lunes, 31 de diciembre de 2012

Camboya; silencios enlatados.





Cuanta tristeza en el sinsonido…

¿Cuánto de miedo
en el valor que pagamos
por no hipotecar el deber?

Cuanto agravio
en la misma palabra que ayer
era toda historia
y fue entre nosotros
el lenguaje
con el que la ternura
y la calma
epistolaban la fe.

Qué invalida la voz
cuando solamente una duda
le viene
y le acusa,
además,
de haberse quedado detrás
de lo que estaba sonando
y le venía desde ella.

Así
ni Ploc ploc,
ni tic tac,
ni glup glup,
son más que badajos
y cascabeles
hundidos
con un teléfono muerto…
en lo que resulta
de una habitación cero cuatro
del cero dos…

Como un respiro,
que al suspirar se nos pierde,
nos deja el dolor
y en sus vuelos acusa
nuestra falta de alas…

No podemos seguirlo,
nunca estamos tan vivos…
Y las manos.
Y el hambre.
Y la juventud.
Y la gula del deseo;
y lo que alguna vez era eterno
sin dolernos se van.

Persistimos en algo,
tal vez,
que será silencio mañana.
Omar Alej.

Camboya; una esquela cerca de las vías.





Una a una
me saco del cuero
las agujas…

Me dejo derramar
y del vacío
un rumor de aviones se complace
por caer.

Las envuelvo,
también,
con la esencia del veneno
que destilan;

Asesino si es preciso,
la lengua criminal
y el terciopelo de la escama…

Son del viento ahora.

Mis palabras educadas,
dobladitas,
como asustadas del día
bajo la cama,
se suponen un silencio tétrico…

La ceniza,
cual tez viva en la intemperie,
cuenta historias de preguntas
en el cenicero:

No hace más que abrirse
y dibujar
paisajes de una lluvia
que inunda
entre las hojas rotas
de una frase que se pierde
porque dice la verdad.

Año fin del mundo
y los convictos
acerando sus cadenas
para atarse
en una suerte
que reviente en las orillas.

Las tersas nochebuenas
copulándose
ante el grito de las luces,
saltando de frío
sin más opio que su breve incandescencia;

La sutil proporción
de cuanta herida arde
reflejada en el rostro confuso
de otro sueño al pasar.

Todas las calles
vestidas de nuevo
en el ajeno placer
de los besos robados…

La canción del verano
fracasada otra vez
en el amen:
por los siglos de los siglos
ayer.

Así termino esta esquela de años;

Venenos cocidos al cuero
con agujas
que ya son del viento.
Omar Alej.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Camboya...la fin.





En algunos olvidos
vive la memoria resguardada.

Hoy proclamo la fin;
Mi nombre,
la lujosa antecedía,
mi dirección,
el sitio que destruí para llegar al este…

Las horas que transcurrieron
esperando esta palabra:
todas las ocasiones para olvidar
han sido olvidadas.

Luna viene,
ya me oculto de existir
y la existencia huyendo
duele placenteramente;
como filo cuando entra
y ya no puede entrar en nadie más.

Tengo algunas respuestas sin pregunta,
están vivas
las luces que anuncian
la llegada de un nuevo sabor
que ya no sabe a sangre;

Detalles
que enfrían
los síntomas de fuego en mis paredes.

Ser temiblemente blanco
y bueno…
                      y suyo.
Omar Alej.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Camboya...al fin.




Peligrosa y homicida
como una esquirla al despedirse;
legionaria de legiones extranjeras
que aun descreen
de ciudades sin pecados.

Móvil, ella,
de los crímenes de ayer,
de los de hoy
y de todo aquello que,
tal vez,
los hombres no estén aquí
para llorar mañana.

Muerta como esta
dicen que canta,
que vela los destierros
sin preguntas
y que duele verla
en duermevela.

