jueves, 28 de febrero de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Epístola a una pistola camboyana.


Dear…



Espero que sepas que nunca sabremos nada acerca de nada. Que a pesar de los intentos más desesperados, nunca me quitare de la piel la promesa de un beso con la que solías despedirme ,cuando hacia frío y encontrabas tú la lumbre ahí donde ambos comprobamos que el hielo quema. Que después del rumor de arenas que nos encontraba a las tantas, con la prisa presagiada en el reloj; sin advertir nosotros lo que de ti y de mi se había perdido en el tiempo, no volví a pisar las nubes. Ni a cantar para que lloviera.

Por entonces juntos, era una cuestión de tino. Pasarelas privadas de pasados gastados. Sufrir más que tú fue sufrir, ya no hay duda de ello. Quise venirte de antes, como un amante precoz. Tú venias de después, como una navaja cerrada.

Es verdad que no iremos más juntos al cine; buscando en la gran pantalla algún refuerzo y alguna duda. Detrás de este café, que me ataca como un miura, suelto también el inacabable camino que transitamos arduos de palabras y silencios. Ojala aun alguna fotografía prevenga de lo que nos queda después del futuro. No sustituir la sopa con alhajas y mucho menos dejar salir el sol sin devolver la luz a quien brilla en nuestro nombre.

Que Pessoa sea aun Pessoa, y en honor de todos los libros no almacenar almanaques de todos los años en los que supe escribir que yo no escribía…

Contarte que, como casi siempre, volví triste de aquellos aparadores de zapatos. Qué fina la silueta del olor y qué ajena la madera de sus suelas. Son simplemente, y simplemente también mis pies desnudos en ellos se alán sin ningún tipo de prudencia. Me hago el bobo. Intento consolarme de la indiferencia que hay en el orden perfecto de las cosas…

Aun parte de mí no sale nunca de la cama –ya te estarás dando cuenta-.

Por la mañana tu aroma a maíz dulce. Durante el abrazo tu calor de lago. En la comida tu apetito de niño. En el sueño tu pesadilla de amor. En los colores la sinfonía de las luces y en el mundo ese otro mundo que con tus pasos ya andas…En el sonido la brutal conciencia de la estupidez propia y ajena. En los tendederos de las azoteas un suicida aspirante a corriente eléctrica.

Bien. Orgullo. Por encontrarte y no verte, por entrenar mis ojos. Por sospechar ahora de todas mis certezas y devolverte la afrenta. Preguntarme si aun guardas el corazón bajo la almohada, temiendo hacerle ruido y que dispare. No saber si aquellas manos se resienten, como impulsos animales, en tu cuerpo y contra tu voluntad. Si sigues loca negándote a la magia de la fantasía que no logran ocultar todos los engaños. Si aun defiendes aquel infame cuestionario al que antes te somete cualquier simpleza…

Por preguntar, pregunto. En qué canción de qué concierto debo imaginarte. Donde tributaras tu temeraria forma de conducir. En qué hombre, de qué cuarto, de qué hotel te confundirás de nuevo en el camuflaje. Cuantos minutos más piensas derretir, cual Dalí, pretendiendo que al llegar no queda nadie. Buscaras ahí, en la alevosía, tu papel.

Debe ser que nuestra historia no se cuenta con cuentos de gracia aciaga. Debe ser que estas esperando por que suenen las alarmas y yo vaya ligero, como dijo C.Garcia. Cuando atorrante, el cielo, no escuchó lo que yo no quería creer… No perdono, no tiene caso ahora hacerlo. No pido perdón, en todo caso hay más que inocencias o culpas.

Ya es mañana y en alguna mesa para dos tú te estas distraída en el salero. Todo aun queda de los auditorios, las plazuelas, los bancos, los lujos, los estribos y las carreteras. Todo inamovible vive ahí. Continuando para otros, ahora ya. Sin nosotros.
Con amor
Omar A. Estrada Amavizca.

martes, 26 de febrero de 2013

Camboya, un viaje del Norte al No Sur.





Se acumula la tristeza.

