viernes, 30 de noviembre de 2012

En Camboya una firma es una deuda.





Si te pasa un día
que logras sacarte del encantamiento
de la angustia,
y la sangre propia
deja de tener
ese sabor a oxido
de cada mañana…

Si entonces logras ir a la hoja,
posponer la penúltima línea,
ordenar en el cuadro del tragaluz
un horizonte
y escribir con ello un verdadero poema;

Uno que contenga en realidad
un tufo grueso de poesía,
verdadero como un golpe de palabra
que te lleva por las aletas
en un mar proyectado
en superficies oscuras.

Si por defecto
te vuelves aquel,
y tus días son así,
siente en ello
y piensa.

Cuando un silencio se destape
y diga,
sin remordimientos,
que amaste como un santo
aquella esfinge de pecado:

Tanto y tanto
que al vivirla
bregaste en carne propia
cada una de sus culpas
y la alaste
hasta escucharla
pronunciando cualquier cosa
menos tu nombre…

Así que si eres
por un momento
tan hermano de Jesus
como Cristo lo es del hombre
y tiendes redes
para pescar anzuelos
y cruzas los desiertos
y asientes el perdón
y pides por el alma herida
de un pelotón de acero…

Y si escribes un poema
de donde se sostengan
ciertas manos de uñas largas;

Si descodificas
por humana necesidad
la basura
que te ha manado de las flores,
a los ojos,
niégate…

Huye a prisa,
esfúmate
y no firmes con tu nombre
aquel milagro.

Advierte
que de un momento a otro,
ya sea tarde o sea temprano,
los chorros de tinta
que sangraste alegremente
se giraran a ti
y acusaran recibo
de que todo aquello,
alguna vez,
realmente sucedió.

Omar Alej.

No hay comentarios: