sábado, 30 de junio de 2012

Doña Camboya.




Según se Ramona nació un dos de diciembre de 1960 allá en un poblado descampado de Sonora llamado Yécora. Durante los primeros dos años, y como en todas las infancias, las cosas sucedían humanamente, dentro de un cuarto de adobe con olor a chile asado y moscas Ramona no intuía que iba cayendo sin paracaídas. 52 años después, a decir de la tía Lucero. Ramona fue el producto de una puta que no quiso ejercer su derecho a cobrar por el miedo que le daba perder a los clientes y de un visitante que careciendo de dineros y propiedades decidió consolidar el oficio de su mujer haciendo él de cliente permanente.

Más que una historia triste la historia de Ramona es una historia desprovista de originalidad o encanto, es en realidad solamente una viñeta mas en una caricatura terrible que conformamos todos y en la cual ser o no protagonista carece de efectos y desborda en defectos.

Ya con tres años cumplidos Ramona fue literalmente regalada, como se regala un perro –diría ella-. La tía Lucero la llevo a ella, y a su media hermana Flor (hija de un cliente previo al cliente expropiador), a vivir con ella y sus dos hijas a Cd Obregón. De los años entre esa imperdonable niñez, y la llegada de la adolescencia, quedan apenas ciertos recuerdos vagos:

El sueño de convertirse en una de esas cabareteras que salían bailando cancán en las pelis que pasaba la  tele  (teles que estaban siempre detrás de un aparador o en la sala comedor de alguien más), las galletas emperador de chocolate con una pequeña coca cola en los recreos y ese sin numero de bienes que suelen esconder y arruinarse en la imaginación de quien no ve matices en la realidad. Además está la irrevocable decisión de que no podría estudiar más, aunque también podría corresponder a que fue ella quien así no quiso hacerlo, y el espeluznante hecho del hermano de una amiguita buscando trucos de magia debajo las enaguas de Ramona.

Creció quien sabe cuánto, en aquellas épocas las calles parecen siempre a blanco y negro. Con 16 años le dio por ejercer el derecho a la repetición de los ciclos y dio a luz a un chico del que no parecía haber estado embarazada. Lo cuento haciendo uso de mi papel narrativo y si en algo el pasar de los años parece ligero e intangible no es culpa de un servidor, sucede que Ramona contaba las cosas para olvidarse de ellas y en otras ocasiones lo hacía con el afán de torcerle el cuello al dolor de los otros y hacer sanar las heridas de quienes a ella íbamos, buscando consuelo a míseros raspones. Además la memoria es una afable especialista en descomponer las pistas en el mapa del futuro.

Con un par de años menos de la mayoría de edad Ramona cuenta que salía cada día a buscarse la vida e intentar que la vida que encontrase le administrara también el pan de su hijo. Aquel chico se quedaba al cuidado de los abuelos paternos y Ramona, una que otra vez, le distinguía con su arreglo impersonal y además la sensación de mirarle como a un chico que en algo se le parecía. Él chico creció un poco, superados humanamente los dos primeros años lo regalaron como a un perro –pensó él-.

De aquella historia Ramona no habla y cuando lo hace es para ponerle tierra a ese hueco que ella espera nunca abra y diga cosas suficientes para hacerse escuchar. Dice que al chico se lo quitaron a la mala, que estando ella sola lo cogió una vez y se largo de la ciudad en busca de ayuda, allá a donde su hermana Flor vivía casada con hijos y casa propia. Ramona que hasta ese día no sabía qué significado tenían las palabras, de un día para otro había prendido el costo de palabras como secuestro y cárcel.

Ramona se dejo crecer la pena y era joven, de tanto que lo era se sentía resignada a una soledad llena de orgullo, rabias y culpas; todo fuera de horas de oficina pues de algo había que vivir y Ramona vivía, vaya si lo hacía.

Ya con 22 años, aprendidas de memoria las esperanzas que mentían y los engaños que algo habían tenido de verdad, un 25 de febrero del 82 Ramona se dio a la miel que había en la amargura de las palabras de aquel hombre y reventó por dentro en una fiesta de, y por fin, consolidada adrenalina.

Casi nueve meses después, un 19 de noviembre de 1982 Ramona dio a luz a otro varón, un pajarraco con pinta de rata envuelto en sangre y babas que a decir de ella le acompañaría en la navidad entrante… Después de entonces le siguió a Ramona la vida sucediendo : cobardías, ingenuidades, metabolismos, ciudades, agravios, ilusiones, cuerpos desnudos, luces de luna, playas desiertas, papeles rotos, canciones lentas, voces dentro de un blanco al que muchos suelen llamar cabeza…

Cuenta Ramona que de aquel bicho, que le miraba pasivamente y sin sonreír, sacó la fuerza para atenerse a esa historia que yo hoy mal cuento, a decidirse para ser ella aun si no sabía de qué se trataba todo ese cuento de ser uno mismo. Si de que soy no tengo duda ¿pero qué quieren que sea? –siempre decía-. Aquel hombre, que era lo mismo de hombre que uste y que yo, ya se había ido y en realidad a Ramona le sentó bien quedarse a solas consigo misma. Se sentía al cuidado de aquel chico extraño que le miraba y que –que por que no- jamás sonreía.

