de un beso en martes
cuando el sol baja,
la tertulia muda
entre las muertes
y ese olvido en la mirada primera
que se abre,
para reconocernos.

Me dijo
-deja ya
tanta impaciencia

¿a quién quieres
contarle
que nunca queda nadie?

No te sirvas de sufrir,
que hay tanta pena…

Algo sabes;
pero no recuerdas
ni donde lo aprendiste-.

Yo lo escuché atento,
esta vez sin irme
detrás de mi propio soliloquio,
después me vino
la hoja en blanco.

Omaral.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Por donde pase el amor haya un hombre y una mujer.


A pasear nena;
no en Maracaibo
ni a Nueva York,
ni a los Andes…

Easy aquí,
en lo caliente
que nos da
nomas al vernos.

A comernos como postres
las angustias,
decididos a caernos
por la vida,
dando en cuentas
la efeméride
de todas las almas rotas…

Cinturones no llevemos,
piel eriza
y sobrevuelo.

Ahora es hora
de que callen los lumbreras
que encarnan la gloria
en la poesía
de sus desgracias;

La profundidad será en vivir
mientras se viva.

Una versión nueva
de afrentas
sin deuda
ni misericordia.

Nadie nos dijo,
y digamos nada,
ni sobre la muerte,
ni sobre la sombra,
ni sobre aquel miedo…

Sueltos aquí
sin idea,
sin destino.
Juntos por las manos
el mundo entero
será lo que soñamos.

Y la enfermedad de las cosas.
Y la soledad de las estrellas.
Y la vanidad de los heridos.
Vuelta atrás como una ola
en cada esquina.

Baste ya
con ser la vida,
con comulgar en carne viva
lo que a la carne duele
y arde…
apenas tienen frio,
sufren,
se nos vuelven insufribles
las delicadas invenciones del parnaso.

Mejor es ir como la cebra,
de migraciones a la calma
y ser cazados ¿por qué no?

¿Acaso no,
nosotros mismo,
contenemos
en secreto
la prosaica sensación
de saberlo todo?

Menos burdos…
menos tiesos…

Lúdicos,
y a ser posible
sin que eso signifique
gratuita estupidez.

Nada pidamos
démoslo todo;

Como lo hacen un hombre
y una mujer.

Omaral.

martes, 19 de noviembre de 2013

Significa lo que sopla el viento.


Mi regalo
para hoy
ya fue de antes;
sus sospechas,
sus confianzas,
su miseria
y su bonanza…

Vine aquí,
estaban todos,
los que pierden,
los que ganan…

El tumulto,
que era enorme,
fascinaba mis sorpresas
maquillándose de mimos
y farsantes.

Son colores
y melancolías tuertas
en los pobres,
lo sentí.

Mi cara se embarró
con el polvo
rural de las esquinas
de aquel pueblo.

Había viudas,
jaulas para pajaritos de colores,
una tina grande
donde dar un baño
a un verano que no era
ni de sueños,
ni cantábrico…

Se nos olvidaban las horas
siguiendo calle arriba
algo que estrechar
con las dos manos…

Cuando fui a prisión,
la vez primera,
para poder seguir,
me imaginé que el mundo
sabia de aquellos prisioneros
sin noticias.

A mí,
que tantas veces
me he perdido,
se me iba el aire
en perseguir
lo que ese viento
lleva escrito.

Justo ayer
mi Marisol me lo contaba;
defendimos el posible suceder
de los milagros.
Vaya simples.

Día
en el reloj
marca las nueve
treinta y tres.

Incompleto
como el hombre
dice un sol
que es de otras luces;
pero estima
que no en vano
un disturbio
nos regale con memorias,
lo que rezo
y una vela.

Conmovido
por vivir
así es como me encuentran
hasta el miedo…
imantado en el camino
y dispuesto aun a más balas,
es lo justo.

Me miran ojos grandes
y no dudan,
yo que nada sé contarles
me doy en pago
por lo que sabré…

Me doy en pago,
aunque no es mucho.

Omar Alejandro Estrada Amavizca.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mayores, para fuera.


Se cruzan
contra mío
rasgos humanos
que pareciera haber
en las puertas
de lo locales cerrados,
almacenes de fetiches viejos
sin fe
ni parroquianos.

Los camiones
del transporte colectivo,
atados al absurdo
de esas caras asustadas
en camino
de la más hostil cordura,
son sinfonías
y embestidas
promulgando el sitio exacto
donde vive
entre pastillas
mi color/deseo
como un número.

Huelgue decir
que poco es tierra
aquí y ahora…
la perversión
que vestidos de domingos
recuerdan
hoy solamente es la sal precaria
con la que hacen grises
los cadáveres
que aun se me quedan
como un gotero de tintas,
punto y roto.

Mi intuición
bajo el haz de luz
de una red eléctrica
cortejada por las moscas,
se inclina
y se sabe un mero trámite.

