martes, 15 de agosto de 2017

El tiempo dirá que Charlie Parker murió.

Después volviste a Francia (¿o era Holanda?) y desde entonces hemos sido buenos amigos. A veces, cuando los colibríes están quietos, huelo como te pudres al otro lado del mundo.

Como Tú. Leonard Cohen. 


El tiempo dirá que Charlie Parker murió,
se hablará de la semana en que vivimos de noche
durante los siete días que tarda
en comenzar a andar el progreso…

Se agrandaran los que dicen
que todo llega a su fin y se acaba;
que casi es mejor no sentir
ni el picazón de los dedos que a veces da
una vergüenza.

Se publicará sobre los titulares
de cuando subieron los precios del alma,
hasta el punto de niños nonatos; soñados
a tres pesos por minuto: en formas de prepago,
obviamente.

Los cuenta-cuentos se irán a la cama,
despiertos de miedo
por no encontrar más historia
que la de un mundo en franca agonía
donde la vida es vacía y ya nadie era nadie.

Con tinta-neblina
escribirán los poetas los versos;
echando de menos la voz
de los altos cantantes que bajaban cantando
desde las altas colinas…

Pero tú y yo sabemos
que también murió nuestra madre,
aun si no fuera importante
ni hubiera enlazado a musa alguna
sus ojos.

Defenderemos los golpes
de una amenazada fortuna
que nos hizo suyos,
hoja a hoja, en un libro
que nadie escribirá de nosotros.

Mañana es una espiral que repite
todas las caídas que de la tierra
cayeron al cielo
dejando en penumbras
la plantación de un futuro mejor.

Además, sin las manos conscientes
de lo que cuesta esperar,
con la esperanza entre manos,
el tiempo dirá que Charlie Parker Murió
y que eso es todo cuanto ha pasado…

Pero tú y yo sabemos
también reír en la sala de espera
de un hospital que se mueve
hasta ponerse debajo
de toda evidencia de amor.

Para ti y para mi recordamos;
sobre la mesa, junto a las navajas,
estaba, sonriendo, una vieja historieta:

En las viñetas se ve que hay un reloj
avanzando hacia atrás.

Omar Alej.

lunes, 14 de agosto de 2017

No hay cinismo en mis mentiras: juro y no miento.

Y tú no te das cuenta del cambio
Y no te das cuenta de lo que cantas
Y no te acuerdas de lo que gimes
Yo al contrario
Escucho minuciosamente tu lamento.

Cecilia. Claudio Bertoni. 


No me digas que lo soy
solamente porque he dicho que lo sea;
llámame estafador cuando mi estafa
se proponga el mar en sal
y no al revés: la sal en mares.

Es verdad que miento en todo,
ante todos
y en gran parte por mentirme
a mi primero; no supero con mi fuerza
la ficción que me heredaron y hago otra,
inclinada a complacerme.

Sin embargo no es mentira si te digo
que más cierto es lo que sueño
que cualquier notoriedad en realidad.
Así acabo confundido,
doy por mío y doy por tuyo
que hay un algo que se cura
si negamos que está enfermo.

Por ejemplo no es lo falso
que soy nido si hace lluvia
y tienes frío de pajarillo,
que mañana me dirás qué bien que hice  
en engañarte…
más cinismo es creer que no queda alguna fe
a la cual hacerle media historia
con mi cuerpo entre tu cuerpo
entre la parte posterior de un universo paralelo.  

Por ejemplo no es lo falso
que estés buena y de tan buena que tú estás,
yo te quiera todavía
aun si no llego a quererte nunca más
ni alguna vez.

Si miento es que quiero tener,
aun a costa de la verdad
en la que se encuentran los perdidos,
eso hermoso que hay detrás de ciertas leyes:

Una casa allá, en la luna.
Una máscara que muestre lo que soy,
si es que soy algo.
Que aunque lejos
me calientes de un abrazo
que le das a otros fulanos, porque es cierto;
yo te juro que es muy cierto
cuando cierro las dos manos
-y los ojos,
que de pronto caminamos
porque hicimos el amor
hasta verlo andar despacio entre las calles.