Los años de después le esperaban, la vida que parte el pan en rebanadas justas de hipocresía le dio de nuevo un amor. Amor que de nuevo tuvo sangre y babas rodeándole al nacer y que de nuevo decía ser el resultado de todas las aflicciones sufridas. Dos niñas más en escena. Una la más grande: Nostalgia, otra la mas chica: Melancolía. Guapas como eran, llenas de casta y de valentía, Ramona las supo de inmediato sus hijas y de inmediato les dio una mentira para cubrirse del mundo. Algo hoy me dice que en algo Ramona envidiaba sus vidas, no así con el chico que igual que ella se sentía estar solo, e igual que ella miraba pero no sonreía.

Ya hoy es treinta de junio del 2012. Las cosas pasaron sin avisarse mucho, los chicos no son más chicos y Ramona hace tiempo no es más la Ramona de antes. Manipula, miente, roba, maltrata, hiere y se esconde. Ha perdido la razón y los chicos echan de menos las razones.

Lo último que supe de ella fue que se iría y que pedía perdón por todos los daños causados. Absorta por la palabra, accedía al pedimento que los chicos hacían por una oportunidad para ser feliz. Hoy no sé donde este Ramona, y aunque hay algunas ausencias que no se cubren nunca, confío en que el mundo le estará haciendo de las suyas y que ella en respuesta, un día, reconocerá su historia y mandara a tomar por saco a todos esos hijos de puta que no valieron la pena.

Yo tengo casi treinta años, naci un 19 de noviembre de 1982 y supe de Ramona por una mujer buena de la que no quiero hablar más porque las palabras son insuficientes y algo en la garganta se me cierra.

Omar Alejandro Estrada Amavizca.

viernes, 29 de junio de 2012

Camboya por Judea.


(Pintura de Antonio Lopez Garcia)

Qué bien
que a mi letra no le tiente,
y que a mí no se me de
hablar de algo más
de lo que hay
entre mi mirada
y nariz.

Que no encuentre quien busca
en estas hojas
noticias sobre la voluntad natural
de la que han desertado todos
ahí fuera…

Me abstengo,
por falta de gracia,
de simular empatía
con cualquier desgraciado
y hablar aquí de él;

De su fatiga arrastrada
por los fuelles
que en expansión abre el hambre
sin importarle una mierda
esa rabia sarnosa
en la que caen desde el cielo los hijos de Dios.

Qué alegre será este mi texto
encendido y brillante
sin obedecer a las sombras
que bailan
en esas llamas que arden
tras las pupilas quebradas
de un gato negro siamés.

No doy tregua a la sangre
ni a la espuma blanca que baja
atravesando quijada y cuello de un ciclope
extraviado del parque safari de Badaling…

Qué pulso tranquilo
e inalterable he logrado:

Qué significativo
que no me mueva
la mueca de grito
con la que llueve un bullicio de gárgolas
y que tenga los ojos cerrados
cuando una parvada de buitres
sobrevuela aquí en Puebla
generando un eclipse de plumas
que huelen a azufre…

Si he de contar
les contare que hoy llevo
una chaqueta de cuero
comprada en Arkansas
con mi visa oropel…

Vayan ya
y no esperen
que además dé cuentas
del frio desértico
y soterrado
con el que Judea sopla las velas
de sus cumpleaños olvidados.

Que la eficacia
que muestra la soledad
la queme el sol
y que la apague la luna
ya estoy yo un poco harto de ver
candelabros que sufren de malas famas
y terminan ahí,
acumulando suciedades de espera
y aprendiendo a callar…

Menos mal que teniendo
esta esperanza por todo
me niegue a apelar
la piedad de esos tales
que rebosan de risa
y de demagogia al hablar.

Mis palabritas mejor
las ordeno una a una
como si fueran rombos
y así dejamos en paz
la inmundicia en la que convertimos la guerra;

Los escombros en los que hemos dejado las ruinas,
la piel desnuda que le rajamos al alma,
los obituarios vulgares
que le hemos dado al renacer de los viejos…

Y esa ingenua pretensión que tenemos
de poder saber algo sobre lo que en ello se esconde.
 Omar Alej.

Camboya ama a muerte.


(Pintura de Antonio Lopez Garcia)

La muerte me llama
quiere de mí
lo que ella sospecha
que aun no he perdido.

De tan astuta me tienta
con dóciles modos de romanticismo
y si a la mañana brilla de bronce la navaja
por la noche esta puesta la pólvora en cada palabra
qué oriunda de allá, de donde nadie regresa,
me pone bajo aviso
de los peligros que tiene
declararse en huelga
contra el morirse de muerte.

