lunes, 9 de enero de 2012

La Sabana de Camboya.






Algunos hombres pierden mujeres
que han sido para ellos
iguales a encontrarse,
después bajan de cabeza la memoria…
Después la memoria son números rojos
a cuenta del ayuno
y del hastió.

Y es que algunas mujeres
son solo un rostro distinto del miedo,
y ante ello calientan el valor
como a una espada.

Todo después de que antes
una intriga firme azares
que al final se quedan esperando a suceder.

Yo he perdido a tiempo a una tal Naomi
o al menos ha sido lo que ella ha dicho
después de succionarme como a un arpa
mis más gélidas pasiones.

Por ello es que hoy su piel
es del sabor de un desierto blanco
que duerme bajo el sol
custodiado por el brillo de la sal…

Tiene los labios tostados con ganas,
los besos despacios y cascados;
breves como un rio que a lo lejos ve llover.

Sus pestañas son siete gacelas
rebeladas contra Dios,
en la palma de su mano hay diez soldados desertores
apostando un as, a favor de la guerra que han perdido.

De su armario saltan,
y asaltan,
paquebotes espaciales
que no saben caer
dentro de la red de protección.

Algo de ella se le cuela
a la tristeza,                                                                 
algo de ella es imposible de morder.

Algo de ella es esta lágrima
que me sirve de tinta para volver a echar de menos al silencio. 

Por ello es que hoy
sus ojos están llenos de miradas que no podrán perderse;
y recuerdo sus pestañas como a toda una sabana rebelada contra Dios.
Omar Alej.