Sin decirlo
miles de palabras
se interponen;
entre ellas el dolor
agita el significado
de billetes
y paciencias.

También la mujer
sobre la distancia
tiene las carnes en descuido;
pero ahora
mi mano ya se siente
decididamente vieja
como para probar
que aún le queda
la energía de nunca antes
haberla visto.

Omaral.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Carambola, de película, a dos bandas.



No revuelco en los infiernos                                                                  No me mata
por tu nube que no llueve…                                                                        tu distancia…
                                                                         
Aun a hoy  atesoramos                                                                               Te quería y te quiero
las monedas                                                                                                es verdad;
y esa grima                                                                                                   pero nunca soy
de un recuerdo que no vuelve                                                         puntual en mi palabra

Se vacían los cometas                                                                                  Que distintos
por montañas;                                                                                                  y felices
mil astros de colores imposibles                                                                 son los soles
nos traen sombras subversivas…                                                                        si dirigen
se revelan,                                                                                                  con su luz
para hacernos una imagen                                                                            el destino
memorable.                                                                                                 de nuestro camino.

Solamente queda                                                                                        Nada me recuerda
lo que estuvo,                                                                                               cuando voy sin ti,
lo que viene                                                                                                   hasta el punto
se ha perdido                                                                                                   de la esquina
y encontrado                                                                                                       se dobla
con los ojos cerrados                                                                                        a buscarte.

El encuentro                                                                                                  Como era el cine
embellecido                                                                                                   quisimos vernos
por la gloria                                                                                                      muy bonitos,
de caer                                                                                                               dirigidos
bajo la luz…                                                                                                     y sensibles.

Todo                                                                                                                  Nada
entre nosotros                                                                                          entre tú y yo
fue un milagro                                                                                        nos pareció difícil.


Omaral.

Jauría.


a la Mina y solo a ella.
Que te escriba
-te escribes-
y
toda tú
estas escrita
con las tintas
de verdades
peligrosas;
inauditas a los chicos,
propiedades
de mujeres,
para hombres
que hagan sol…
que hagan
sombra.

No desarmes
un pelele impulso
de notoriedades
y fanzines…
deja
que tu aire,
como al miedo,
se lo lleve
y visto,
allá a lo lejos,
disponle,
se cortes,
simplemente
una duda
de lo que
ya no será.

Si tu fuerza
se desboca
te hago río.
Si se enfrían
los peldaños,
a la nube,
el té también
yo te lo hago…
esta mi palabra,
la que falla,
no te falle
nunca a ti
que eres
inventada
y cierta.

En misión
pecaminosa
pido absuelvas
el careto
de los
tontos
que deslustran
la misión
de los poetas,
cuando hace
el tiempo
la tormenta
y solo ellos
llevan
puesta
la intemperie.

No fue
lo que antes.
Fue
y nada
de lo que
será
recuerda
el timbre
de esa voz
que se confunde
hoy
a la par
de los silencios
más
sensibles…
bajando
la escotilla
de otra risa,
otra risa,
otra risa,
otra risa.

Ser
y hacerlo
tú la magia,
lo azaroso
y la pila,
sin tocar,
de todos
tus detalles…
preservando
lo sagrado
de los fuegos.

Aquí
adentro
sin
entrar
sean
perdonados;

Todo aquel
si nunca
supo
que es
jauría.

Omaral.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Por ahí, en algún lugar, contigo, El Dorado.


-Por ahí,
en algún lugar-
dijiste

Y aquel día los Incas
-tal vez hasta avergonzados
de su histeria-
a morir
se revelaron.

Como la primera independencia
no la promulgó Bolívar
y de Lope Aguirre
no tuvimos sensaciones parricidas…
ni apellido.

Debió ser
que todo fue a mejor;
los estandartes olvidados,
las patrias re ubicadas,
los modelos impolutos.

Mismos nosotros;
pero más breves
e inmortales.

Las selvas
nos abrieron
a latir el corazón
que ya no ocultaban en secreto
y río abajo
en nuestra sangre
cadáveres de tronos
como balsas…

Fuimos conquistados
solamente con canciones
que mezclaban
su lamento
en nuestra espera;

Hasta otros horizontes
la intemperie nos dejo seguir.

-Por ahí,
en algún lugar-
dijiste.

Y las misericordias de la duda
se aproximaron hasta olerlas;

Haciendo de ventiscas
otras aves
nos guardaron
de los dioses que no fueran
hueso y carne.

Todo sucedió:
la costumbre comprendida
en un instante,
el miedo de los hombres
con pánico de tierra
vuelto fuego.

De la lluvia inmaculada de sonidos,
en los ojos nobles del silencio,
una hoja serpenteó
hasta capturarnos
en la burbuja
y hierro
de un crujido.

-Por ahí,
en algún lugar-
dijiste.

Y ya la historia es otra;
que te considere tuya,
que me consideres mío.
Dueños de otros
que nos han traído
hoy hasta aquí
como tributos.