Vicias por aquellas lágrimas
que al no entender muy bien
las estaciones,
y los trenes
que aún no descarrilan,
por votos de paciencia,
se contraen al borde
de las pupilas,
como una nova arrepentida;

De un pozo seco brota
la veleidosa sensación
de una nube de recuerdos
que hoy son tuyos
y que mañana serán
sin haber sido antes.

Te abres,
ya sin capacidad de impacto,
al brío
de las palabras aplastadas,
bajo su propia y negra sombra,
por pasos
y quietudes
sin retorno…

Te haces en algo
sujeto de estirpe
y cuentas por ahí,
mientras pisas un charco
en franca agonía:

Los dedos que aun te quedan,
las ganas de tus manos,
-Mentiras-
y lunas brillantes
que también
como otras vidas
se te niegan
y te han abandonado
con brotes de acertijos
en la espalda.

Entonces,
dando igual
si es catorce;

Si de martes a trece
existen setenta y siete...

Importando
menos que cero
la densidad de los planetas
que como tumores
brotan del cielo franco
que viene encima,
con todo el peso
de una expedición de almas,
sobre ti,
cuando amaneces…

Te dices que está bien
aquel mudo cantante
y que bien, también,
la milimétrica variación
en el orden sustentable
de las hormigas obreras;

Dejan de estar cerradas
las monjas de clausura
y las prisiones…
hasta un botón de azufre
huele a rosas
y de cualquier forma
no te basta con callar a tiempo.

Ya sin juego,
y confinado a vivir confiando
en los poseedores de alas,
te acostumbras sin hechizo
al truco trashumante
y viajas por quedarte:

De tu propia calavera
a cualquier otra…
después de todo.
Los milagros no suceden
a este cuarto.

Para dar en si
volutas filosóficas
de fotosencillez,
ante la maleza
del paraíso perdido,
antes es imperativo
que un gato haga mutis
andando con tres pies
sobre la ruta.

Donde no te escucha dios,
y para qué –tú piensas-
si él no tiene quien le hable…

Se infectan de ti
las panaceas
y vuelves silbante
a por el mismo amor
que subió en sus aguas
y traerte acá
de donde no ha salido nadie.

Estrada.

lunes, 25 de febrero de 2013

Camboya para el loco, le prende fuego, y lo cura.



Para el loco; locura es una enfermedad que no necesita cura.
Para el cuerdo su enfermedad lo cura.
O.a.


Camboya, tan tan. Tan en guerra.



Que libre la guerra
de sus alas y esperanza;
-viva, usted.
al margen
de la muerte que mate-

Campana loca
de liturgia
y multitud:
tan tan aquí,
tan tan allá.

Tan en toda fortaleza
y esconder de ella
al menos un mínimo sitio.

Para la afectiva vecindad
hizo las cercas,
la privada impropiedad,
la hoz
y los martillos.

Con tal de no pulir
el díscolo rojo de la sangre
probó, en carne ajena
y propia,
el brillo del incesto.

Y no fue amor,
ni presencia
dádiva de la costumbre;

Aquél galope
fue romperse
y como partícula al viento
otra raja
en los horizontes corrugados
tras el polvo.

En todo arde.

Con su filo de cintura
late como un corazón vivo
en quien no advierte
a ningún otro…
desde el alba
hasta el camino
que se oculta,
a donde no mira la luna,
previene de su hambre
a los hambrientos.

No así la calma.
La guerra es la fe de Dios
en la humanidad del hombre.
Estrada.

sábado, 23 de febrero de 2013

CamboyaLand.





Me acepto.
Este que soy yo
no acepta a nadie.

*
Peor que nada
es poco
ó
algo parecido.

**
La puerta siempre abierta;
seguro de poder irme
cuando alguien entré.

***
La multitud no previene el vacío.
Lo divide, consuela y reparte:
lo democratiza.

****
No quiero todo de ti.
Quiero darte nada.

*****
Sucederá que un día,
habrá en el mundo gente tan buena como yo
y disculpara mis maldades.

******
Por fin…aquí me quedo.
Amavizca.

viernes, 22 de febrero de 2013

Nocturno de Camboya imitando a Moris Birabent.





