martes, 30 de abril de 2013

Sin Keith Richards la Camboya esta vacía.


“Tengo noticias para tí: todavía somos un montón de duros bastardos.
Todavía no vamos a morir”.
Keith Richards



Antes de salir
se espeta algo de hartazgo
en la propia juventud,
coloca sobre el aire
el azar de una moneda
con la que contrajo una desgracia;
año sesenta y cuatro
viva las vegas…

Alguien dice
que los gritos impacientes
que aun le muelen la cabeza
son un coro decorado
de lascivias
programados a sentir,
en lo que acaba,
un momento más de eternidad
que nunca llega.

Pide otro Jack Daniel´s,
whiskey tenesse,
esnifa un cabo de azúcar morena
y mientras tienden los cables
le atusa la melena
al gemelo que no tuvo
y que por dentro le desgarra…

Decanta entre sus brillos
la sombra de un sombrero
que parece un cuervo,
propicia la sweet candy agonía del rock and roll
y hace un nido de motores
con las paredes rotas
de una canción en luz violeta.

Riff de blues del Delta,
road movie improvisada
con las manos haciendo locación…
impaciencia amplificada
con la sangre convertida en carretera
al arranque de una triumph
que se estrella con la huida al cielo
de un tal Bob
que no quiere ser star…

Ya es venganza si la piedra rueda,
y suena,
aun en casete,
en el hilo musical
de la cabina de un trailero
que se llama Berry Chuck.

Cuando las patrullas
cruzan la aduanas
derramando la fragancia
de una frígida sirena
él le pone orbita a las gatas
cobrando en los trastes
una nota que derrita
el pacto negro que cerró,
en una feria de artificios,
con su satánica majestad…

Por esta noche
es el rey emisario
sobreviviente del amor que hizo la guerra;
algo canta
entre gárgaras de ardor.
Viene y da de sí a la noche
su postal de guerrero abandonado…

Se pierde en las ciudades
que reinventa
con su Gibson Les Paul.
Omar Alej.




lunes, 29 de abril de 2013

Un extraño, habitual en Camboya, pide a ella lo recoja...sin dirección.

a Max y Mecha Inzunza.

Ella simplemente se fue.
Él hizo a un extraño habitual.

Juntos dieron voces
confinados por lo bajo
a soltar apenas dichas
las palabras…

Sin  hatos de amor
un solo aroma predijo
la espina que habría
de clavarse en la carne.

Se sentaron en terrazas,
atemorizados
de que a la luz del día
fuese de tiempo la noche,
jugaron a los dados
con la cara oculta de las estrellas;

Celebrando sin mapa
el paraíso perdido.

Supusieron recién hecha la cama,
quedaron ahí  
conviniendo si era fúnebre o no
la mancha en la seda
orientada hacia los tocadores…

No hay testigo que valga
ni la primavera,
ni el sofocón de las ganas
ahogándose de aire.

Duramente pospusieron,
juntos y a la vez,
otro pasado.
El asiento trasero de un taxi,
yendo con escalas  
a la programación televisiva
de un insomnio sin cuartel.

Sus arrugas acusándose del humo
festejaron el ahínco
con el que los besos
prevenían de un brindis,
flor de caña y rayo,
entre el amor y la guadaña.

Al despertar
la nube de peligro
cayó en picada…
aun con la niebla
diluyéndose en sus ojos
anduvieron alma abajo…

De un suspiro sonoro
a un aliento amargo;

La familiar algarabía de un jardín,
la hipotética pregunta
acentuándose en un idioma roto,
los botones y costuras
incitando a una plaga de termitas
en los dedos,
son sencillamente cosas
que no están más en los hechos…

Las vetaron
los directores del gran cine
por ello
hoy en la calle
el guion se trata de un histrión
haciendo crucigramas en un cuarto de baño.

Las luces centelleantes 
a veces tienen esos labios
y otras veces
te comen de angustia
empezando por la boca…

Dieron nota criminal
después de perdonarle
la vida al horizonte.

Ella simplemente se fue.
Él hizo a un extraño habitual.
Omar Alej. 

sábado, 27 de abril de 2013

Todo bien mama, tu hijo ahora escribe en Camboya.


“Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. 
La torpeza repetida se transforma en mi estilo”.
Peralta Ramos.




Algunos lo hacen
por dar convide a sus fobias,
aletargarse en la herida
que infringe el manual
de cómo matar a un ruiseñor…

Por preservar en la raíz
de la palma de sus manos
el corazón de una alubia encantada
que suba en ascensor
hasta un helecho de nube,
piso séptimo cielo del Caesars Palace.

