martes, 28 de junio de 2011




Fechas memorables
(Primeros vicios; primera parte)

Si me ves pasar por ti sin detenerme, es que sigo planificando mi pasado…

Con nueve años, en una ciudad que entonces padecíamos bajo el nombre de Guadalajara, soñar con los labios sonoros de Sharon Stone era una patología diagnosticada, sin consulta, en todos aquellos que un día fuimos. Amortiguados por el rigor concreto de aquellas banquetas, cuasi clandestinas, y gracias a las entonces secretas bondades que tenía una botella, Katia se lo hizo bien conmigo y me brindó su boca (con todo y lengua) como un homenaje para los que entonces eran mis primeros gimoteos “poéticos”. Desde entonces yo ya sé que mi sexo se ha mudado para siempre a mi boca.

Con once años y ya más dados a la tarea de hacer de aquella sobrevivencia un lugar más o menos habitable. Empezamos por cambiarnos la identidad, por jugar a ser los más malos para todo.  Alguno de nosotros “los de entonces” supuso que la única manera de sacarnos la fragilidad que daba el miedo era haciéndonos pasar por duros, era cambiar de una vez por todas del “cuando sea grande” al “ahora que lo somos ¿de qué sirve?” los demás lo seguimos. Escondidos entre tinacos, tuberías y cables para tender la ropa, fue que encendimos nuestro primer cigarrillo, para algunos el último. Desde entonces yo ya sé que mis sueños tienen las características del humo.

Con mis diez y dos vi mis primeras 6:00 am. Las Luces de Bohemia, a decir de Valle Inclán, mueren a esa hora para dejar paso al brillo cansino de un astro devenido en rey y acabado en sol… yo le creo. Yo le creo que ir al mundo sin dormir es mucho mejor que ir a la cama sin soñar. Es por ello que no suelo amanecer sin darle gracias al insomnio producido, otra vez, por la lucidez del naufragio que suponen los desvelos del alma en un mar de whisky. Desde entonces yo ya sé que ningún día valioso sucede sin el velo de la noche; borracho a medio sentir.

Una vez ocurrida la mala suerte, con mis trece años detrás y a expensas de la mala fortuna por delante. Una madame, que se hacía pasar por la mamá de mi novia, instauró entre sus piernas la generosidad como único régimen. Me adoptó sin pedirme ni carnet ni papeles, protegiéndome de los días sin lluvia entre las que a la postre serían mis piernas definitivas…las primeras. Desde entonces yo ya sé que mi destino es ir calcinado por una sed que no se sacia. Busco en nombre de su escudo de armas, y corona, un elixir de la eterna juventud que me asesine.
Omar Alej.







sábado, 25 de junio de 2011

Sobre envidias y vergüenzas.





Muchas son las veces en las cuales yo no existo,
el mundo con su legendaria historia de recelos
se interpone entre mi vanidad y yo
dejándome abiertos en canal
los tejidos de mi pasado;
-resignación-me sugiere
cada vez que le discuto
la vulgar (re) producción en serie
de mis sueños, pesadillas, subversiones
y delirios.

Soy nulo, y además no existo,
cuando una voz grave (de hombre)
se asienta como un germen 
camuflando en las raíces de tu libido
lo que escuchas con lo que quieres escuchar…
Unas manos, por ejemplo,
se embarran en tu piel
iluminando un ángulo de ti
que se que desconozco
porque jamás pude existir en el.

El exceso de hombres bien pensantes
y enterados
me apaga
y convierte en tibio farol
mi verborreica afición por el maltrato,
lánguido me declaro victima
de un destino mediocre
que no me atrevo a perpetuar
y que solamente escribo
detrás de las rejas
de una supuesta locura
y un enclenque espanto.

Ningún vertebrado
(Ni en la tierra, ni en el agua)
se contrae al escuchar mi nombre,
si les llamo soy quien a ellos va.

Paso inadvertido ante el ojo denunciante
de los extranjeros
y en mis propias gentes
la memoria que les aplasta
no ha sucedido
ni sucederá conmigo.

Dios no lucha contra mí
y me acobardo,
me planta en los campos de batalla
mientras juega con otro fuego…
                                                           Con uno que si existe,
no soy digno ni de diluvios
ni de guerras,
intento entonces instaurar sobre los muros
mi apología a la miseria
con fotografías blanco y negro
de cantantes que no quieren escuchar
sus canciones usadas como himnos de mi paganismo…

No me entrego ni a la rabia
ni a la indignación, ni siquiera al desenfado;
Muchos más motivos para el grito
tiene el lienzo
que intenta pintar con los ojos
el espíritu de un manco.

