jueves, 31 de enero de 2013

Camboya hoy despertó sin Dios.





Me despierto
sin más garantía que la luz,
subo al estrado,
donde hace aire,  
y cohabito
con huellas de alguien 
que pareciera irse de prisa
en las profundas avenidas
coagulantes,
entre líneas locas
de electricidad y telefonía.

La ciudad bosteza;
me pide una moneda,
algo de fumar.
No parece darse
a los festivales,
ni de ocas,
ni de orgias
de papel cuche…

La profusa calma
en el agua quieta
querría batirse,
al menos en una pileta.

Las aspas del ventilador,
ajenas al sudor de frío
que sudan
las hojas blancas,
pánicas como molinos.

Todo está en mí
aguardando sin un giro
en la distancia;

En un mensaje
de ilusiones,
de humana
y urgente retorica.

Vuelvo a ser lo que no soy
y firmo tintas
que no cuentan ya
con la calidez
de una tristeza viva
que me aleje lejos 
de la muerte.
Omar Alej. 

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