Se les ve conciliando las horas,
para llegar a las cinco
pedir old fashion de whisky
y nadar en cubitos de roca
mientras callan de oído…

Fumar de revire macoña,
falar castellano  
la canção de Caeteno Veloso
o vestir de carácter
el encaje secreto victoria
que nunca se animaba Gertrudis.

Lo buscan
para perderse en caminos
-muy tristes-
que no hagan regreso …
bañar de rocío
la orilla dormida
en la que despiertan
después
de haber soñado en la luna
con un beso de tierra.

Los hay que defienden a los caídos,
-protector cubre bocas
que evita derroches
al pronunciar libertad-.

Que tiritan azules
a lo lejos
cual lumbre;
gallegos, alzados, mexicas…
peatones.
Su sed se seca en la hoja que manchan
con babas de una ulcera abierta.

Y también mujeres
en la escotada mentira
-que se reprueba Cortázar-
de que en algunos cuentos
aun se cuenta
alguna verdad…

Atentos al fin del mundo
denuncian
la voluptuosidad del luto;
son suscriptores del semanario suicida
y nostalgian la picazón
que les dejó el trabajo de parto.

Le imitan la servidumbre al sueño
dejando caer,
desde lo alto de sus simas,
confetis de orgullo
y misantropía
al servicio de la comunidad:

Dirán que no dicen,
firmaran que hablan de todo
con tal de no hablar,
y a donde te descuides
pondrán en tu boca
genialidades que ellos
son demasiado decentes
para decir.

Se los reconoce
-Al manifiesto Holstee, a Michel Houellebecq
y a ti-
por buscar en el tacho de basura
del Omar Alej
una mirada que haga mirilla
a ese mundo asombroso
que escribe,
con la mano derecha
pensando en café.
Estrada.

viernes, 26 de abril de 2013

Trafico de Camboya a Katmandú.





Cuantas veces
me estoy duro;
sin poder sacarme de la tregua
que he pactado
ante el tributario de un vacio
que a nadie dejo que se vea.

Lo más pronto
es que lo invente como es,
que en su andar,
de orina y cojera,
no divulgue
la vaga melancolía
de los recuerdos tejidos a sus alas.

Me desvivo por vivir,
meticulosamente…
si algo encierra entre sus centros
un latido
yo lo hurto,
para darlo como herencia
a las huestes de una hora
que cayó en cumplimiento del deber.

En la intersección
de este duelo a cante con la historia,
la feroz sublevación
de los cuentos contados
me tira por las mangas
pidiéndome otro caramelo
de hachís…
yo le pido hacerse barro,
le doy muerte.

Qué más da que las balsas
regresen del sol
con el resto incinerado de tu alma.

No acojone a nadie los cojones
que amputaron al mayor,
ni propongan un estudio
al enemigo
en igualdad de circunstancias…

Démonos al sigilo del demonio
y llamemos hijos
los protuberantes miedos
de una sombra reclinada en la pared,
sin más uso que esconderse.

Después de todo las presencias,
en su hospitalaria visita,
son la tinta marejada de un documento inalterable
de tantos otros buques que se hundieron
llevados por niños
que tendrían su niñez
al ganar la guerra del futuro;

De sí mismos realizaron
el llamado de una patria entera.

Con una réplica exuberante
del silencio
bajaron los parpados:
opusieron su dilema para estar
en el big bang  de una hoja blanco
y respirar de otoños artificiales.

El trafico por las penínsulas del sueño,
como está de vuelos,
de filas,
de hacia dentro,
y de huellas que juraban
en otras orillas,
solamente es el deseo trazando
la salvedad de una mentira
que al huir de allá
también huye de aquí.

Qué sirvan
de domicilio y puente
a la locura los arraigos,
qué hagan verse en sus escuetos
paradigmas
las animales voluntades de creer…

Pendiendo sin más
de una plegaria funambulesca.
Estrada.

miércoles, 24 de abril de 2013

Camboya es una idea atravesando el universo.




Mi mejor mala idea
respira,
me sube por los dedos
pequeños de los pies
y me recorre como un toque
de energía
hasta qué... río.

Se agita
y gusta de los hombres
con valor
de mirarle a la cara
y pedirle que pida.

Me hace fuerte;
se me nota que la tengo
cuando subo al ascensor
y hago silencio
charlándole de babuinos
y girasoles,
un poco de perfil
como Jack a Helen Hunt.

Que puños cerrados tiene
y se me escribe;
borra mis borrones.
Me peina el desconcierto,
que se me produce,
aleteándome entre sien y sien
con su reinado de caracoles…

Mi mejor mala idea canta
exclusivamente las canciones
que no se sabe
-Es mi modo de hacer que sepas-
me consuela…

Todo es cierto
y de verdad
cuando me miente.

