jueves, 12 de enero de 2012

Toda Camboya es Dani Umpi.


Hace un tiempo lo perdí, eran épocas toxicas. Yo dormitaba en un smoking room cuando de pronto sentí aquellas manos levantarme de la vergüenza y ponerme a tiro con la cabeza contra los cojines. Perderlo es fácil y una vez que lo haces volver a perderlo es aun más fácil. Sin embargo yo no lo hice mas, preferí quedarme con aquella dulce, y pegajosa, sensación de vacío antes que andarme por ahí avisando al mundo de mi perdida. El mundo se entera fácilmente de esas cosas, debe ser que se te pone un gesto de perdedor o la estúpida sonrisa con la que intentas decir que haberlo perdido no es tan grave.

Yo en realidad desde antes venia perdiendo ciertas cosas, recuerdo que a lo mucho tres días antes del incidente en el smoking room había perdido, al bajar del colectivo, mi última mirada decente a una mujer, recuerdo que pensé –mira que bella que es, seguro tendríamos una charla eterna-. Cinco minutos después la siguiente mujer que vi, falaba mi falo y nada volvió a ser igual. Había perdido la decencia y quizá por ello no dolió tanto haberlo perdido en situaciones tan poco ortodoxas, haberlo perdido recién despierto también ayudo a mantener la calma. Sí, yo perdí el ogete del culo hace unos años y me propuse no volver a perderlo, pero de hacerlo, encantado se lo daría al Dani Umpi.
Omar Alej.