Es linda y osada,
celosa hasta el punto
de brillar en los ojos
de ella que es un soplo de vida
envuelta debidamente
entre su carne y sus huesos.

La realidad es que niego
lo bien que lo paso
viéndole venir de golpe,
cogida en los trastes de una guitarra
esperando a cantar
los bulos que suelen tener
entre manos
los versos más consecuentes
de los impostores de oficio…

Un poco sí que me gusta la muerte
a razón de ello es que no mato
y que vuelo desnudo
de brazo a brazo
en el cuerpo de ella que me asesina.

Que aquellos que quieran matarse de pena
vivan de prisa su dolo
y no puedan
cerciorarse de todo aquello
que da de golpes
en mitad de la nada.

No acaba en busca del mundo,
no pone a su nombre milagros,
no se hace de verdades
ni pretende desmentir la mentira,
es sencillamente muerte
y no distinguirías
cabalidad alguna sin ella.
Omar Alej.

jueves, 28 de junio de 2012

Camboya, madre de los pecadores.





Está bien,
me queda claro
y lo entiendo
adjetivos de corte antisocial
son nocivos.

Sin embargo yo,
en mi inmensa nobleza,
les brindo en mi vida un lugar
y no temblare si me llaman:

Egoísta, vanidoso, hipócrita,
huraño, contradictorio, inseguro,
petulante, voraz, inestable,
mentiroso, canalla, soberbio,
manipulador, cínico, farol,
superfluo, grosero, paranoico,
mediocre, impostor, amargo,
degenerado y asténico.

No,
no diré que es mentira
ni en mi favor
pretenderé que estoy loco.

Que Dios anule la hora
de escucharme decir -así soy y que-,
que no es que así sea
es que así quiero ser.

Ahora espero que ustedes
tan dueños de si,
y al tiempo tan sin ser nada,
no vengan por mis adjetivos
y quieran usarlos
este próximo fin del mundo...

Cuando ser :

Bueno, alegre,
honesto, transparente, correcto,
leal, orgulloso, sencillo, humilde,
amigable, confiable, seguro,
tenaz, profundo, lucido,
talentoso, digno, cursi, brillante,
dulce, pueril,
generoso y honrado;

Igual que lo mío
no tenga un significado en absoluto.

Omar Alej.

Camboya, el orgullo inusitado.




Mi orgullo
son sus ojos sin moverse,
abiertos para mí en plena calma
y descubrir después
que de tanto que quiere que los vea,
cuando no este,
resisten a esa risa
que les tira desde abajo.

No compré un auto
o lo compré y al final
no servía para nada más
de lo que ya me servían
mis dos piernas
y otros medios de transporte
de los que no soy dueño,
ni falta que me aterre.

No aprendí ingles,
no hice el colegiado
ni traduje al español
la verbigracia del mayo francés…

No conocí,
ni estuve cerca de hacerlo,
a nadie con suficiente dinero
para valer más que el pan de los pobres.

No podría citar de memoria
ni a Voltiere, ni a Jalil Gibran,
ni a Garcia Lorca,
y la verdad es que comúnmente me pasa
que confundo navidades
con la ultima cena.

Tranquilamente hice bien poco:
Aprendí el carácter educado del silencio
y desdije con mentiras
todas aquellas verdades
que inspiraban, para mí,
felonía
vulgaridad
y pretensión.

Aun tenía los lagrimones
que deja la miseria,
y el deceso de las esperanzas,
cuando me decidí
a dudar de todo
como mi gran acto de fe…

Labure para financiarme los “cómos”
y casi se podría decir
que he pagado por cada centímetro de vida
que he ido perdiendo
con el inclemente pasar de los años.

Es verdad que vanidades tengo muchas,
desde el corte de cabello
hasta ese humor malvado
con el que veo
las buenas intenciones de la gente,
sin embargo no hay orgullos,
no en plural,
hay uno solo.

Y es ese verla en la mañana
detestando que yo,
en mí lucha por hacerla sentir orgullosa,
no mande todo a la mierda
para quedarme
solamente a servirle a ella…

Ella que por no irse,
a encontrarse
con un cualquiera mejor que yo,
me hace sentir
dueño de un orgullo inusitado.
Omar Alej.

miércoles, 27 de junio de 2012

Camboya Menstrual.




Celeste tiene cólico
y de tanto ver la vida en negro y blanco
en el orfanato no hay compresas,
le duele donde no debe tocarse
y le pica ahí donde con premeditación
le tienen prohibido sentir…

Es pequeña
y la única referencia
que tiene de la sangre
es de aquel domingo
en el que un señor gendarme
le cambio la camioneta de sus viejos
por un latón arrugado
y manchado
con un antiguo color rojo.