Yo estoy listo,
puntual en ideas
si se me ocurre ella.
Omar Alej.

martes, 23 de abril de 2013

Camboya, la simpatizante de la humana humanidad.

*Hasta la victoria siempre ¿comandante?



Que manga de rufianes;
puteando a todo el mundo
sin decirle
-hey, que tal, que pasa imbécil-
al espejo…

A diario almidonando
su gesto corrector
de bienaventurada
ética
y moral.

Apurando,
dejándonos sentir al pedo
la inconmensurable sinfonía
de sus orgullos.

Son temibles estos tipos;
casta redentora
con ínfulas de Sócrates herido.
No perdonan ni a Dios padre
el uso humano
de la humanidad…

Nos quieren ver potentes,
celebres, activos, ilustrados
y, a ser posible,
muy contentos
de comer el nuevo pan…

-El que es distinto,
el de la igualdad-

Se sirven del status
para representar papeles marginales
que actúan de no actores;

Libertarios e idealistas,
confiteros chovinistas del avant garde…
Ten cuidado
no sea que te pillen
comiéndote un helado
y tú sin libro rojo,
ni proyecto,
ni morral.

Todos a sus ojos
somos copos de cagada
pendiendo de un gran culo…

Amenazan nuestras cobardías,
nos consuelan con indignos modos
la inasequible dignidad,
pero sobre todo dan de sí,
con optimismo,
su brillante misantropía.

No es orgullo lo que venden,
tampoco es bronca lo que compran…
es terror a declarar que han sido usados,
-del modo que usan ellos-,
por la impronta impersonal de toda vanidad.
Estrada.

lunes, 22 de abril de 2013

CamboyaLand X





La gente alegre…que tristeza.
***

No busques la paz,
la paz trae guerra…
Busca la fuerza.
***

Solamente dirán de ti
lo que te hiera.
***

Si algo queda de nosotros,
después de nosotros,
no será nada más
que tú y yo.
***

Indecencia es pasar por alto la muerte.
Y no matar a los que rebajan la vida.
***

No tengo más ingenio
que pedirle a Dios
no ocurra lo que se me ocurre
que podría ocurrir.
***

Es cursi,
pero al final se sabe
que no hay dolor en el placer,
ni placer sin dolor.
***

No siempre puedo ser el mismo
porque no siempre puedo ser otro
***

Yo soy la trampa.
Yo soy el chiste.
***

A la lealtad
se le interponen las propias ideas;
de ahí que el perro sea el mejor amigo del hombre.
***

Propongo a todos los infelices del mundo
un suicidio social.
Imaginen la infelicidad de los felices.
***

Yo nunca he sentido miedo.
He sido siempre un cobarde.
***

Habla en público
y el silencio de otro se hará…
hazte silencio a solas
y sabrás sobre lo que dice tu ruido.
***

No es por suerte
que mi suerte
no le preocupe a nadie.
***

Relájate, el mundo es imperfecto.
En todo caso tú
que no has dimensionado tus expectativas.
***

Toda mi vida la he pasado
en detención, bajo palabra
o en solitario.
Dígase que estoy al tanto de la persecución al hombre.
***
Omar Alej.

domingo, 21 de abril de 2013

Soy hijo de Camboya; la novia de mi alma.



“Mi alma es una raza desolada”
Juan Eduardo Cirlot



Me dejo el alma
en el croar
que emerge –sinfonía-
del príncipe sapo
cuando canta
que es cantante…

En los suburbios
donde ruedan las pelotas,
y los nenes se entusiasman
siendo ellos
otros tantos que no son.

Me dejo el alma
porque sí,
porque la tengo
y es de tan uso rudo
que me sirve
para ver los ojos avergonzados
de los conductores
de una línea que se curva
y se contrae…

En el tiovivo de los días de ayer.

En las góndolas
con las que surcan el futuro
los spoilers
de una rémora/alegría, 
imantada al transbordador 
de las rutinas.

Ahí me dejo el alma,
en la mordida
que al leer esto
quieres comerte de mi boca;
que es así,
si soy triste
es de tan bello…

En el cuerpo que acaricias
e incomodo
parloteándote en el vientre,
como un loco que dejaste:
charlatán en vías de trenes
y succión.

Que soy cobarde.
Que tengo ya una edad.
Que se fue mi juventud,
pero me dejó el alma.
Omar Alej.

sábado, 20 de abril de 2013

Clásicas mecedoras de 70 años; Modelo Camboya.