“me gusta el verano
y la lluvia.
¿Huele a barniz?
a ver si a Lucas le gusta
el retrato que le hice,
ojala ponga esa cara de alegría
que casi nunca pone.
Como cuando le dije que su aura era de color naranja”
En eso pensaba una chica
mientras se frotaba con mi falo
los molares.

Y no es la envidia lo que siento
sino la vergüenza de estos celos que me escupen.
Omar Alej.

martes, 21 de junio de 2011


Deep Camboya Town
(Donde todos somos camboyanos, pero nadie es bienvenido)

En esta ciudad
las manos no escriben cartas,
-¿donde poder hablar sobre
el gran modulador de la vulgaridad?-
pregunto comiéndome las uñas;
la violenta deshumanización
desmiente que tanta rabia
sea a causa
de tener que acompañar la trepada del otoño
a través de los arboles del ayer.

En esta ciudad
los ladrones ladran
apenas palabras livianas que sumen
en los muros de un siniestro
anhelo por volar,
sospechan que nadie viene
y que las pintas en la calle
son el esbozo de un chillido
y nada más.

En esta ciudad
más profunda que el miedo
es la punzante sensación
de que todos digan –justo ahora-
sin entender siquiera que todo aquello
que hoy reciben
viene huyendo.

En esta ciudad
la  estupidez perenne de los chicos (más bien chicas) en las discotecas
se perpetua por no poder ni apagarse
ante la urgencia del radio transistor,
a decir de ellos (cada sábado a la noche)
la vida suele ser
algo más que
un revolver loco que cruza masticando
con sus fauces de pólvora y metal.

En esta ciudad
va la sombra de un satélite
que péndula entre las redes
de la espuma
e incluso hay quien se inventa que del agua
nace un ciclo de tormentas,
un amante liquido que busca
una mujer ya hecha vapor
pero que usa como seña
unas medias de cristal.

En esta ciudad
los más muertos
drenan la sabia de los vivos con su pis;
cómplice del crimen y asociada
con la suciedad del hombre
la tierra escuece
y los cadáveres se rascan
las llagas en el ébano
haciendo crujir la lluvia que mancha
con su liturgia del barro
a una ciudad perdida
entre las garras de Dios.
Omar Alej.

viernes, 17 de junio de 2011

Setenta veces siete las palabras.


Las palabras distinguen a la soledad del vacío.

Las palabras apartan la luz de las sombras.

Las palabras murmuran que viene el silencio.

Las palabras se caen de los árboles en otoño.

Las palabras se encuentran perdidas en las manos de quien no entiende.

Las palabras acuden en busca de quien grita por vos.

Las palabras consuelan los oídos del mudo.

Las palabras torturan la memoria del olvido.

Las palabras caminan en la superficie del agua.

Las palabras esconden el rumor policial de la noche.

Las palabras –buen día, te amo, despierta, ¿Dónde estás?- hacen salir el sol.

Las palabras suceden de tu cuerpo a mi boca, como un golpe.

Las palabras reviven la juventud en las cartas.

Las palabras no entienden lo que pronuncia el fusil.

Las palabras son granos de oro que no sirven para comprar una casa.

Las palabras rinden culto a Dios aunque Dios no nos hable.

Las palabras son madres sanando una herida.

Las palabras viajan en los vagones de un tren que ya descarriló.

Las palabras protegen la verdad del mentiroso.

Las palabras son poco menos que un grito, pero mucho más que una ola.

Las palabras son espinas; la rosa es el hombre.

Las palabras sentencian el alma a su derecho a llorar.

Las palabras tienen sueños terribles donde se pesadillan escritas en un “poema” de Omar Alej.

Las palabras –te llamas Omar- me dijo mi madre, después todo fue dejar de existir.

Las palabras dan misa el domingo a las doce, cogen al vivo y lo matan al tercer día.

Las palabras al llover mojan más que la lluvia.

Las palabras son eso que no se puede decir.

Las palabras esconden insondables misterios de pureza y transparencia.

Las palabras son estrellas fugaces que cruzan el cielo, y el vientre, y la mirada, y la piel.

Las palabras son verdes arbustos en el jardín de los locos.

Las palabras son fáciles de distinguir en una guerra, son las que no mueren.

Las palabras son ventanas que permiten ver lo que la imagen no muestra.

Las palabras son el patrimonio de los corazones rotos.

Las palabras son círculos, son redondas, son pelotas y rebotan.

Las palabras son las herramientas del enojo…y del desprecio.

Las palabras hacen que los codos hablen.

Las palabras dichas en voz baja a media noche tienen una melancólica alevosía que no escuece.

Las palabras hablan más de mil millones de humanos en todo idioma.

Las palabras son Pessoa, Borges, Baudelaire, Artaud, Garcia Lorca y muchos más que aún nos hablan.

Las palabras –hermano, hermana, madre, hijo, hija, padre, amor- sin finitas como raíces.

Las palabras, las palabras, las palabras, las palabras, las palabras, las palabras, las palabras.

Setenta veces siete las palabras.

Las palabras en su ingravidez hasta dicen silencio y se dejan callar.

Omar Alej.

jueves, 16 de junio de 2011

Deep Camboya esquina con Berlín.

Existen músicos que son mas allá de lo que uno por fuerza de costumbre disfruta escuchar. Coque Malla es uno de ellos, un tipo sin par, un capo aleccionador de lo que se consigue cuando es la pasión la que rige sobre todo lo que se intenta. Es verdad que su nombre no sucede en los hit parade, sin embargo su talento no prescribe, ni requiere de refrendos (im) populares. Por esta razón lo hemos escogido a él para la canción del jueves (cobarde) porque lo sentimos como un camboyano mas y el sabrá que igual nosotros nos sentimos algo Ronaldos.



martes, 14 de junio de 2011

La Habitación Desordenada (Fragmento) / Debut de La Azarosa Palabra


Entrevista con un hombre atormentado (por ser un hombre atormentado).

Entrevistador.-
Desde principios de la humanidad, de generación en degeneración, siempre se han contado historias sobre hombres atormentados ¿Qué lo hace a usted distinto? ¿Por qué habríamos de creer en la magnitud de su tormento?

Hombre Atormentado.-
A partir de la construcción de su pregunta me entero que, empezando por usted, ese derecho se me otorga vedado, sin embargo en representación de los que sí comprendan, responderé. Es el fracaso lo que me hace distinto ¿Qué cómo es eso? Muy sencillo, digamos que yo como un bufón más de la corte hago del fracaso mi mayor número. Lo mismo que un torero que entiende que a menos que salga en camilla después de ser cogido por el toro la gente sólo aplaudirá decepcionada o el funambulista que sabe que cruzar la cuerda floja sin red es nada comparado con caer, eso mismo pretendo yo. Expongo con mi propia vida la magnitud del fracaso y solamente espero poder divertirles.

E.-
¿Igual que el resto de los bufones?

H.A.-
Ya el tono irónico de su pregunta me sirve de respuesta.

E.-
No es ironía, sólo que no entiendo a quiénes se refiere con el resto de los bufones ¿podría explicarlo?

H.A.-
Seguramente usted en su labor periodística no sólo tiene que entrevistar a tipos exhibicionistas del fracaso, como es mi caso, sino que en algún momento habrá tenido la oportunidad de hacerle preguntas a uno de esos sujetos dignos de atención y respeto, pues de ellos hablo. De esos bufones de la corte, llámeles Bob Dylan, Leonard Cohen, Lou Red o como prefiera. Todos ellos son el pan envenado entregado al pueblo a través de la propia mano del rey. Los mejores hombres de su corte con tal de tenernos debidamente administrados.

E.-
¿Señala a esos cantautores como parte de un complot perpetrado por el sistema?

H.A.-
A ellos y a muchísimos más, si no se lo cree pregunte sobre Elvis, vamos a ver. Todos nos hemos entusiasmado soñando frente al espejo con alguna canción de Rock and Roll, tuvimos nuestros cinco minutos de rebeldía imitando la voz cantante de los Who o los Rolling Stone. Todos nos sentimos una próspera fuente de sensibilidad leyendo Los Heraldos Negros. Todos alguna vez hemos visto, con lágrimas en los ojos, el mar pensando en la fatalidad de Van Gogh. Créame, no miento, cuando les llamo los grandes bufones de la corte, no sé si lo hayan sido de manera consciente, lo que sí sé es que al generar en nosotros esa pasividad de conciencia nos hicieron políticamente correctos, educados y sobre todo con la energía administrada. Gracias a que “entendíamos” su discurso nos distinguíamos del resto, de pronto fuimos “revolucionarios” pero ya no hacía falta ir al castillo a quemarlo, bastó con quedarnos en casa sintonizando Revolution 9 para sentirnos libres pensadores. Grandes bufones ¿no lo cree?, ahí tiene usted el arte del entretenimiento.

E.-
¿Entonces el pop?

H.A.
No lo sé. Si tales adjetivos existen diría que eso es para la gente más dura, para verdaderos cínicos. Ellos vienen desde el plástico, sin más argumento que la superficie, entendiendo que todo ya ha acabado, y que no tiene ningún sentido vivir siendo un hombre atormentado. Ellos creen que el mundo es un gran lugar y aunque dicho así parece algo atroz, no es peor que creer que este sitio podría ser algo menos desolador.

Omar Alej.

sábado, 11 de junio de 2011

Él. Grillo.



¿Batman el inicio? ¿X-men el inicio? Creo que hasta Hello Kitty el inicio… todo es pop.
Por ello he aquí donde empezó el camino a las profundidades de Camboya:


“De dónde vienes eso qué más da, sólo importa a dónde vas” J.S.


Él. Grillo.

Él vuelve a casa después del trabajo, es viernes por la noche y la ciudad se viste de falsa hilaridad. Él va tranquilo, coge el autobús, hojea su libro y nada le seduce. Es él en contra del que alguna vez fue.


Nadie lo espera, lo sabe y se resigna…a medias se resigna, algo busca y a propósito se distrae. Una vez más la añoranza lo vence sospecha debajo de la puerta alguna nota de ella, la nota no está…nunca estuvo.


La peor pocilga del mundo es amar a quien nos ha olvidado. Ahí se encuentra él parchándose los sueños con las sobras de sus derrotas. El amor de él es de ella tanto (y tan tonto) que él se los tira a las hienas, quizá de esa manera heridas nuevas borren heridas viejas. Él baila borracho y desnudo con la silueta de la soledad, con su sombra.


Este mundo es poca cosa para quien vive al acecho de la libertad, en esta ciudad las pocas estrellas que quedan irremediablemente con la mañana se van…la suerte que se esconde y que se burla de él. ¿Quién apuesta más, que él que no tiene ya nada que perder?


Él coge lo poco que le queda y se defiende de él, de su destino. Fumar parece buena idea cuando dejaste los pulmones en la banqueta. Él es un grillo y está solo, ya no importa en esta ciudad, ¿en este país qué puede importar? A él lo ha olvidado el mundo, él no supo nunca lo que era el mundo; sus amigas son las hormigas y él es un grillo, al menos tiene esta vida que no es otra cosa que un jardín con eses de coyote…amarillo sombra con luces, sombra total. ¿Luciérnaga qué otra cosa eres sino una eternidad?.


México significa hambre, frío, miedo -¿A dónde ir?- y el resto es un espejo. Él aprendió, él quisiera no saber que aquí gane quien gane, tú pierdes, el corazón es un músculo y el odio ya es una razón; estas gritando, estas dentro del congelador. Él está dándole la espalda al sueño pues teme de la pesadilla, ya no tiene fechas y lo poco que le sobrevive lo mira a través del ojo izquierdo que le parpadea, vomita, el aire, lo vomita. Todo es vomito, canción, tabaco, alcohol, gloria y derrota, todo es vomito de Dios y él no sabe lo que llora. Ojos marchitos, liturgia ridícula, ir y volver (¿A dónde va este tren?).


Canción, tabaco, alcohol, hora perdida, mendigo intento de poeta. Él lo sabe, sé prudente, no digas nada.

O.E.A.(cuando aun no existía Omar Alej.)

viernes, 10 de junio de 2011

Dylan… siempre Dylan.





“You're a man of the mountains, 
you can walk on the clouds,
Manipulator of crowds, 
you're a dream twister.
You're going to Sodom and Gomorrah
But what do you care? Ain't nobody 
there would want to marry your sister.
Friend to the martyr, 
a friend to the woman of shame,
You look into the fiery furnace, 
see the rich man without any name

Jokerman dance to the nightingale tune,
Bird fly high by the light of the moon,
Oh, oh, oh, Jokerman.

B.D.

jueves, 2 de junio de 2011

Deep Camboya, máximo respeto, defiende y representa.

A mi Little Sista, siempre en tierra de tigres (Camboya Town).
El cariño por uno mismo
no es más que una charla
entre pendejos
cruzándose por la espalda los dedos
a la salida de un colegio urbano,
un titular impuesto por los viejos
que en su buena voluntad
suponen que queriéndote
ya tendrás alguien que te quiera,
pero y ¿“vos”? mas allá de las elecciones
-siempre paganas-
¿”tenes quien te quiera piba”?
o solo te “queres vos" más de la cuenta.

Tal vez sea por ello que me encuentras
bailando un tango arrancherado
sobre un abismo ilusorio;
y como soy una mujer
mas allá de careos veniales
a ti te comparto que
una posibilidad para el futuro,
por mínima y falsa que esta sea,
vale más que el ungüento
que pretende, sin presente,
sanarse las comezones del pasado…
Tu ingenuidad me suena altiva
y lo celebro
justamente con palabras
las mismas que han servido
para hacer diferencias
entre la belleza
y lo que resulta más bien grotesco.
Omar Alej (el azaroso).