Tiene un secreto amigo
que es invisible
y al que llama Paco;
así también su padre
llamaba a aquel amigo que según mamá
terminaría matando al papa
de tanto respirarlo…

Al menos nadie puede verlo
ni decir que es igualito a Conrad,
el chico pelirrojo y lindo
que pego a celeste un puñetazo
cuando esta le confió
que tenía para él
algo parecido a un beso
y un abrazo…

Así que ella, cansada de que su invento
no sienta ni celos,
cierra los ojos y desaparece
para no tener que verlo.

Hoy en clase Celeste
se ha sentado muy atrás,
prefiere no manchar a nadie
con el mar de sangre
que le viene por pura vergüenza
de ahí de donde no debe tocarse,
de donde le pica
y tiene, premeditadamente, prohibido sentir.
Omar Alej.

Camboya y su inadmisible ingenuidad.





En Camboya somos más bien apolíticos, aunque hay quien diría que somos apocalípticos, de ambas formas significa que no pretendemos dar cátedra sobre los usos y desusos de las democracias. En general a todos los responsables de esta amorfa y necia familia nos entusiasma la dinámica que tiene la época en que vivimos. Tenemos la oportunidad de ver un montón de cosas que antes ni pensarlo y otras tantas que muy probablemente no sobrevivirán para ser contadas a las futuras generaciones.

Hoy en Mexico, por ejemplo, se gesta una sociedad participativa y demandante en lo que respecta al ámbito político, jóvenes que se manifiestan, adultos mayores que debaten y un sinfín de gente comentando día con día por quien habrán, o no, de votar. En lo personal sería incapaz de motivar a nadie para realizar algo, soy más del tipo de cagarme en todo, proponer una alcaldía para mí y que el resto arda. Sin embargo aleccionado por todos los que hoy son mis compañeros de ruta me he encaminado en busca de una luz que pueda servir para quienes sobrellevan sus opiniones en la sombra.

No necesito contarles la admiración incondicional que siento por el señor Arturo Perez Reverte, quien amen de ser un gran escritor es lo que todo hombre debe ser, un hombre de bien. Él en el año de 1995 escribió una carta, que hoy por casualidad he encontrado, al entonces presidente Felipe Gonzalez. Este señor doce años antes de dicha carta significo para España una posibilidad única de cambio, generaba verdaderos actos de fe, opulentos entusiasmos e incluso la absoluta descalificación para quien le descalificara. Yo, que por entonces rodaba muy apenas bajo el descuido de los ojos de mi madre, no me atrevería a pronunciarme al respecto. Sin embargo hoy al leer, veneraciones aparte, como incuso Reverte se arrepiente de haber creído en una esperanza muy por la media de todas las esperanzas, es decir: angustiante, ingenua, frágil, ignorada e inútil. Pienso, por si acaso, en el futuro y traigo para ustedes dicho documento…

Que los que crean duden y que los que duden crean:

“Señor Presidente

Esta no es una carta constructiva, ni mesurada, y si la pretendiera respetuosa vendría encabezada: Excelentísimo Señor. Supongo que lo que el arriba firmante pueda decir le importa a usted un carajo; tanto como parece importarle, a tenor de su talante y maneras, la opinión del resto de mis compatriotas; que por cierto son los suyos. Pero usted se desahoga paseando por Doñana, dando escopetazos en las fincas de los compadres o probándose ante el espejo la púrpura imperial, y yo me desahogo dándole cada domingo a la tecla. Cada uno se lo hace como puede.

Quería contarle que estaba el otro día hojeando papeles, cuando encontré un recorte de prensa, viejo de doce años, con su foto y la firma del arriba firmante. Era un reportaje publicado en PUEBLO bajo el título Noche de esperanza. Sólo unas horas antes usted y el PSOE acababan de ganar las elecciones, y yo acababa de regresar de una de esas guerras donde me ganaba la vida. La victoria del PSOE en las urnas era un acontecimiento histórico, así que Chema Pérez Castro, mi redactor jefe, movilizó a toda la tropa para cubrir el asunto. A mí me tocó el ambiente de la calle, por si había follón. No lo hubo. Por el contrario, mi crónica fue un largo relato de explosiones de alegría, de confianza en el futuro, Y terminaba citando las palabras de una joven pareja; «Es una buena noche para tener un hijo».

El hijo, señor presidente, sí lo hubo, tendrá ahora casi doce años. En ese tiempo, los votos que a usted le dieron el poder lograron que por las ventanas de este país entrase aire fresco, y que entre otras cosas se modernizara la infraestructura de obras y servicios, que las mujeres ya no vayan a la cárcel por abortar, y que algunas clases menos favorecidas y los pensionistas lleguen mejor a fin de mes. Todo eso está muy bien y me alegro, porque es exactamente para lo que se le votó. Pero lo que ya no me gusta tanto es el precio que usted nos ha cobrado por ello. Como factura es muy alta, y afecta a nuestros sentimientos y nuestra dignidad. Y eso tiene mucho delito.