* Séptima entrega de "Cuentos para leer a Dante"




Golpe De Luz y Secreta viven en Ciudad de Arena, un laberinto en resguardo detrás de los bosques, y vecino a la selva. La mayor es ella, Secreta, que tiene setenta y dos años, en realidad luce mucho más joven que él, que tiene apenas setenta y uno. La edad en ellos jamás ha sido un impedimento para reconocerse aun más adelante; son lo que se conoce como un matrimonio de almas, de esos que son eternos y que no obedecen a lo interpuesto por las reglas básicas de convivencia. En algo recuerdan la juventud de los enamorados, ese secreto del baile de los dedos en la mano del otro. Ella lo besa, él se deja besar y son todo un beso. No han amainado, ni dado un solo paso atrás, de aquello que se sintieron unidos; la primera vez que a los ojos los hizo verse la lluvia que caía en una soleada tarde de abril.
Casi exactos, y casi cada día, a las seis de la tarde salen a su banqueta, y sentados en dos mecedoras se cuentan silencios delicados que ninguno interrumpe. Acogen con un amor de abuelos el movimiento incesante de las cosas y los habitantes de aquel lucido escondite les retribuyen el consuelo asintiendo cuando dicen de sí mismos amantes…Abrazan en el otro la mítica tarde de cuando, después de esperarse por años, se encontraron en un cruce de calles. Ella vestía de celeste y con mocasines color amarillo, disfrazada de nube. Él se cogía del sombrero y el viento parecía llevarlo de tan delgado, imitaba en su andar los modos de pepé grillo. Se reconocieron así, por el inmenso mundo en el que otra vez sentían el entusiasmo de irse acercando a las puertas de casa.

Aquel fue un encuentro sensible, rebozaban por dentro incrédulas voces y al exterior solamente un rubor delicado, que decía lo que había que decir sin miedo a callarse. El sueño de poder regresar admitía que todo ese tiempo habían estado hechos del otro, que se conocían y que reconocían en su encuentro un instinto de algo que veían venir, y ellos sin intensión de quitarse; uno en el otro era un toro que embestía y uno en el otro era la luz quieta que suspendía por encima de un desfiladero, haciendo señales…

Sin más explicación se sintieron cercanos. Las pecas y los lunares que habían intercambiado se saludaron con morbo, pidiéndose historias de aventura y peligro. Parecían adivinar lo que el otro pensaba y jugar a un cadáver exquisito invisible grabado con las palpitaciones, y exhalaciones, de un corazón que latía como un carbón que recordaba, de pronto, la forma enamorada de arder. Ya no eran del todo unos niños. Las sombras del rímel en los ojos pardos de Secreta le hirieron la cortesía a Golpe De Luz. Él mismo hubiese querido no haber salido de casa justo cuando la idea de marcharse lo cruzaba de nuevo con ella. Sin embargo ahí estaban, sucediéndole al taxista, al vendedor lotería, a las traficantes de algodón de azúcar y sobre todo sucediéndose en ellos como película mil veces vista, vívida.

Hoy están juntos, son celebres en el barrio por sus historias de amor. Se dicen –te amo- apenas se rozan. Se dicen –te amo- apenas se acuestan. Se dicen –te amo- apenas cierran los ojos. Se dicen –te amo- apenas el cuerpo del viento en su huida, y regreso, hace cantar a las aves. Dos viejecitos ahí, cobijados en un manto de amor luminoso que viene de todos los fuegos en la casa de todos los hombres.

Aquella tarde tratando de hilvanarse entre los azucares, el café, las galletas, el pedazo pastel de queso que Golpe De Luz no tocaba, por la frambuesa. Apresurándose a vaciar el contenido de las palabras, amando aquellos nervios genuinos que da la vida. Sin darse cuenta ni de las sombrillas, ni de los remolinos de viento que iban bordeando los caminos que transitaban las palomas. Una bandera hondeando en el fondo no podía conquistar aquella patria poblada por dos extraños reconocidos. Sorprendiéndose de no haberse sorprendido antes por la gente que andaba vestida de primavera; benditos y alegres en el frio inequívoco que traía la visión de un futuro a todas horas verano, bosque, arena y tormenta. Futuro que fue un presente, para nunca jamás y mañana.

Bailan algunos ritmos pasados, invocan el tam tam de las entrelineas. Él ama que ella se descuide e ir atrás para hacerle un caballito de madera en su taller de carpintería. La divierte montando y diciendo que la salvara de las garras de ese huraño señor que la utilizó para salvarse de él. Pactan cartas en sus aniversarios, ella aun lo tiñe de calma cuando a él le vienen de sus cicatrices las heridas y se va por ahí sin saber contenerse. Que está todo bien, que lo espera y que espera también que cuando vuelva la cocina este limpia y haya ordenado su colección de estampitas de guerra.

