lunes, 25 de febrero de 2013

Camboya, tan tan. Tan en guerra.



Que libre la guerra
de sus alas y esperanza;
-viva, usted.
al margen
de la muerte que mate-

Campana loca
de liturgia
y multitud:
tan tan aquí,
tan tan allá.

Tan en toda fortaleza
y esconder de ella
al menos un mínimo sitio.

Para la afectiva vecindad
hizo las cercas,
la privada impropiedad,
la hoz
y los martillos.

Con tal de no pulir
el díscolo rojo de la sangre
probó, en carne ajena
y propia,
el brillo del incesto.

Y no fue amor,
ni presencia
dádiva de la costumbre;

Aquél galope
fue romperse
y como partícula al viento
otra raja
en los horizontes corrugados
tras el polvo.

En todo arde.

Con su filo de cintura
late como un corazón vivo
en quien no advierte
a ningún otro…
desde el alba
hasta el camino
que se oculta,
a donde no mira la luna,
previene de su hambre
a los hambrientos.

No así la calma.
La guerra es la fe de Dios
en la humanidad del hombre.
Estrada.

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