viernes, 25 de enero de 2013

Camboya; Servicios cómicos de esquizofrenia.





Yo lo vi beber
y a punto de cortar una palabra
remendar una sonrisa;

En la izquierda
un soplo de whisky
y con la diestra posada,
en la contención invisible
a la que rinden culto
las olas del mar,
desestimaba seguirnos.

Para él
se gravaron las playas,
y las huellas de arena
en el azulejo de las habitaciones
tienen tintes siniestros
de la velocidad con que caen
los registros
de un pétalo que no conoció
espinas humanas…

Es un extranjero por todos
y aun así
los camareros de los restaurantes
piden mesa
para verle pedir un bocado de aire,
una lata en el río
y terrones de hiel
para fumar con más brío
en febrero.

No soy él,
no lo fui entonces,
cuando ponía el salitre
a quemarse en mis branquias,
y quizá no vuelva a serlo jamás;

Aun así le deseo que una luna lo cure
de los mismos dolores
que un día, el agua,
quiso sanar en  el hombre.
Omar Alej.

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