Fue mucho más que saber cómo estaban. En realidad fue admitir que no sabían cómo estar; algunas vidas se viven tan simples que uno confunde la condena con el bienestar. Viéndose de nuevo esas manos, intentando disimular el ímpetu de las caricias. Lo que el tiempo había gastado en sus cuerpos, la gravedad de las culpas que se liberaban de ellos, sintieron miedo de no correr aquel riesgo. Esa penumbra que ambos llevaban era la trama perfecta para una historia que en ellos jamás había tocado final. Se devolvieron la risa, la que él guardaba de ella…la que ella había dibujado en el rostro de él.

Un poco tal vez los aqueja la arbitrariedad de la salud. De ahí que Golpe De Luz solamente fume a escondidas, de ahí que Secreta le cambie la carne roja por soya en la lasaña que le hace cuando él cita, para Secreta, el polvo enamorado de Quevedo.

¿Fuiste alguna vez a Paris? ¿Besaste alguna vez bajo una luna roja? ¿Te metiste desnudo a nadar en el mediterráneo? ¿Te dejaste tocar una canción en el Ritz? ¿Te arrestaron en marruecos? ¿Viviste en un estudio de pintores en New York? ¿Has visto Rango en italiano? ¿Cuantos días a la semana te despiertas buscando realizar un sueño? ¿Tiene algún significado que sean, justo ahora, las dos de la mañana en el Big Ben? ¿Pasaste algún invierno en el ártico? ¿Has ido hasta el Brasil a beber ayahuasca?

La otra noche Secreta estuvo enferma. Golpe De Luz pasó cada minuto al borde de la cama contando para ella las estrellas, después a la mañana, cuando ella no despertó, él corrigió la cuenta de dos estrellas a setecientas setenta y siete, más una.

Me engañaba queriendo parecerme a Bogart. Nunca me mude de la ciudad. Todo el mundo es un voyeur. La estricta etiqueta me saca ronchas. Soy un liberal muy de conservarse. El olor a plomo me produce arcadas. El único western que soporto es sin perdón. El médico me ha dicho que intente descansar. Los ingleses más que de humor van de ginebra. A mí me da frio de adentro para fuera…

Imaginé que regresabas a casa.
Omar Alej.

jueves, 18 de abril de 2013

Citizen zen de Camboya.



Hoy de qué escribir
si sale el sol
y hasta yo lo veo;
febril…

Me hace cantor de mis huellas
y en la tierra un secreto
se hace raíz,
y en el espesor de sus ramas
sonoriza el aire.

Como formular un desafío
si estoy en paz:

Y aun con sed,
y aun con hambre,
y aun en guerra…
aun en paz.

A dónde dirigir
el rigor de mis evasivas
si soy el blanco exacto
a donde la vida se clava,
absoluta.

A quien transferirle mis culpas
cuando el verdugo también
me declara inocente;
vuelvo darle la cara
a todo aquel juez
que me sentenció al escarnio…

Me rio con ellos de mi,
no es menester
tener más sentido
que una boya pendiendo en los cables.

No soy libre,
la libertad es saberlo.
Omar Alej.

miércoles, 17 de abril de 2013

Camboya, aleluya...por Dios!




Tengo algunas formas de llorar
como ponerme en pedo
y cruzar las avenidas
entre los autos que vienen contrarios a mí
tocando sus bocinas;

Algunos cortes en el alma
y todas las vidas vivas
dentro de mí…
Algunas lluvias.

La insonora realidad
de mis recuerdos
masacrando la estadía
entre nosotros
y ese fuego que yo he visto
abandonado aquí en la tierra…
y preciso.

Decir mañana
de nuevo
y nada…

Las palabras que sostengo
entre las manos
se me han ido
ya hace un tiempo;
hilarantes en la esperma
de un ciclón manufactura…

Deambulando por ahí.
Me he perdido.
Buscando una sombra que me sigue.

El cielo roto
que se ve desde la luna
es un hombre arrodillado
con los brazos en cruz
sin dios alguno.
Omar Alej.

martes, 16 de abril de 2013

Camboya; la historia de una canción que pudo haber sido una mujer.





No lo hagas varón,
no me digas lo que ya se.
No hace falta
que vengas aquí
a ocuparte otra vez
de cerrar las ventanas
por donde da la corriente,
que se muere de frío,
volviéndome helada.

Yo ignoré
de ti
el sutil arte de dejarte crecer,
para mi, las manos…
conseguí ser como me inventaron
y con tu voluntad
persistí en ser esclava.

Violenté la nobleza
con la que limpiaste el encaje
de mis alas roídas;
que infeliz
que ni así te sorprenda
ese sitio común
en el que quiero tenerte.