Moris subió la cuesta.
Pinchó el volumen a los llamados
que le hacía la sangre,
acostada con las manos propias
a los pies de las puertas cerradas
de un cielo
en dirección contraria.

Se intrigó
en el efecto de sus intrigas
y al morder una espiga de trigo
dedujo que el sabor amargo
de aquella puesta de sol
no era otra cosa
que el brillo azul
que nunca había tenido la tierra;

Bañado de plata,
con el sudor
de sus contendientes,
pudo alar la voz de la lira
y como rompiendo sus pasos
clavó dos rodillas
en su falta de fe
y echó a rezar,
con onomatopeyas,
por el bien
de los enemigos que huyeron.

En él se cimbraron
los abandonos
que repicaban en las campanas:

Gritó por la bandera extraña
y la besó
quemando su duelo
con el chispazo de media lagrima,
en una copa de licor…

Falto de aire,
apresado por los nudos
que el vaivén de las fronteras
ponía en su garganta,
volvió la cara
y los caminos a su espalda
dirigían el horizonte
rumbo al pasado.
Estrada.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Camboya entre sueños ó pesadillas.


Picture By: Amazing NauFraga.

Te soñé en mi sueño.
vestías un desnudo blanco;
imperceptible tal vez
para unos ojos demasiado abiertos.

Te apetecía coger las burbujas
y ponerlas a hervir
cuando por fin respiraron,
no fue cuestión de apatía…
tenias algo en el alma
y lo hiciste volar.

Todo contaba
en aquel pequeño baúl:

Tres carpas de circo,
una oficina del P.E.T.A.
Y en menos tres cuartos de hora
las seis de la noche.

Y aunque de sueños
yo solamente sé pesadillas
te dejaba hacerte de harina
y comer de las cortezas
una capa de musgo
que a decir de una alcachofa
sabia a carbón liso.

No sé si eras tú,
pero te vi trajinando
y venias de oriente.

Tenías su cara,
su olor,
y esa marca de alubias
regadas por toda su espalda;
podría ser que no fueras
además nunca antes te vi.

La espuma bajó
y los rayos de fuego
abrieron en dos
mis aceradas pestañas…
desperté
y vi que tu rastro
se había ido quedando en la luna,
dejándome huellas
de nada de ti.

Invoqué una señal
que se hizo pregunta.

Jamás contestaste.

¿Qué opinión te merece
una mujer
a la que nunca
he adscrito a un poema?
Estrada.

martes, 19 de febrero de 2013

En Camboya Nick Cave es la muerte.




Cuando muera
echare de menos las estrellas;
la muerte que se presagia en la luna.

Me harán falta
las noches abiertas
de esos sitios del mundo
donde no queda nadie.

No sabré reír
sin las cosquillas
que me dan los poetas
-Cuando les vuelve
la sangre al alma
y llaman flores
a las espinas-

Querré regresar
para un penúltimo tango:

Desabotonarle la urgencia
a una plegaria
y echarme a llorar
por la última lagrima.

¿A dónde estarán
las abejas
y la oscura mirada  
que oculta ella
para verme,
en algo, brillante?

Entre la suerte
que a mi toque,
después de muerto,
pediré,
por momento alguno,
volver a tener
la risa que da el desencanto…

Abrazar las cadenas
que rompen los barcos
al naufragar en los bares;

Comerme a puños
el humo
y respirar el néctar
del fruto podrido
que vive en las calles.

Nacer de nuevo tal vez
y echar de menos morirme.
Omar Alej.

lunes, 18 de febrero de 2013

En Camboya un miedo frío.




Temo al mar cuando está en calma.
Temo al día cuando no es noche.
Temo por la vida de los muertos.
Temo lo que dejan las horas que no vienen.
Temo del pudor en el deseo.
Temo de la fuerza en las raíces.
Temo del sueño en la pesadilla.
Temo de escuchar cuando el silencio.