¿Sabe una cosa? La Historia y la política tienen comprensibles altibajos. España es un país muy atravesado y muy difícil, y uno hasta sería capaz quizás, de resignarse o perdonar los errores y las bajezas. Perdonar, por ejemplo, como el periodista que fui, que me cerrase PUEBLO a traición apenas se hizo con las riendas del cotarro, y que envileciera la radio y la televisión estatales hasta la indignidad y la desvergüenza. Podría perdonarle también las reconversiones salvajes y las canalladas fiscales de sus sicarios; esos que después de haber puesto el país patas arriba y contra las cuerdas so pretexto de Europa y de la madre que la parió, se fueron de rositas como al final se irá usted, dejando la lista de daños y reclamaciones a cargo del maestro armero. Y podría, puestos a ello, perdonar también todo el compadreo de la gentuza más o menos guapa que, al socaire de la impunidad que su poder absoluto les brindaba, señor presidente, amasaron miles de millones manejando información confidencial y chanchullos varios mientras usted garantizaba su honorabilidad con la suya propia. Gente que una vez pase la tormenta vivirá tan campante con sus cónyuges y sus ahorros y sus porcelanosas, supongo que eternamente agradecidos.

Podría perdonarle también todo lo demás. La sonrisa y los plurales de su ministro Solana, verbigracia. O la abyecta chapuza del GAL. Luis Roldan. Carmen Salanueva. Los fondos reservados, el descrédito de las instituciones. Tirar por la borda, por imprevisión y descontrol, todos los logros antiterroristas de la última década. Podría perdonarle lo de Manglano y Narcís Serra -si eso no es perdonar, que baje Dios y lo vea-. O por hacer que Europa y el mundo nos sodomicen reiteradamente, tanto cuando no tenemos razón como cuando la tenemos. Podría perdonarle estar dispuesto a todo, incluso a salpicar al rey -único salvavidas sin agujerear que nos queda-, comportándose como un conductor irresponsable, borracho, dispuesto a llevarse la monarquía parlamentaria por delante con tal de seguir en la carretera. Podría perdonarle cualquier cosa, ya lo ve. Hasta que mi madre vote ahora al PP.

Hasta que la peseta sea una mierda, y que yo vuelva a avergonzarme, gracias a usted, de ser español cuando salgo por ahí. Hasta podría perdonarle esa cara que se le ha puesto, abotargada de poder y de soberbia. Pero lo que nunca podré perdonarle es incapacitarme para escribir otra crónica como la de aquella lejana noche de esperanza. Porque en estos doce años usted nos ha robado la inocencia.

Hágame un favor. Váyase a hacer puñetas, señor presidente.

9 de julio de 1995”

martes, 26 de junio de 2012

Camboya Ciudadana.




Mañana caliente
y su luz entra por el costado de una ciudad
en la que ya no sobreviven motivos
con los cuales hacernos dueños
del daño,
de esa canción que repele
al verde olivo de paz
y al caudal milagroso de todos los santos…

Aquí es a donde mudaron
las nobles formas de la indecencia,
acá es donde toca anudarse las cuerdas,
al cuello,
llevando las uñas cortas
y exhibiendo style Murakami
de conciencia humana.

Tras el velo no hay más que miedo
y no hay
posibilidad alguna de un enemigo,
los que ofenden disparan con postas
y en general  
los cuerpos de delito
caen haciendo malabares,
cambiando el ictus resentido
por un gesto de ternura.

Nadie que odie abiertamente tu cara
y convoque en su contra
la trinidad de los muertos,
haciendo de una vez por todas valer
la violenta condición
que en su libertad
anuda por dentro.

Si acá nadie mata una mosca,
son todos guardianes guirnaldas
de lo políticamente correcto
y de la huestes vestidas de blanco
que bajan hasta los restos del Sena
hondeando banderas
con dibujados corazones que no manchan…

No hay una V de venganza
ni un brebaje maligno
que condene a pesadillas
todo aquello
que haciéndose pasar por un gusano de seda
se queda a vivir, sin pecado,
dentro de una manzana.

Es necesario salir a matar
y no matar por matar
como hacen las dudas de los milicos.

Matar por que fue suficiente
y ya sabemos de muertes
mucho más de lo que decíamos saber
acerca de lo que fue durante la paz
lo que nos queda vida.

Alístate aquí,
alístate allá…

Que no se enfrente más nadie al catarro,
que nunca nadie
pegue un grito de rabia
y que no permita,
nuestro santo patrono el estado,
una disputa de propiedad sobre el ruido;

Tal vez sea que han descubierto que consume
mucho más un medio vivo
que un muerto entero.
Omar Alej.

lunes, 25 de junio de 2012

Doña Camboya, ruega por nosotros.


venga Mina con más podemos, mucho más.


Una vez que los faros,
incluido el de Lisboa,
se apagan…

Cuando
para el tiempo que nos queda
ya hoy es tarde.

Y si de pronto
los diccionarios adelgazan
y hacen cambiar
de significado en la freidora
a las palabras,
en vos confiamos azarosa.

Porque es en vos
que la fuerza intensa nos sucede
y es en tu intensa fuerza
que nuestra voz
tiene la intención necesaria
para no caer en la debilidad
de los afables silencios
a los que nos invitan.

Por ello es que si baja la marea
y suben en la bolsa
la sal que no sala
en vos confiamos azarosa…

En tu voz hablamos.
Omar Alej.

Camboya la vida que sigue.





La vida sigue
a pesar de las lágrimas en los ojos,
la vida sigue

A pesar de las manos artríticas,
de las palabras titubeantes,
de los monstruosos errores ortográficos,
de las inaccesibles oraciones,
la vida sigue.

A pesar del suicidio de la tinta,
de las manchas de sangre en la hoja en blanco…

A pesar de la tierra entre las uñas,
del recuerdo en la punta de la lengua,
del caballo largo de la retina
tropezando en la superficie
de los parpados olvidados,
la vida sigue.

A pesar de los pocos pretextos
para un mal poema,
la vida sigue.
Omar Alej.

Atemporal Camboya.




El tiempo, 
sueño que hasta en sueños nos atrapa,
el tiempo.

Vivimos apenas un tiempo
y ya después de la pena,
y vivir,
morimos en tiempo
y al cabo de habernos muerto
el tiempo nos lleva
borrando el pesar de la vida
con la que el tiempo
se nos ha ido muriendo.

-Ya es hora,
las sombras han hecho tarde,
vendrán mañana,
he visto el reloj ayer,
no había nacido aun,
el día, es cierto, estaba a punto de morirse…

No tarde usted tanto,
vuelva muy pronto,
un beso largo.

Una luz corta,
la luna vieja
y
otro año nuevo-.

Todo en ti fue naufragio
y bajo una nube de arena
pudimos, tal vez,
inadvertir el tiempo;

Como cuando duermen las olas
y el pulso de las horas zigzaguea 
mar adentro.
Omar Alej.

sábado, 23 de junio de 2012

Camboya, antes ficticia que única.

“Ella se llama miedo. Nada es suficiente para ahogar los recuerdos de una vida mal vivida. Él se llama duda. Todo es suficiente para incendiar los recuerdos de una vida bien vivida.” 
Janeth Fraga.



Yo supe al verla
que las pesadillas que le despertaban
cuando niña
no se habían ido aun
y que en su efecto
de inhóspitos habitantes
no desearían nada más
que hacernos juntos
despertar dentro de un sueño
incompatible e incompleto.

Qué en realidad toda esa gente
de la que había oído hablar,
a través de sus propias cartas,
nunca tuvo el corazón para decirle
que a las nubes
les faltaba un rasgo de ternura
lo contó una vez qué encerrados en casa,
escuchando   caer la tormenta,
se nos iba la luz
y a nosotros se nos hacia la hora
de abolir el silencio…

De ahí a otra noche,
de preguntarnos por donde andaría Plutón
ahora que era libre
y que no requería volverse en contra
de aquellos que le señalaban como al más pequeño,
Maria arqueaba sus pies
contra lo helado del piso
y me acariciaba con cierta pena de voces
mientras yo me llenaba la boca
haciéndole en el espejo ademanes;

Tan indefenso como un lobo
al que llevan a pasear al zoo
sábados por la noche
y días de asueto.

Es por él que a veces
voy por ella
a ese tembloroso país,
donde le hicieron heredera
de todos los miedos,
y le digo que vuelva…

Que venga,
si tiene los huevos,
a este día tras día de combatir,
a favor del imperio del fraude,
por la gratitud de la violencia perdida…

Que de ser posible
de la vuelta cuando vengan
las angustias de nuestras contratos
y nos pillen de esa forma,
a ella huyendo…
a mí cazando.

Y aunque sea verdad
que la verdad
se nos volvió una labor insuficiente
nos queda la inagotable
sequia de la fuente…

El saber que la ficción
no es todo aquel que no existe
sino aquella nada que aun está durmiendo.
Omar Alej.

jueves, 21 de junio de 2012

Camboya, Mercado Escarlata. ¡ Próximamente!




Se pretende, mediante las atmósferas y la representación escénica, que los asistentes sean partícipes de una subasta real en el tratamiento formal, al mismo tiempo que la ficción se mezcle en la misma realidad con los artículos que se cotizan en este peculiar Mercado Escarlata.

Leonardo Gatsby, un antiguo ilustrador, es presentado por un singular maestro de ceremonias quien, dentro de una atmósfera cruda, oscura y casi desnuda, narra con gran detalle y conocimiento rasgos de su vida e importancia de su obra para exhibir cada uno de los dibujos que por hallazgo han sido encontrados, hace muy poco, en el último baúl abierto del artista.

De la interpretación de las ilustraciones no habla nadie ya que son ellas las que hablan sobre nosotros, una a una irán apareciendo en la boca de nuestro experto, mismo que según su personaje imprimirá en ellas la mentira necesaria para convertirlas en verdad.