Eres bueno canalla
con tu propia materia
le das vida
a mi composición de la luz
y me besas la frente
dándome un dios
que evite que me tiren más piedras
de las necesarias.

No moriría por ti
y lo sabías;
-de matarte solo puedo decir
que la muerte es puntual-
no dejaría jamás de buscarme
por haberte encontrado…

Ya ves, es verdad,
para mí el amor
es amar lo que esta
en otro lado…

A ti te toca
mantener el aire de lo que transcurre,
sentarte a callar
lo que es evidente
y destilar de nuevo tu memoria
en una copa de aguardiente
con melox.

Hace bien tu elegancia
en no terminar
con todo aquello
que te he dejado a medias;
perdonarte
y saber que en el mundo
basta medio minuto
para que la historia entera
de la eternidad se termine.

Falta de talento,
sin brillo,
y sin la decencia necesaria
para devolverme
lo que tú me has dado,
voy a darte
antes de irme una palabra.

-Créete que es mía a ser posible-.

Maria Morla.

lunes, 15 de abril de 2013

El sueño húmedo te lo haces en Camboya.





Te descubro desnuda
y entera toda eres la selva,
corteza y rugido,
inhóspita calma.
El primer río que irrumpí
con los ojos abiertos
para ver bajo el agua.

Temo,
en ti todo luce como alhajas.
Abres la duda
como el libro de ciencias
al que dormí abrazado…
después de saber
que el universo se expande
y que en el cosmos también
una fuerza contra otra fuerza
al chocar se transforma.

Te subo
y recreo
los juegos de los marinos
y los agentes secretos;
la damisela en peligro,
algunas veces, no es otra cosa
que un minuto a esperar con paciencia.

Verte voltear,
imaginar imposible
imaginación que no te imagine…
la pregunta que no pregunté
cuando el maestro de biología
mostraba indecente
una vagina
que a decir de la ciencia
no tenia entre el ovario
y la uretra
ningún sentimiento.

Que eres pecado
me dice la sangre que haces manar de mi boca
-entrecortada
e invocando a Dios por lo bajo-.
Yo me alisto
para irme al infierno
y regreso a donde -tal vez fueses tú-
miré por milagro a una niña
que me miraba sobre el rubor
de ambos pechos.

Me dices que vienes,
te sostengo
y espero;

Apretada en mi mano
tu mano acaricia
las ganas primeras
que sentiste al sentir
que nadie miraba.

Aliviándome en ti
realizo uno a uno los besos
que el espejo advertía
no sucedían
a los hijos bastardos
de la ambrosía y el apuro…

Se me llenan de viajes
mis equipajes
y documento un enigma
que resolví
al ser recibido por ti
en la estación de los trenes de ida.

Avanzas,
de regreso de allá,
a donde llegamos.
Yo ahora duermo
y sé que soñé
haberme quedado dormido
aguardando a crecer
y alcanzarte.
Omar Alej.

sábado, 13 de abril de 2013

Ellos, mis amigos. Los primeros habitantes de Camboya.


al Negro, al Trust, y al Danielo.


Ellos son la casa grande
del deshabitado,
la verdad que escucho
cuando el resto mueve los labios
haciendo ruido…

Me dejan que los traicione
porque son fieles
a esas lealtades
que a suelo oculto
me vencen siempre.

Son el destino
y esa brusquedad
que buscan las cometas,
cuando la tierra se ha roto
y el enigma del viento
se retuerce de indumentaria…

Héroes que sudan,
que han abultado las panzas
con la sensación de un hambre vencida
y que los mira cautiva
esperando volver
a subirles por el gaznate;

Aprendices
de las escuelas de antes,
pubertades prolongadas
que firman números rojos
en la banca de besos,
sin escatimar en excesos.

Yo soy de ellos, de ayer,
de cuando el mimo del parque,
de cuando busco el amor
en las bestias
que tienen miedo de amarse…

Apuesto, sí.
Por la memoria
con la que me hacen futuros.

Son ajenos de la prisa
y sin mostrarse aludidos
son los que llegan primeros
a los posibles finales
de la historia que cuento;

En ocasiones, por cierto,
se me aguan los ojos
de verlos de frente
y sentir a la vez
en mi espalda
el consuelo que dan
con la daga en la mano.

Son ellos la luna en que vivo,
el brillo de espanto
que tenían para mí
las estrellas.
Omar Alej.

viernes, 12 de abril de 2013

Ser Ricardo Darín; un sueño camboyano.