Temo del principio en el final.
Temo de la guarda en el peligro.
Temo por la tierra en Dios.
Temo por Dios en el hombre.
Temo del universo en el átomo.
Temo del espíritu en la molécula.
Temo del dos en el uno.
Temo de la sangre en los colores.

Temo de la amargura en la miel.
Temo por la cama en el desnudo.
Temo por la sima en el cielo.
Temo del desierto en la arena.
Temor por lo que los ojos no sienten.
Temo por lo que predican las verdades.
Temo aquí abajo por los de arriba.
Temor por las profecías,
hasta hoy.
Estrada

sábado, 16 de febrero de 2013

Camboya; un pensamiento cruzado.





Pensando en ti;
que no hostelero del vértigo.

Pensando en ti;
que no echándote de menos.

Pensando en ti;
que no desnuda.

Pensando en ti;
que no fiscal de la memoria.

Pensando en ti;
que no por ti.

Pensando en ti;
que no un rezo pagano.

Pensando en ti;
que no escribiéndote.

Pensando en ti;
que no lloviendo.

Pensando en ti;
que no juez y parte de la culpa.

Pensando en ti;
que no soñando en tecnicolor.

Pensando en ti;
que no mejor.

Pensando en ti;
que no en las líneas de tus manos.

Pensando en ti;
que no en mi sexo.

Pensando en ti;
que no aludido por el silencio.

Pensando en ti;
que no quizá…
que no tal vez.

Pensando en ti;
que no solemne.

Pensando en ti;
que no imantado.

Pensando en ti;
que no a lo lejos.

Pensando en ti;
que no llorando.

Pensando en ti;
que no escondido.

Pensando en ti;
que no la luna en vela.

Pensando en ti;
que no en desuso.

Pensando en ti;
que no acabado, ni después.

Pensando en ti;
que no en amor.

Pensando en ti;
que no pensando.
Pensando en ti.
Omar Alej.

viernes, 15 de febrero de 2013

Camboya; un extintor caliente.



Si estas calientita.
Si te falta un beso.
Si te da la fiebre.
Si te escuece el cuero.
Si te haces de vapor.
Si te llueve dentro.
Si te quema el frio.
Si te nubla el ron.
Si te das mojada.
Si quieres dos remos.
Si te mueves cual serpiente.
Si al estar desnuda lo desnudas todo…

Si cuando tú hablas
sí se caen las hojas.

Si tu tacto es dócil.
Si tu boca ríe.
Si tu rigor quema.
Si no tienes alas.
Si respiras bajo el agua.
Si no sales con el coñazo del amor.
Si te pone ponerme.
Si te alistas con guisantes.
Si te place del placer lo doloroso.
Si te aburres de aburrirte.
Si te alegras en el gozo.
Si echas de menos estar loca.

Si a tus tetas
sí les va la primavera;

Yo te incendio,
y te apago,
mamita.
Bar Va Jan.


jueves, 14 de febrero de 2013

Viviendo en Camboya con el Cardumen intrascendente.



No necesito la confirmación de nadie. La verdad soy yo; al uso y respirando.

***

El universo sabe que un hombre trasciende cuando es olvidado; son las glorias personales las que posponen la vida.
O.a.










* Fotografías por Mirza
(malos) Tratamientos por Omar Estrada.



miércoles, 13 de febrero de 2013

Camboya; imagen teórica de la práctica de cuerdas.


A la dureza de un obturador.
Picture By: Theoretical NauFraga

La imagen cayó rodando
por escalones de nubes,
se supuso un acierto
y determinó tener acabado
e inmortalizar un olvido;

Arrancó, por nato apetito,
una costilla de cada espejo
y preguntó sobre los cierzos
que se habían ido
buscando olas para luchar
contra la avanzada del tiempo.

Encontrada, arrugas después,
en el desfile,
y sin ser colgada en la pared,
procesó los extractos de plata
y se puso a beber de una ánfora
la cicuta del día de mañana:

Probetas con luz neón
de algo en sanscrito
grabado en torre Babel.

