miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aun Camboya sin descubrirse.





Pasan tantas cosas en un año;
bautismos, casamientos,
inviernos, primaveras, lunas de miel,
masacres, odiseas y espacios…

Pasan horas
y pasan tantos pasajeros
que bien puede ser que,
a partir de mañana,
yo empiece
verdaderamente a marchitarme.

Pasado hoy
la oscuridad se haga oscura,  
verdaderamente calen
las muertes en el hambre que tienen mis huesos…
se dispersen por siempre
mis guardianes alados
y ni siquiera me sea permitida
la criminalidad que profeso
desde inocentes palabras;

Y puede ser que suceda
que un día
en realidad no signifiquen nada,
o incluso peor:
los embargos, los éxodos, los orfanatorios,
y la mueca muda de la luna
sean momentos de rotunda alegría,
los ayeres.

De pronto el futuro
podría cansarme de veras
y entonces que pase
que no haya más ríos de risa
ni más cuentos de peces sombríos,
corazones rotos
emulando canciones descorazonas…

Presiento
algo más grande
que mi lomo roto a palos,
algo aun peor
que los confines más humillantes,
un abismo aun más reacio
que mi propio carácter…

Algo más hosco,
y hondo,
que la mentira, el vicio
y la nada.
y que para entonces
no bastarán mis manías…

Para entonces
tal vez enferme realmente
y la vida me obligue a jugar.

En un año puede ser que suceda
no haber,
todavía,
padecido de nada;

No hasta hoy
cuando sin querer,
o aun queriendo,
asesiné todo aquello que soy
por miedo
a volver
e irme muerto de nuevo.
Omar Alej.

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