*sexta entrega de "Cuentos para leer a Dante"



Valerio Candombe confía. Este verano dirige la orquesta en un crucero a través del Caribe; tocan danzones, tangos, rumbitas y si la cosa se anima también boleros, rancheras y algún que otro cuplé pensando en santa Sara Montiel. También es torero y Belmonte es un recuerdo con el que se habla de usted, aunque sí se tutea con Luis Miguel Dominguín.

Tiene las manos grandes, azabache el cabello, siempre erguida la espalda y unos ojos pequeños que desaparecen cuando en el rostro le brilla una sonrisa traviesa. Él mismo no sabe si asiente o reniega cuando le llaman maestro. De todos los instrumentos su favorito es el banjo aunque él lo que toca es la flauta; algunas veces se hace valor, y si la luna no sale, se anima a dejarse llevar por las manos de un piano. Lo hace solamente si nadie le escucha –no querría- se dice –desmusicalizar el silencio-.

A su alrededor hay un aura de mitos y fantasías. Dicen de él que se vio a los ojos con Dios. Que se cruzó a la locura sobre una liana y sin ninguna red protectora; que va y viene sin plan o conciencia, sencillamente ya es cualquier cosa que él sea. Lo han visto –aseguran- pactando tablas en Managua con Sandino, jugando al tenis con Brigitte Bardot e incluso haciendo de nativo Congo en una peli de Andy Warhol patrocinada por campbell´s. Cualquier imposible de otro en él es posible.
La primera vez de su fantasía personal la vivió deambulando a la orilla del Sena. Era su primera noche en París, por eso quiso salir y bautizar en francés el sonido de la flauta traversa, de plata, que le había regalado su padre. Su madre había muerto al darle a luz –justo en ese preciso momento de conocerte y verte a los ojos- le contaba el abuelo y a Valerio Candombe le hacía gracia el consuelo que la memoria daba a la pena. 

Por todo aquello fue que se fue para el mundo. Por todo aquello fue que cuando una sombra impecable le hablo en castellano no advirtió, ni quiso advertir, lo inconexo de aquellas posibilidades; vestido en puntual etiqueta y abrigado por un Milford de Belstaff el extraño sujeto le pidió que tocase una nota cualquiera y que a cambio tendría un solar azul habitado por velas encendidas.
Valerio Candombe sintió un pánico alegre. Le removió por dentro el aplomo de aquella figura que no podía distinguirse y advirtió todas las dudas como a un destino inscrito en la brújula y no en el mapa. Se dijo al agua Candombe y con un Do sostenido de pronto se hizo alcanzar por los barítonos del eco en un bosque. Desfigurado en él mismo, sintiéndose otro, dejó de tocar y enfrentó que no estaba dormido, ni en parís, ni a orillas del Sena…
No quiso ser héroe, no todavía. Guardó, para impulsos después, al ansia exploradora de sus zapatos de gamuza azul marino. Aun con la boquilla en los labios, Valerio Candombe, se vio inmerso en una tupida maleza y rodeado por aves pequeñas, y extrañas, que le imitaban el sonido a su flauta. Abogando a la desproporción de una situación como esa, volvió a llevarse la flauta a la boca y cerrando los ojos sostuvo la misma nota esperando encontrarse, otra vez, en su histeria de origen. No sabía todavía que nunca se vuelve, que el mismo sitio no existe, y tampoco fue que aquello le resultara un peligro. Lo malo fue que no sospecho de las variantes en el resultado de volver a tocar la flauta; apareció en mitad de un palacio donde en su honor celebraban un baile. Lugar donde él tenía, sin saberlo, en sus hombros el peso de elegir una esposa que fuese además merecedora de ser monarca de aquellos reinos.