Cuando apareció,
después de ordenar
champagne con ostras,
el adivino predijo:

“Dios falla, el universo falla, el mundo falla, la humanidad falla y cuando el hombre falle. Habrá sido todo.
Cuando la esclavitud fue abolida el pensamiento general era más bien de lo que no se debía volver a perder. Ninguno entendió que aquello era lo que no se debía volver a tener”

De escuchar, no escuchó más.
Llamó su atención una postal san Valentín
que tenia escrito, en un fondo satín:

“enfermo por ti,
se hace más sano
el negocio de la salud.”

Tal vez reía
nunca lo supo…
quizá nunca fue más
que todo aquello que no sabía.

Se echaba al mundo
por llegar a verse
y llegaba tarde;
ya nunca era.

Es verdad que vivió sin sueños,
pero nunca se sueña
sin estar vivo antes.

Así que después,
con los platos del plano abierto
y la sopa fría,
la imagen nació
de un altercado que hubo
entra la rancia osadía del hombre
y la obtusa palabra de una mujer;

No alcanzaba a decir
su miedo por poder ver
así que por nada escondía
la brevedad de los ojos
que miraría para siempre.

En cualquier caso,
y aun siendo aquel que no soy,
solo he sido la sombra en un blanco
para una luz tejida con cuerdas.
Zien Ti-Fi Co.

martes, 12 de febrero de 2013

En Camboya, cada febrero doce, es la euforia de la melancolía.





Cincuenta y catorce años Joaquín
y aun no se cansan
de aplaudirte las palabras.

No me creo,
es verdad,
como obtienes de las musas
un collar que te acredite
de perro guardián,
pero más leal que un can
a todos los inviernos
 yo te sigo.

A ti te conté
que no tenía nada que contarle
y pasados ya los nueve años
aun no me quitan,
los valores petrodólar
del mundo edulcorado,
las pupilas vivas de lagrimas para llorar
cuando vale la pena;

como llora Chávela.

Después
del ¿aun te acuerdas?
la canción del mundo
salió hermosa de más
y no hubo,
aunque por fortuna,
princesa de la boca de fresa
capaz de querernos
aunque no nos quisiera.

Te celebramos así,
los bufones del hombre del traje gris,
sin aludirnos por las envidias
con la que gastan
la saliva, que tú tienes que tragar,
por los dolores de muela
que atestigua tu vergüenza torera…

Deben creer que es fácil vivir del veneno;
que a ti te compró
una multitud multimedia.
Son gordos y enanos poetas,
-lo lamento por ellos-,
incapaces de ver
donde la poesía se asienta.

Contigo,
y sin ti,
la calle no fue más que viento;
el amor un convenio
firmado en mitad del estruendo
de un contrato que arde…

En otro brindis
tal vez
te contaré que salaste,
con airada ternura,
cada pez de ciudad.

Que por ti los Cohen son aves;
que por ti cada Dylan
es una bandera de la libertad:

Que querría decirte que ayer
en tu voz no sonaba tan falso
lo emocionante de hoy.

Fuiste el cowboy más duro,
a los treinta de armas tomar:

Tazas de café
rebajadas con cianuro,
y a la vuelta del correo,
jubilar los pantalones largos
para el viejo Peter Pan.

De esta mañana,
a cinco minutos
del años sesenta y nueve,
me mudo,
por no callarme,
al impar vecino
del número siete,
calle melancolía…

Me pido
que no pase nunca
que tú te vayas
sin que yo me haya ido.
Omar.

lunes, 11 de febrero de 2013

En Camboya "oh my God" es "Oh!, my Omar"



Entre la vanidad y la modestia lo que marca la diferencia es la belleza.
O.a.


Nadie como tú en el oeste camboyano.





Cuando no me quisiste
puse en fila india
a todos los vaqueritos
con los que solías
demostrar
lo verdaderas
de tus incursiones al viejo oeste…

Casi con amor
les quité el sombrero
y refresque sus frentes
con historias que contarles yo de ti;

Como cuando una mañana
sin aviso previo
me sostenías la mirada,
cruzando un puente,
y yo simplemente lloraba
bañada del sonido
de tus pasos al partir.

No me importó
si la lluvia en las aceras
era una animación de acero…

No pensé
siquiera
en que aquellos labios
pedían de mí
apenas una excusa.

Me agarre fuerte
a ese olor cansado
con el que arreglas
cada trato
en las perillas emergentes
de una habitación en quiebra:

Siempre huyendo;
siempre como el hombre del saco.

No pensé nunca
en devolverme a mí
lo que vos robaste.
También el frío
de las pieles que cazabas
lo calenté por dentro,
y no fue fácil:

Enumeré los minutos,
constituí un servicio lunar
para salvarte de la quema
con la que te perseguían los días
y al final,
atada por las muñecas,
me dedique a tejerte
una marioneta
con corazón de mujer.

Todo,
porque cuando no me quisiste
yo te quise entonces.
Maria Morla.

sábado, 9 de febrero de 2013

Camboya: Una vida sana.





Si de pronto hoy
se te abre la carne
y de un golpe
tu corazón se expulsa,
decidido a morir bajo el frío.
Sin abolición
ni clemencia.

Si te toca aplazar
la constitución de un anhelo…

Si en tu nombre declaran
la rendición de las olas
y quieres fugarte hasta de ti
para poder marchitar tus raíces.

Si al realizar
la prueba de sonido de un beso
la boca te arde,
y querrías gritar;
dejar mudas a las canciones,
desertar del agobio del sol
e ir a caer
por donde sube la noche…

Si de pronto
es verdad lo que cuenta el hastio,
que no puedes volver
hacia atrás
nada más que a buscarte
y prefieres decir
que nadie queda que diga
alguna buena palabra.

Si un objeto brillante te quema,
si el malabar en la esquina
te saca de quicio.

Si la palabra doquier está en todas partes.

Si el ánimo de los hombres
no te anima a subirte en la nubes;

Cuando despiertas
y aun de tu aliento
no se ha ido la muerte

Quédate donde estés
y respira.

Deja que el hilo de aire
te obligue a una risa;

Di que es la vida
y lo vivo sabrá
hacerse algo que vive.
Omar Alej.

viernes, 8 de febrero de 2013

En Camboya no nos gusta cagar en el mar.

Fuimos a la playa. Que emoción. Nos miramos a los ojos sin desviar la vista del infinito cerrojo que hacían las nubes. Nos tendimos las manos, salpicamos las olas de buenaventura y provisión emocionante de extractos de lunas casadas con nosotros. Hemos escrito nuestro nombre en la arena; la sal al venir cubrió nuestras deudas y por un íntimo asco, que le dimos al miedo, fuimos libres así. Casi sin serlo.










Que cuenten de tres peces, en sus desmemoriados numeritos de tierra, los mares de olvido.





Bebimos del sol y embriagamos, en franca abstinencia, un pasado y colmamos la copa de los futuros.




Protagonizamos un día, y a don Lamberto Quintero lo seguía una camioneta. Nos deboramos y dimos al traste con una ciudad que ni llamamos casa, ni conjuramos Camboya. Hermanos de los camareros y de las hostiles mucamas que nos veían sin venir. Clientes habituales de las mentiras; nos inventamos una fantasía que partió por la cara todo el engaño.




Ahí, bajo el cielo abierto de un mar picado nos dimos un gran abrazo. No recuerdo de entonces la hora, pero fue un amanecer que insinuaba con sombras las otras monedas que tiene la calma. Nos quisimos  de más y en todo piso sin echarnos de menos. Somos sencillos –diría- como casi nadie… un huracán.





 Retractamos la suerte y dueños de todo. Nuestro corazón al servicio de una culpa que ya no embargaba.







Dineros, magnates y tan fuera de serie. Caímos después, cuando subimos el volumen de las sirenas: Sin muertes también sabe a ginebra con coco la vida.





Fuimos de arena. Amoroso salitre. Tres penas en alma. Canción cantada que sucedía. Fuimos amenos, los hijos del mundo y los extraviados del hombre. Fuimos tan como somos y fuimos a la playa.



O.a.
 Fotografias todas por: Brein, Danielo y Omar.
Ajustes y Edicion By: Amazing NauFraga