jueves, 25 de octubre de 2012

Lindo y Miedo en Camboya;Paria soy Yo.




Miedo baja las luces
y se queda mirando
por el corredor en el que faltan escaleras,
pone un fosforo en la boca de una vela
anda y sigue
por las huellas de una gata
que maúlla penetrada
contra el techo de tejas;

Cae una cigarra
y baila atravesando los puentes
que van de una baldosa a otra.

Lindo sentencia sus culpas
con simulaciones espaciales:
pincha valiums,
conduce petas;
subversivos escapismos
que derrapan
en la buena o mala fortuna
de otra aguja…

Y otra vez,
aunque con otro soundtrack,
la misión de despertar a media noche
a buscar la caja negra
en la fotografía que, cuando niño,
hizo de su propio desván
con aviones de juguete secuestrados.

Paria cada mañana conduce al trabajo
cubre de analgésico su rostro
y es mitad un ciervo…

Otra mitad
es sencillamente
aquel chico al que resultan familiares
los alfileres en forma de cruz
que van en las solapas de las secretarias;

No pregunta qué pasa con el clima
ni resuelve crucigramas
desatándose los pantalones a las rodillas.

Cada día antes de volver a casa
se pregunta cómo liberar un ave del paraíso
sin hacer mella en la frescura de una dahlia
y pide porque llueva
no con mucho afán,
pidiendo solamente.

Yo vive con Miedo, con Lindo
y con Paria,
su comida preferida
son los enchufes de corriente
y los chutes de energía nuclear
con la que, según Yo,
hacen iluminar lunas como peces…

Querría y quiere
levantar una querella contra
el habito oficiante que llevan los poetas
al espejo,
decir :

-Señor sino tiene usted
nada que escribir
mejor no escriba-.

Omar Alej.

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