Sueña con las pesadillas de templarios
y al cruzar por cruz
una herejía
suenan sonidos de tambores
que batir en las batallas;

Sé que tiene en la rebeca
mechones de cabello de Sansón,
le hacen juego
-piensa-
con los ojos de Edipo
y con la noche
en la que Otelo
nublaba con su piel
el algebra del sol…

Madre Mesalina
y reina Mab de los traidores,
derramada cual espuma
de Pandora, de Malinche,
de María virgen y de Helena.

En los cobertizos de una llama
trepidante en la campiña
suben sus pechos
a ser besados
por un mitad dios,
mitad bastardo de la jauría.

Fue,
con sus besos de cicuta,
y profanó
los vastos valles de tristeza;
insinúa que la infamia la socorre
y ha dejado,
en la comisura del deseo,
un botín de oro maldito:

Pájaro de acero y roca,
lumbre de ojos,
sangre negra…

Clavos de marfil
como centellas
en la cruz.
Omar Alej.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Hacen mal en sospechar de Camboya.




Hacen mal
en decirte que te quiero;
mis ojos formulando
antídotos contra los signos
al final de cada puente,
los rumores
de supuestos latidos,
y cianuros,
sucediendo en tus inercias
imponen equilibrios
atados sin red
de tu boca a la mía.

En la estantería secreta
de los fondos de mar;
donde una alfombra de botellas guarda
el secreto inverosímil
de una hoja
seducida por la decadencia
de un tintero…

En la trasnoche de los carnavales
cubiertos del vacío,
con los artilugios de sonatas
descubiertas en el hielo…
Donde Jhonny Cash
queda pendiente de tirar
una moneda
y sencillamente ver que pasa.

En los amaneceres
ocultos tras la neblina,
en las miradas
que creen poder
hacerte llorar sin palabras
y en todo sitio
a donde nuestra ausencia
queda clara…

Hacen mal en decirte que te quiero,
en lograr que nunca ocurra
lo que ha ocurrido para siempre,
en poner por lo alto
el sol
y la luz incandescente
de un galope que cabalga sin destino,
en que hagas mal
al decirme que me quieres.
Omar Alej.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Camboya; Donde solíamos escribir.






Te leo
en ti está escrito mi nombre
y el hombre
al que un churumbel
revive muriendo.

Aquello
que, en un momento cualquiera,
se torció hasta romperse
no era la miga de sal,
ni el ungüento de escamas…
Luna magra derritiéndose en el espejo.

Eras toda tú
de plumas blancas
y tintas perlas...

Te sobrevive
tu propia elocuencia
construida con bloques moteados
de silencio;
humedades río arriba…

Sabe a humo,
y aguardiente,
doblarte,
desdoblarte
y grabarte,
tantas veces,
la desesperación
de las costras de mi boca.

Qué ojala un beso me consagres,
un paseo
imposible
por los lindes
de un alma que he apostado,
y perdido,
para darme
en un intento por tenerme.

A ti te quiero
pulpa
del corazón de un árbol.
Omar Alej.


lunes, 24 de diciembre de 2012

Camboya; La realidad enterrada en la poesía.





La realidad es que no nací.

No vine al mundo
con carácter de urgencia
ni tampoco un arcángel
anuncio mi arribo
para después acatarse
a las dimensiones de un haz de brillo
pendulante
en las vigas de metal
que sostenían un cielo improvisado,
y sin estrellas…

Después de todo
no vendrán a contar
que la sombra de alguien falló
en la cometida que hizo
para borrar el recuerdo
de una gloria acostada,
cubierta de flores,
a orillas, tal vez,
de la cama de Steinbeck.

Lo que habrán de decir
es que nunca besé
el papel de revistas
donde venían desnudos
los primeros pezones
en los que di cuentas
de cuantas mentiras
valían
masturbar a la pena;

Pensar que aun pienso
en que, debido a una obsesión
con la lumbre,
no fui llevado
por las naves espaciales
que huían los domingos
y que nunca más
volverían a sonora…

No me atraganté de lágrimas,
no me vestí de loco
para probar
las dedicatorias
con las que aman algunos cuerdos.