-En algún lugar
este es El Dorado-
repetías tocándome en el pecho.

Y aquel cielo
también era la respuesta,
para explicarnos el mar.

Omaral.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Artistas No Pasaran.


Porque me llamen artista
no doy ni la vida
ni el rostro.

No sé qué decir
y es lo que digo.

Repudio de ese sarao
donde los asistentes
acuden a interpretar
la tisis moderna;
insulsos
por propiedades baratas
en los nutrientes
de su orgánica dieta.

Mi amor esta en los amores
mortales.
En las manos
que se entrelazan
llevadas por miedos
a libertades más grandes
que la vista en los parques… no más:

Ni concupiscencia free lance,
ni chapetitos vintage.

Para pensar
los pensamientos más bellos,
con quien comer la comida
y veneno,
no me hacen falta pensantes
de corte y pega…

Estilizado en las vulgares vanguardias
va el muerto que manda
lo que hay que vivir
de aquí en adelante.

A mí me da que la luz natural
en ellos declara
una forma de vida
más deslumbrada
que los sueños de infancia
del señor Peter Pan.

Por eso es que es mi farol
la marquesina del cursi
donde se anuncia,
transversal y elegante,
la disposición de una antena,
para ver en tv
tele basura propia de mi
que no soy
ni conocedor del secreto
ni el ganador de la feria confeti
de la intelectualidad…

Miles de héroes me faltan
por eso a quien busco
no tiene poderes,
no gusta enlistarse
en rebeldías que no asienten
ni deja de vivir sus historias
nomas porque diga,
que es muy poca cosa,
la gente que sueña.

Soy listo
de ahí
que no me hacen tonto
las proyecciones en foto
de su pretendida sapiencia.

Busco mejor
a aquel que no sabe,
del que he aprendido
a no ignorar que no es oro
el aserrín que le brilla
a tanto sesudo ignorante.

Nunca es preciosa,
ni se precisa,
la escueta moral
de los asustados
haciendo de locos.

Ese señor que pasa
comiendo pepitas
y enseñando la raja del culo
por las galerías de arte,
la maruja al regate
en los mercadillos,
los niños que salen campeones del mundo
jugando al fútbol
con las latas.
Ese soy yo.

Y mi modelo es aquel
que se da a sudar lo ganado
quien no necesita oponer
más que nadie;

La hidalguía de un cuerdo sin más.


Omaral.

martes, 12 de noviembre de 2013

Pájaro bello, a la seis de la mañana.


Todo cuanto soy ahora,
en este momento.

Las traiciones conocidas
haciendo lujo de montaña
sobre esa mesa en la que falta
algún florero.

Las humillaciones
infringidas en mi contra…
los desapegos
encarnados
a mi sombra.

La huida de los días,
que esperaba,
como el río,
en la espera del cadáver,
anudándome los dedos,
para no tirar,
a los peatones,
del gatillo incriminado
y color gris.

Mis lecturas clandestinas
de lo que pensé poesía
en la música de ambiente
y al final
en la resulta
me cambió por lagrimas
la inocencia que decían mis ojos
que tenia
al ver llover.

El pastelillo,
hoy al alcance de mi mano
decorado en fresa, kiwi
y chocolate;
la sensación que dan los lujos
de llevar sangre
manchándonos en los cojones del alma.

La tertulia
de los cafés amargos
en cada sueño de mañana…

Mi madre despostillando mi paciencia.

Mi padre dando la impronta
de tenerme
y no ser visto.

Mis hermanas confinadas
a lustrarme con su aliento
el brillo opaco
de mis huesos.

La ilusión de otros planetas,
el desengaño
de esta tierra…
la impúdica acritud
de mi pepe grillo,
de consciencia a mal de amores.

La desobediencia de los santos,
mi colección holográfica de altares
y la cruz cristiana a la que pido
por mi corazón ateo,
cuando úrgeme un diluvio.

Los libros desarmados
de mi otra biografía,
los boleros.

La esfinge construida
en honor de mi verdugo,
la oda irrealizable
que persigo yo en las huellas
de mi propia tortura.

Estas escamas que sigo sin tener
y que me cubren
mis avergonzadas alas.
El tópico al azar
que sorteó mi suerte…

Los labios insurrectos
de la chica aquella
que viajó a Canadá,
para que no la perdiera
entre las multitudes
de ambrosías a nombre
de mi hambre.

La estéril voluntad
de aquel
que con buenas intenciones
nos dedico su estancia
en un mundo que nunca conoció.

La incapaz historia
de contarnos,
sin escena
ni papel…

La pluralidad saliendo
de mi boca,
para poder acusarme
en mi defensa…

La demagogia en mi lista  
de memorias
profanadas a cualquiera,
algún otro que no fui,
tan poco.

Todo cuanto soy ahora,
en este momento.

La sensación de que solamente,
alguna vez
y para siempre...

Pájaro bello
yo desperté contigo,
cualquier día,
a la seis de la mañana.

Omaral.