Le sirvieron champagne, lo trataron de su majestad, le hicieron venir danzarinas que le bailaran los siete velos, -alguna droga le ofrecieron, pero el cuento es infantil- y le corearon canciones que hablaban de él…
A pesar de lo arduo de la reverencias, del modo litúrgico de las pasiones, no se lo creyó siempre. Si pensó que podría acostumbrarse, en todo caso un ocio, en él inaudito, no le era razón suficiente para rajar sus banderas en rojinegro. Se satisfacía tomando aquello por broma, evitaba alienarse encontrando en pose una gracia teatral…El desfile de candidatas aun estaba por la mitad cuando vio a un niño jugando con su flauta de plata, recordó que no era él quien tenía que elegir y al mismo tiempo sintió a su alcance el poder  de viajar y de ser, para siempre, siempre otro sujeto. Siendo aun rey hizo traer a su presencia la flauta, el toco motivado por su próximo viaje e imaginó que esta vez podría ser  comisionado en sierra maestra o un piloto de la fórmula uno.
Sin embargo el destino, con su insondable manera de darse a saber, lo dejo solo en mitad de un desierto con tormentas de arena; la fuerza y precisión de los vientos lo hicieron ceder y voló por los aires, como un bola/papel, perdiendo su flauta. No podía ver, no podía gritar, no podía tragar saliva y no podía ni pensar. Después desmayado, su cuerpo sobre una duna, fue acariciado por los rayos del sol y escupiendo la arena tragada vio que estaba a la sombra de una puerta cerrada en mitad del desierto. Era una puerta sin más, como abandonada ahí y de pie. En realidad no pensó en abrirla, sin embargo era tanto el apremio por salirse de ahí que no pareció mala idea buscar en la puerta otro pasaje mágico; giró la perilla cruzo la línea del marco y nada, solamente estaba del otro lado. Maldijo en el idioma que le permitía su debilidad, escribió su nombre en la arena con el dedo índice y aunque la costumbre le quemaba no se giró al cielo pidiéndole ayuda. Se dispuso sin resistir a una suerte fantástica e incluso, cuando su agonía, de primeros amores, de rostros en tecnicolor, de dioses y diablos, se cruzó con el sonido de su flauta  rió por la cómica semblanza que daba un solo momento de todo lo que llega a ser el infinito…
Intentando ignorar el relieve sonoro que hacia la flauta sobre el silbido del viento Valerio Candombe soñó con huellas de camellos que irían en caravana cruzando la arena, y poniéndolo a él como un bulto otro en la carga. Con destino al corazón del Sahara él se iba soltando del pulsar de la vida teniendo como pista soundtrack el Do de su flauta. Humana fue la sorpresa de abrir los ojos y ver en vanguardia, de cuatro talibanes, a una espía rusa de la kgb tocando en magrebí el día que me quieras. Por parte de él la historia estaba resuelta, aunque sin resolver. Prisionero o rescatado tenía que irse de ahí. A tantas horas de sueño la historia de otros parecía demasiado real, para creerla. Opto por quedarse al cuidado de sus captores: al descuido de sus salvadores. Se hizo la mula rejega cuando le querían despertar, aun dormido bebió toda el agua del Cairo y saboreo como no creía posible el roce de las telas llevadas por sus, hasta entonces, enigmáticos bienhechores.  Sin embrago Turín, la espía rusa que tocaba la flauta, sospechando de él le dio a comer un caviar. Con los dedos dentro del frasco, la mirada un poco enloquecida, y degustando el sabor con toda la boca, pudo verse en él, más que mejoría, poca vergüenza. Turín le devolvió la flauta sin mucho pensarlo, le contó como la recuperó de unos traficantes de tela extranjeros y como, de no haber sido por ellos, él habría muerto en medio del desierto sin que nadie se tropezara jamás con sus restos. Le dio a beber vino y a leer un manifiesto comunista de la vieja unión soviética –te servirá como fuente de eterna duda- le dijo.

Dada la hora de pensar en volver todos los demás dormían, la luna enrojecida venia desde Bagdad. La flauta brillaba entre sus manos y aun así él solo pensaba en el brillo de los ojos detrás de los parpados de Turín. Quedándose viendo como cerraba los ojos silbó una delicada melodía, que inventaba persiguiendo los rumores del desierto. Ella abrió los ojos y le pidió que tocara; sin querer despertarla del todo, contrariándola, toco plácidamente, con los ojos abiertos y viéndola desaparecer. El resto de la compañía se borro sin más, solamente ella se hizo como un ectoplasma que se negaba a borrarse de su imaginación…de su memoria. Las lágrimas más plateadas lloró aquella noche, para después…
Caminar erguido. Habitar en cuevas. Descubrir el fuego. Cerrar la rueda. Edificar mediante aplausos el uso de la pólvora. Sembrar cimientos en forma de semillas. Besar su reflejo en el rio. Alarse y quemarse en el sol. Subir una piedra hasta la cima de la colina, y volver a subirla. Cazar jabalís en el monte parnaso. Morir en la cruz. Resucitar al tercer día. Prenderle fuego a Roma. Hacer pasar por muerte su amor con su amada. Conquistar las Américas. Combatir contra gigantes molinos. Liberar las cadenas. Esperar a Godot. Bombardear Hiroshima. Llorar como un niño lo que no defendió como un hombre. Encontrarse en la casa de Bernarda Alba. Cantar let it be like a rolling Stone. Singin'in the rain.

Hoy han pasado Bio en el History Channel. Mañana será el cumpleaños número dos de Valerio Candombe y su padre, llevándolo cerca de él, le ha susurrado al oído –de mayor podrás ser lo que tú quieras-.
Omar Alej.