No llamé
a quien no recordaba mi nombre,
no bendije la mesa
de quien me alimentaba con sobras;

No propicié
una guerra mundial
donde el ayer
prefería pasar
de la inminente llegada de un fotograma
llamado *futuro.

La realidad siempre fue esa:
Yo nunca estuve lejos.
Yo nunca mate de amor.
Yo nunca temí del odio.
Yo nunca ardí de fiebre.

Yo solamente fui yo
y no habitué jamás a mi voz
sacrificarse en el nombre
de lo que podría haber sido.

La realidad es pedirte
que no pidas que te diga la verdad,
no aun.
De la verdad no se vuelve jamás;

Del hecho
de que después,
para continuar viviendo,
dejé de vivir
todas aquellas vidas
que me estaban matando
y fue que otra vez
la realidad sostenía un avance
disparando sin tregua
sobre la luz arrendada
de una canción que mentía.

Fue una vida sin muerte,
un paraje sin peligros,
una epístola sin remordimiento alguno
y el mundo
entregado sin batallas…

Como la digo,
así,
sin poesía.
Omar Alej.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Camboya; La vi entre la pena y la nada.




La vi llorar,
escuché el grito mudo
que estallaba en su ahogo,
para no perpetrar
un abandono más…
tal vez el ultimo sueño
de bailar un foxtrot en Berlín.

La vi cercada por la desgana,
gastando las últimas líneas
en simular el ímpetu de los fracasos;
con la cara contra las manos
y sin pensar,
humana,
en los tangos que revivía
del viejo baires,
por las avenidas de barracas…

Parecía,
su corazón,
el blanco abierto de los sístoles,
y diástoles, de una ciudad podrida
por el asedio de las fronteras.
Atacaba con calma
cada paso oscilante
entre las asfixia y el crimen…

Brotaron sus ojos
como grabados de rabia:
los perros sin pedigrí la rodearon.
Ladraban su nombre
y por Dios que ella aullaba,
aunque con los ojos cerrados.

La sangre
de los Balcanes,
de las misiones y del viejo Santiago
era toda su sangre,
y cayendo en goteros,
entre los caminos,
de un adoquín a otro,
parecía imitar su silencio.

Entonces no sentenció
que era zurda
ni quiso saber
de las visitas que la virgen de Fátima
facturó en el oráculo del fin del mundo…

No barajó,
por puro arte intuitivo,
los naipes marcados
que había en el sobre heredado
de supuestas puestas de sol
bajo la luz de la luna.

Se dejo ahí quieta,
atragantada de mocos
y luces marchitas
que antes,
en otras miradas prendidas,
ella veía, una tras otra, apagarse…

De antes lloraba
y lloró toda tarde tardía,
aburrida de todo;
colocada hasta el cielo con nada.

Se sabía llorando
y no dijo una sola palabra;
mojaba con lágrimas
una mañana no tan de ayer.

La vi viva
y respirando.


Omar Alej.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aun Camboya sin descubrirse.





Pasan tantas cosas en un año;
bautismos, casamientos,
inviernos, primaveras, lunas de miel,
masacres, odiseas y espacios…

Pasan horas
y pasan tantos pasajeros
que bien puede ser que,
a partir de mañana,
yo empiece
verdaderamente a marchitarme.

Pasado hoy
la oscuridad se haga oscura,  
verdaderamente calen
las muertes en el hambre que tienen mis huesos…
se dispersen por siempre
mis guardianes alados
y ni siquiera me sea permitida
la criminalidad que profeso
desde inocentes palabras;

Y puede ser que suceda
que un día
en realidad no signifiquen nada,
o incluso peor:
los embargos, los éxodos, los orfanatorios,
y la mueca muda de la luna
sean momentos de rotunda alegría,
los ayeres.

