viernes, 22 de febrero de 2013

Nocturno de Camboya imitando a Moris Birabent.





Moris subió la cuesta.
Pinchó el volumen a los llamados
que le hacía la sangre,
acostada con las manos propias
a los pies de las puertas cerradas
de un cielo
en dirección contraria.

Se intrigó
en el efecto de sus intrigas
y al morder una espiga de trigo
dedujo que el sabor amargo
de aquella puesta de sol
no era otra cosa
que el brillo azul
que nunca había tenido la tierra;

Bañado de plata,
con el sudor
de sus contendientes,
pudo alar la voz de la lira
y como rompiendo sus pasos
clavó dos rodillas
en su falta de fe
y echó a rezar,
con onomatopeyas,
por el bien
de los enemigos que huyeron.

En él se cimbraron
los abandonos
que repicaban en las campanas:

Gritó por la bandera extraña
y la besó
quemando su duelo
con el chispazo de media lagrima,
en una copa de licor…

Falto de aire,
apresado por los nudos
que el vaivén de las fronteras
ponía en su garganta,
volvió la cara
y los caminos a su espalda
dirigían el horizonte
rumbo al pasado.
Estrada.

No hay comentarios: