martes, 22 de enero de 2013

Camboya, algo para no pensar.





Ya te veo,
lo hago mucho más ahora
que la niebla
no permite distinguir
la distancia
entre una lágrima
y la risa…

Me quedo de costado,
disfrutando
el suave calor
que corre como viento
de este lado del telón.

Tú estás ahí,
ensayando que cuelgas de un ala
que te empeñas en guiar
a través de una ciudad fantasma
donde han puesto
carteles de avestruces
donde iban aeropuertos.

Tentada por la vanidad
de los días en off,
y de tus antepasados,
te dejas tentar
por hombres vanidosos
con público carnet
que celebran,
todos juntos
y en manada,
el fracaso de la democracia…

Te dices que no es posible
la imposible castidad de los espejos
y andas a tientas
tu propio rostro;

En busca de una señal
que violente la fría geometría
de tus pómulos violentos
te haces hacer
y guardo un sitio
para ocultarte…tal vez mañana.

No te sientes,
no te ves.

No transpiras
por llegar penúltimo en la meta:
esos lares
bajo sombra
en los que sueles tomar
por la mano al sol…

Y entonces otro sexo,
otros ojos, otra voz
y otros.

En uno
o dos instantes
habrás de empezar a creer en mi palabra…

Y pensar
que te pedí que no pensaras.
O.a.

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