De pronto el futuro
podría cansarme de veras
y entonces que pase
que no haya más ríos de risa
ni más cuentos de peces sombríos,
corazones rotos
emulando canciones descorazonas…

Presiento
algo más grande
que mi lomo roto a palos,
algo aun peor
que los confines más humillantes,
un abismo aun más reacio
que mi propio carácter…

Algo más hosco,
y hondo,
que la mentira, el vicio
y la nada.
y que para entonces
no bastarán mis manías…

Para entonces
tal vez enferme realmente
y la vida me obligue a jugar.

En un año puede ser que suceda
no haber,
todavía,
padecido de nada;

No hasta hoy
cuando sin querer,
o aun queriendo,
asesiné todo aquello que soy
por miedo
a volver
e irme muerto de nuevo.
Omar Alej.

martes, 18 de diciembre de 2012

En Camboya haciendo lo que (no fui yo) nunca hice.





Nunca te engañe por nadie,
<<vamos que no fue
sentirme encandilado
por la brevedad de los momentos>>

No fue que me pareció
oportuno aquel beso robado,
ni que fuese
en su inocencia
un gran pretexto
para huir hacia adelante.

Nunca preferí
dormir en brazos
que abrazaran de un modo distinto
a ti;
sin ese fuego de descuido
y solitario.

No es que me embellecieran
otras manos,
ni tampoco
que el sombrío viento
en otros cabellos
me diese un lenguaje superior
para poder hablarte…

Tú podrías imaginar
que fui en busca
de otro acento,
de una luz más penetrante
que tus muestras de esperanza,
y sin embargo
no fue así:

Yo nunca he decidido
a por alguien
que no tenga tus encantos,
tu ternura
o tu candor;
posiblemente
ni siquiera sea posible
mar alguno
como el brío de tu humedad…

Debido a ello,
y a que no quedan en tierra
huellas de la planta de tus pies,
ni siniestro
que acontezca sin tu abismo;

Nunca me vestí con otro cuerpo
para desnudarte.  

Lo hice por mí...

Como por mí
lo he tenido que hacer todo.

Incluso, estoy seguro,
por mi no quiero
saber por qué lo hiciste.

Estrada.

Camboya; Por las sonicas ramas de un cantaor.






¿Qué habría de mí sin ti?

¿Cuánto desierto
podríamos quedarnos
de aquellas noches
de la mentira?

¿A qué sabría el sabor de la patria
si no es porque los extranjeros
abrevan del himno que no se canta
y que nace de entre tus piernas?

¿Con cuanto equipaje vas
ahora que has regresado?

Dices que lo mejor no es andar;  
que lo mejor es fundirse con el camino que andamos…

¿Pa que querer vivir
dos mil años
sin haber visto una vez
la placa de aniversario
que esconde el coronel,
ahí colgada de un clavo,
en la pared?

¿De qué me hablan marinos?

¿Es que acaso no ven
las olas de sus vestidos,
el fiambre en que me ha convertido…
mis velas y mis navíos
que esperan
por el salitre
que le quema bajo la piel?

¿Preguntan  
si acaso podría
vivir con ella en la orilla?

Tan lejitos de los ocres
que quedan después de rociar
las noches
en olvidos de lejía
¿no es, acaso,
la cima
de donde se tiran
los galopes desbocados
de la sangre?

¿Será que jamás me entienden
chubasco?

Será que jamás lloré
por tener que pedir de regreso un beso
que al aire había regalado…

No me busques
Por las ramas
Siempre estoy.

Omar Alej.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Camboya; Una linda victima.





La vida, la naturaleza, mi madre,
la humanidad, el mestizaje, Dios…
o que se yo.
Me han hecho lindo.

Al día de hoy tengo treinta años,
un peso aproximado de setenta y siete kilogramos;
mido un metro
con ochenta y siete centímetros…

La piel me queda ya un poco floja
aunque aún
sigue pegada a mi esqueleto;
mi cuerpo desaprueba la fuerza
y mi idea de mesura
la flexibilidad de corpóreos recursos.

Suelo tener ojos pálidos:
la conciencia puesta a la sombra
de un par de cejas
que sostienen
no necesitar de más explicaciones
que lo que la noche confunde.

Tengo en verano
el tacto frio,
nostalgia por la nieve
y esos tres cubos de hielo en el gin
de los que cojo el impulso
para no llorar de calor.

Supongo que a causa
de un pasado callejero,
guardo cicatrices
en precisos sitios
imposibles de reproducir en un espejo.
Y ni hablar de mis cabellos,
que maldigo, son producto de una herencia indígena
del norte del país.

Tengo –si es buen día
y llueve un poco-
un peculiar sentido del humor:
libre de ridículos
y dispuesto,
quizá de más,
a hacer el tonto.

Mi voz es un desgarro,
mi silencio es un rezo
por la salud de Dios padre,
mis dientes tienen manchas de tinta
de tanto morder
a las palabras,
mis memorias son historias que otros
padecieron sin más refugio que un libro cerrado.

Sonrío ante la más minina provocación
y ante el más mínimo acto
de desacato humano
lloro tranquilamente,
lanzando al aire juramentos…

Y además,
no satisfecho con ser un probo
que aprueba practicas
de índole narcisista,
tengo afición
por los hombres que gustan ser amigos
de sus enemigos.

Tengo
guerras declaradas
y batallas perdidas
contra mí mismo,
debilidad por las damas
de discreta belleza
y el desenfado
de repartir con agravios
la perturbación con la que cuento
con nadie…

Lo he dicho antes;
la castidad, las distancias, el pecado,
lo oculto en el agua, los horizontes,
las soledades, las lunas,
y lo peor de lo mejor de todo.

Me han hecho lindo.
Omar Alej.

viernes, 14 de diciembre de 2012

En Camboya Romeo no da para vivir.






Debí permitir que te fueras,
lo mejor seria
que no hubiese puesto el cañón
en tu sien
ni abolirte las ganas cansadas
que tenias de matarme…
debí desatar en ti los nubarrones
y sentarme a verte asediar
la libertad
como vos hacías conmigo.

Quizá de no haberte
atado a la cama…

Si tan solo
no hubiese estrellado tu cráneo
contra la vitrina;
no haber cortado tus cables,
no encender tus navíos
con llamaradas de ginebra.

No debí
sodomizarte
y tal vez
ahora no estarías
tan, tan...
                                                     tan lejos.

Discúlpame,
reconocerás, al menos,
que no llegue a ser tan cruento  
como Romeo.
O.a.

jueves, 13 de diciembre de 2012

En Camboya hay quien escribe con manos de agua fría.






¿Escribir?
apelar a cosas nuevas
de mis viejas bitácoras de vicio
y quietud…pretenderme:

Intentar predecir los futuros
con la guía
de un calendario de fotografías,
colgar de armarios
la lengua suelta de los maratonistas
y consignar a lutos
los pálidos obituarios
que Dios padre
escribe en el cielo
para anunciar la caída del diablo.

Saborear
las teclas blancas y negras
de un piano lejano
que toca en Toulouse;
todo sea por Magdalena María
y la escases de tetas
en el último libro
de la estantería.

Tener al teléfono
los ojos de la culpa
y escucharla
sin mirarla con pecado;
llamarla Marylin, Greta,
Rita…Vivian Leigh.

Escribir…
darle un portazo al día
de subir las escaleras,
secuestrar el plan  
de los letreros de peligro
y fumar abiertamente
por la herida,
como Manolete
cuando islero y Lupe Sino…

Darse en un golpe de torpeza,
dejarse dentro,
ver a donde lleva
el costal del coco
y creer
que Plutón
aun es el planeta
del que vendrán los sabios
a destruir la tierra.

Escribir;
agendar huidas.

Dar y hacer lo que vendrá después,
cuando el flujo en la bañera
te acaricie por la espalda
y mis manos sean de agua fría.
Omar Alej.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Camboya; Por encargo de un futuro que no acaba.





A nada le importa.

Nadie se complace,
pero yo igual
anclo por segundos en el piso
con la sangre tibia,
aspiro el lomo helado
del aire de diciembre
y antes de abrir la puerta
recibo el trote
de las nubes grises
que vienen
y saludan con gesto sincero,
muy de antes.

Me llama su voz grave,
como de trueno,
y asiento
digo que sí ante el espejo;
que sí, que ya no tengo el uniforme
de cuando los infantes de marina,
allá en sonora,
se hicieron secos escritores
con palabras de bisutería
que nadie más quiere lucir
en los aparcaderos.

Es algo que está ahí
entre los dulces de algodón,
las barberías en Penny Lane
y la obscena cantidad de besos jubilados
por encargo de un futuro que no acaba…

Por debajo de los ojos
van los riscos,
los canales de riego,
las cosechas de arena en el pacifico
y el sol embravecido de mayo
sosteniéndose por clavos
en las paredes de casa de la abuela.

Me hacen ilusión
estas nostalgias
y me echo andar
sobre los rastros de los perros
que atestiguan
la caída de una bandera
en los patios desolados de un colegio;
lo escribo para un abrigo,
que llevaba entonces, sin botones,
simulando el cuerpo de la tinta
en el tintero.

¿Después?
qué bonito el ocre de un farol,
de una rama
y de un sigilo…

Que delicada la miel
de las luces
cuando rompen en la niebla
como un juego…

¿Y nosotros?,
que antes de ser fuimos,
colmados de sorpresas
en la apacible imagen
de la lluvia cuando aun caía
por ambos lados de la ventana…

<<Tú estabas>>

¿Recuerdas?
Omar Alej.

martes, 11 de diciembre de 2012

Camboya; encuentros donde la despedida es primero.



Se despiertan por lo frio de su piel desnuda; intuyen el veneno en esas bocas que saben a monedas mojadas. Desean el deseo y sus alas están pegadas como gomas en el vomito que alfombra el piso…

Perdieron para siempre el dolor, para nunca jamás volver pincharon en sus venas trocitos de nubes y secretos de virgen María.

Él se cuenta los dedos de los pies y advierte que le falta una costilla; ella tiene una humedad que rompe el aire y el aire queda alucinado como agujas que sangran morfina; recargadas en ceniceros crepusculares que cantan canciones de Iggy Pop…
O.a.



Camboya, la tierra no prometida.





En días como hoy
teniendo, de ausencia,
los ojos como estaciones vacías,
hurgando en el vicio
que tienen las paredes
de mutilar imágenes…

Sin el toxico afrodisiaco
del olor a semillas
que al dormir resurge
de un brote de cabellos
peinados con el tiento de cerámicas.

Cuando la gente despavorida
asegura las casas;
cuando disimuladamente
inventan una rabia
ataviada con rutina y prisa…

A través de las avenidas,
uno en otro, sin mirarse,
pagan por cobrar
al final de recorridos gastados
que van a donde han partido.

Así que cuando
no hay guerra nuclear inminente,
cuando la ciudad
hace colgar de pinos
los bonos de sus ídolos
tal vez lo mejor fuese
decir té, diccionario,
antibalas, probeta,
de, culo.

Quedarme en casa
ordenando gotas de agua
sobre las tuberías,
romper algún sello…

Quemar hojas de libros
mientras fumo rocas
en un refractario azul
que una novia
dejo con buñuelos
dentro del frigorífico;

Pero los días como hoy
son ayer
y son mañana también:

Nacen
en medio de la luz mística de un diablo,
con apatías como único sol.

Ves en las televisiones de los mercados
programas de alta cocina
y dan ganas
de cederle a los cristos de la paredes
una huida; 
que al menos el rumor del aire en los columpios
se sacie,
al vernos extinguir otra mirada
en los folletos de turismo
del año ochenta y dos.

Cuando los días como hoy,
en los juicios celestiales,
del mazo que Dios aporrea
pidiendo más vino,
no acaban
porque la luna…

No hasta que Adan coge a Eva
y arrendan un local
en un lugar menos peligroso que el paraíso.