La intención, que no es otra que la de captar las emociones que produce el suspenso, se logra reformulando el concepto de Exposición como una puesta en escena dinámica y, en la que el factor y actor principal son las ilustraciones. A través de la teatralidad de una hipotética subasta, la personalidad de lo dibujado adquiere un carácter humano que indaga en la caricatura que cada uno hace sobre sí mismo.

Mercado Escarlata consagra el trabajo personal y tangible de Daniel “Piolo” González al mismo tiempo que antepone abiertamente la subjetividad individual adjudicando el arte ilustrativo de este joven contante del dibujo a un personaje ficticio y perdido en la historia como es Leonardo Gatsby.

Deep Camboya presenta, con esta subasta intensamente roja, una propuesta lúdica y alternativa sobre los distintos tipos de performances y exposiciones. Creemos fielmente que en un intento como este nadie sale perdiendo, mucho menos el espectador que podrá sentirse tanto en una exclusiva y sórdida puja de los bajos mundos, como en una experimental e improvisada puesta en escena.

Deep Camboya. 


Camboya al pulso de su corazón delator.




Que qué quería
me preguntó su mirada
recién al despertar
y los helechos soleados
se apagaron como focos
al romper.

No sé lo que le habrá
contestado
el mensajero extraviado,
que nubla y enciende
el faro de mis pupilas,
pero la vi sonreír
y de nuevo su miedo
y mi duda
se hicieron una sola gota
de agua.

Mis ojos,
que a decir de ella
son el cuervo
el péndulo
y mi corazón delator,
casi doy por cuento
que le contestaron;

-Quiero un cielo gris,
un día plateado,
abrigos cadavéricos,
miradas ausentes,
dedos hurgando
en la pobreza de los bolsillos,
cuellos y quijadas pendiendo de bufandas,
luces difusas bajo la niebla…

Quiero al frio
reventándonos la cara ,
al vaho de los cristales
rumiando por auxilio.

Una brisa de pedacitos de dientes
que aun perdidos
sigan tiritando
para no descompasar la lluvia.

Quiero verte arder en hielo
y envuelta en mantas de Burberry
subir al cortejo de los cisnes,
donde una nube cuida de las antenas-.


Algo así
dicen mis ojos
que le dijeron…

Y ella, mi maga negra,
se sonreía
a sabiendas de que el hechizo había terminado
y que de nuevo
yo estaba convertido
en ese asqueroso sapo que le croaba por las mañanas.
Omar Alej.

miércoles, 20 de junio de 2012

Camboya Town, ciudad real.




Por supuesto me gusta Picasso y ni siquiera lo digo como un entendido de la pintura o de las bellas artes, lo digo como un insignificante membrete que babea con el simple hecho de ver su fotografía por algún sitio, es así: de muy pequeño medio me dieron una idea de quien fue y de su gusto por el disgusto déspota, contradictorio y hasta anarquista. Después comprobé lo que he comprobado pero no hablare de eso porque de Picasso lo mejor para hablar sobre él es hablarlo directamente con él.

Definitivamente me encanta Fernando Savater y ¡carajo! me gustan mucho las anécdotas que cuenta/escribe en donde quiera que haya un asomo de dignidad e imaginación. A Fernando Savater Joaquin Sabina le escribió, en un soneto saludante y de dedicatoria rock, -llámanos por el nombre de la gente- y justo hoy he podido leer que Savater, tal vez sin así quererlo, le ha respondido publicando en el diario el país un artículo que generosamente ha titulado venimos de Bradbury y digo generosamente pues conozco a más de un terrestre que no merece ni por asomos el extra. En dicho artículo Don Fernando señala, de manera oportuna, lo peligroso que tiene considerar la seriedad de las cosas como algo serio. Con tal fin, y de manera humanamente sencilla, utiliza al que por supuesto me gusta Pablo Picasso para decir las justas palabras que a partir de ahora ya no dejaran de rondarme la conciencia cuando de confiar en nobles profetas la situación se ponga.

La frase, cuenta Fernando Savater, la dijo Pablo Picasso cuando -En cierta ocasión, un crítico tarugo, algunos lo son, le propuso a Picasso el ejemplo de tal o cual pintor figurativo encomiando su realismo-. Hoy la frase al menos para mí descodifica muchas de las cosas que suelo ver y casi con carácter profético expone una realidad que hoy se proyecta a través de celebridades bien pensantes y ridículamente correctas.

A todos ellos:

“Sí, esa pintura es realista pero no es real” en palabras de quien definitivamente me gusta y contadas por quien por supuesto me encanta (con dotes de gran encantador).
O.a.

Camboya alada.

A Fernanda que calles abajo luchaba contra pájaros muertos.

