En esta taza de café
mis sombras imaginan
que guían con
miradas
el rumbo de las dudas
que tendré
y que perdí
al subir el
volumen
de la voz del búho.
A este árbol
hasta el que el
sol trajo consigo
una lección de
pétalos
y otoños
le faltan,
algunas tardes,
terremotos y
tormentas
capaces de
abolir
la pesadilla de
verano
que soñamos
despiertos
con un
Shakespeare ya dormido…
Y no es que sea razón
el miedo
es que tengo
vocación de cobarde
y puedo,
sin decir nada,
aguantar este
calor
que revienta mis
manos
al abrir sobre
la mesa
una palabra.
Hay canciones
y con ellas puedo
andar sobre mis
pies
lo que mis alas
vuelan,
tomar lo que da
el tiempo
y componerlo,
si es preciso,
en el reloj que
avanza
entre mi alma
y esqueleto.
Omar Alej.
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