Estrada.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Camboya y el plagio a Nick Cave de la pena.






Lo peor
es verte tan alegremente triste,
revolverte en ese tenue azul
que también sienta en tus ojos negros
y lucir tan bien citando palabras
que como aves
son metáforas de silencio…

De pronto enamorada
de los lagos hondos
y oscuros
de la melancolía:

Lolita de aquellos locos viejos
que otrora despreciabas
por no ser
eternamente jóvenes.

Son celos
de verte tan desnuda,
bañada en sangre…
pintándote en lienzos manchados
por el tiempo.

Y organizando la liturgia
de las que alguna vez
fueron canciones,
que escuchaste,
por encima de llantos
que olvidaste.

Duele
y es lo peor
pues en mi lugar
todo es igual
a la imposibilidad de siempre…

Hoy en tu trinchera,
palabra a palabra,
infieres mis oraciones;

Como si al rezar por mi
mi penitencia
fuese puesta en paz.
Omar Alej.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Camboya, un hogar para Ceniza.





Ceniza es dueña de un jardín tardío,
labra la tierra rota
con cuchillas
delgadas como pétalos;
siembra a veces una ola…
cosecha a veces
restos de Adán y Eva.

El libido de su llanto
viste en grises hojas secas
bailarinas,
el aroma alado
de palabras va boqueando
en el frio más invierno
de la primavera…

Yo la quise
y todas las sombras que quiero
la quieren hoy,
cuando hasta
el ángel de la guarda
aguarda por verla.

El humo y la piedra
son libres en los lejos,
abedules flacos crujen
contra de las aves
que le imitan la voz
para mudarse
de gritos a canciones…

Como un arlequín
nos dio la luna;
agriaba el vino
y embriagaba las felinas caderas
que nos dolían entre las manos.

Sabor a leche,
verdor de menta…
pasión de pan.

La dejamos como a un sentimiento.
después, como aquello que sentimos,
nos fue dejando…

Queda, y juega,
antes de todo,
siempre, la soledad:

Agria semilla
de dulces frutos
enraizándose en la cadavaria
de los barros.

Yo baje al fuego por ella,
yo pise las minas todas,
yo todo sueño lo vi estallar  
cuando metrallas de lumbre
llovían como galopes…

Nubes no ardieron,
ocultas en su cuerpo,
un rumor de dudas…
y fue beberla
sin sentir temblor alguno.

De la nada todo ha vuelto,
persas codiciosos
la seducen con plateas, performancias
y crímenes de guerra;

Ceniza se violenta
y se pierde;
anda
clavándose espinas
en los ojos negros
de un atardecer que la despierta.
Omar Alej.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Camboya; oda a la Guerra de Daniela.





Yo espero en ti
y por hábito o costumbre,
(esa cosa magra
que tienen los días
para pasar inadvertidos),
solo espero que al leerme
desintoxiques el recuerdo
de anhelos
y supuestas vertientes
que conducen cielo adentro.

Que a media luz
de una gaviota que camina
picoteando
granos de pan
no quieras otra cosa que abrigarme…

Que al pasar por los comercios,
en las estrechas callejuelas de Cádiz,
un poema pienses para mí
y no lo digas;
que al silencio lo sueltes
y vayamos tras de él
besándonos contra los barandales
de las casas.

Que ojala te abras como un loto
y toda tú regada en partes
castices del universo a las estrellas
y que canten…

Que por suerte,
en uno de esos casuales
giros del destino,
los sarcasmos no permitan la inadmisión
de los signos negros que señalan
la estación en la que habré
de verte abrir la puerta,
para juntos
inhibir la red de protección
de las ciudades:

En un día,
a punto de cerrar,
en las visitas conyugales de las plazas,
en los aeropuertos....

Yo solamente espero
que traigas de regreso
el mapa de caricias
cifrado en tu nombre,
Daniela.
Omar.