Es mentira que las palabras y las aves sean lo mismo, lo cierto es que son iguales. Las aves cantan, traen mensajes de un mundo inmaterial. Sus vuelos padecen huracanes, disparos, heladas, hambre, envidias, capturas y una libertad que se estrella en contra de la corteza que tiene el cielo para no contestar a la duda que engusana la tierra.

Por convicción y derecho, ave y palabra, son iguales. Por esperanza y nobleza, palabra y ave, no son lo mismo.
O.a.






Camboya y el imaginario ruso.




Ya nadie me lee en Rusia
entonces escribir se me ha vuelto
un puñado de silencios
en los que la carencia
hace de onomatopeyas
y derroche.

Nunca supe a bien porque lo hacían…
no me leen en Bolivia, por ejemplo.

Los brasileiros que tienen su zamba,
su futbol y su Caetano
no iban a parar a releer,
tan vulnerablemente expuesta,
la copia que día a día intento hacer           
de la gracia cruda de santa Cecilia Meireles

Inclusive, duele saberlo,
pero podría jurar
que los que me han leído en Mexico
a causa de conocerme
han preferido no volver a hacerlo
y después de venir buscando cierta compañía
han preferido dejarme solo.

Por todo ello es que yo escribía para Rusia,         
me pasaban las horas más cortas del día sonriendo
con cierto candor de nieve,
me imaginaba que tal vez
aquellos visitantes rusos
eran uno solo
y que tan solamente, igual a mí,
pretendía una ficción
que le acompañase en la travesía
de lo que los ojos y el dolor
suelen dar por cierto;

Tan único lector de mis bajas corrientes
era un bolchevique gigante
que se atusaba el bigote
esporádicamente,
entre pecho y vodka…

Acudido por recuerdos, hojas blancas, mentiras
y tinta
cada día yo despertaba proyectando
que su precario castellano
lo hacía venir, hasta este esfuerzo de palabras,
por un par de guiños
puestos descaradamente a su servicio…

Hoy ya no es así,           
mi affaire ruso de latinas intenciones
sobre Pushkin carece de testigos
y se archiva bajo el polvo
emulando el ridículo y desacierto
en el que caemos
los que no tenemos el coraje para ver
lo que ya leímos en Sergei Dovlatov…

Sin embargo lo que más lamento de que no este,
y de que no venga,
no es más cosa que el hecho de que la certeza,
cuando se ha aprendido a golpes,
es un rufián de ojos negros
que no permite ni siquiera la brisa
del polvo extinto de la fantasía.

Hoy por ello
me hare besar por la madre,
cogeré martillo y hoz
y me encaminare
al sueño más trágico de todas las naciones:

Moriré de cerca
a los endemoniados
sin un beso de Ana Karennina
sobre los labios.
Omar Alej.

martes, 19 de junio de 2012

Demagogica Camboya; democracia o muerte.


Dedicado, no sin cierta vergüenza, a los que aun quedan con fe.

A cuenta del cuento
pienso
y asusta un poco pensar
que nadie piense
en lo alto que ha llegado la bajeza
ni en el hecho de que un sujeto uniformado
pretenda señalar la desinformación
que tenemos acerca del informe
que un espía infiltrado,
en operaciones antiespionaje, 
ha conseguido publicar
en la publicación mensual,
de cada mes,
de la revista
magazine war...

Debe ser que siendo las cosas
como son
no exista, en toda la existencia de la palabra,
un ilustrado que ilustre acerca
de la condición condicionante
que suelen tener las temáticas
sobre los temas más o menos claros;

Y si lo digo es porque quiero aclarar
que aun si yo hablo por hablar
no quiere eso decir
que no quiera con palabras someter 
a rigurosísimo silencio
el rigor de un comandante
que ayer,
resentido de resentimientos,
era abandonado a mitad
del medio del abandono
por una mujer de sexo femenino
que no llevaba consigo
lo que uno debía llevar
a una funeraria floreciente
de funerales
donde se constata muerto,
con constancia de asesinato,
el casado esposo,
de constitución más bien
constitucional…

De ahí es que de miedo
el pánico
con el que se comen la comida
los viejos sacerdotes
que en el sacerdocio
no pueden ni apuntar
su puntería en contra del contrario,
ese al que llaman por llamar
dinosaurio dios padre
y fe de todos los que al creer
nunca creyeron más allá
de lo que acá tenían por costumbre costumbrista,
olvidada en los olvidos
de un sol solar
que da una sombra ensombrecida
con la que se trata
del contagio incontagiable
a los lunares de la luna lunática,                           
y moreliana de Jalisco.

Pero a lo que iba
y es que yo que vengo de avenidas
lejanas a lo lejos
y en vista de que
toda regla replica por y para todos
descubro el ardor
con el que el lacrimal
cubre las lágrimas
de los que teniendo un arreglo
se relamieron de más las lamidas
y no tuvieron,
después de los despueses,
más ganas que las de ganar
el concurso de concursantes
donde un cordero herido
presume presuntuoso
la modernidad moderna
de todas sus heridas.
Omar Alej.