lunes, 31 de diciembre de 2012

Camboya; silencios enlatados.





Cuanta tristeza en el sinsonido…

¿Cuánto de miedo
en el valor que pagamos
por no hipotecar el deber?

Cuanto agravio
en la misma palabra que ayer
era toda historia
y fue entre nosotros
el lenguaje
con el que la ternura
y la calma
epistolaban la fe.

Qué invalida la voz
cuando solamente una duda
le viene
y le acusa,
además,
de haberse quedado detrás
de lo que estaba sonando
y le venía desde ella.

Así
ni Ploc ploc,
ni tic tac,
ni glup glup,
son más que badajos
y cascabeles
hundidos
con un teléfono muerto…
en lo que resulta
de una habitación cero cuatro
del cero dos…

Como un respiro,
que al suspirar se nos pierde,
nos deja el dolor
y en sus vuelos acusa
nuestra falta de alas…

No podemos seguirlo,
nunca estamos tan vivos…
Y las manos.
Y el hambre.
Y la juventud.
Y la gula del deseo;
y lo que alguna vez era eterno
sin dolernos se van.

Persistimos en algo,
tal vez,
que será silencio mañana.
Omar Alej.

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