Miento, eso es cierto:
No se llena un corazón por entregarlo.
Pero sin criminalidad,
con el único agravio de ir en contra de ese pesimismo
que se muestra en sus holgados pantalones
y sin que nadie lo ametralle…

En los días que son hijos de las sombras
me escucharas mintiendo a fondo.
Diré que amanece la mañana a una luz muy rebosante
de salud, con tan solo abrir a la puerta;
pero, aclaro, no lo digo porque sea cínico,
lo digo porque soy algo orgulloso
y quiero darte un plan mejor
que solo el cruce de un planeta
con una pelota repleta de gases.

Omar Alej.

viernes, 4 de agosto de 2017

Siento como tú. Como a ti te pasa.

Así lo hice durante 30 años
pero seguí volviendo
para que supieras lo jodido que era eso.

MIRANDO MIS SUEÑOS. LEONARD COHEN.


Siento como tú.
Todo lo que no puedo explicar me posee
hasta el punto en el que no puedo recordar
el sabor de las galletas que comimos, hace apenas unas horas.
También lloro entendiendo que hay mala fortuna
y que nadie hubiera podido evitar que cayera la moneda;
pero sin poder dejar de llorar es que lo entiendo.
Como a ti te pasa.
Me digo feliz subido en la balsa
que me ha de llevar al final de los ríos interiores de la montaña
a la que no hay forma de darle la espalda, porque queda adelante.
Como tú me quieres, así yo te quiero
y del mismo modo en el que no te puedo pedir que imagines
el vuelo que sufro;
no puedes pedirme que sepa hasta donde llega tu dolor.
Siento como tú.
Llegan los días oscuros, sin llegar a dejarlos atrás,
que a veces de nuevo amanecen
y cubiertos de aceite entran por el cerrojo;
me toman del cabello y fuerzan mis parpados,
para que les mire las uñas crecidas
que dejé en el descuido de una tarde a la sombra,
leyendo Barnaby Rudge.
Como a ti te pasa.
Hay cuartos secretos, dentro de mi espíritu,
inaccesibles, para cualquier espiritualidad…
desconozco el alcance de las sombras que llaman
desde los calabozos a mi corazón;
comparto, Mi Niña, contigo el martirio
de salir del tablero de las damas chinas
cuando estamos jugando.
Siento como tú.
Crecientes pasajes de un presentimiento
y en plena madrugada,
sin un solo aumento del viento,
la llama en la vela se apaga.
Como a ti te pasa.
No tengo armaduras mejores
que la simple piel que me cubre;
hecho de huesos la corriente me lleva,
las flechas me buscan,
las pasiones me evaden
y causo indiferencia a los peces
en los que sueño convertirme.
Siento como tú.
Todo un futuro rompiendo
cada paso que dimos durante el pasado.

¿Crees que estamos contactados por algún tipo de hilo
invisible que conecta el todo con la nada?
Prefiero decir que hemos elegido estar aquí
a pesar de los inventos que motivan separarnos
y mirar hacia otro lado
cuando el árbol, desde la raíz, deja caer las hojas.

Ojala que como yo
te sientas ilusoria
y hasta en paz con la esperanza.

Omar Alej. 

jueves, 3 de agosto de 2017

Hacia adentro.

¡Cuántos problemas para instalarse en el desierto! Más espabilados que los primeros ermitaños, nosotros hemos aprendido a buscarlo en nosotros mismos.

Silogismos de la amargura. E. M. Cioran


La seguí a su patria en llamas
que eran llaves y pedazos
de un extraño coliseo;
yo temía de mi piel.
Quería ser libre
y que el amor no fuera ley
sino suspenso.

Más el misterio no es tal cosa.
Cuando un cuervo
-sea mujer o sea un fantasma-
mira adentro de tus ojos
hace ver qué significa
que la vida dure poco
y que no puedas ir tomando
competencia en las victorias que te ofrece
volver a aparecer en televisión.

Resignado a que podía resistir a cualquier mal,
mi obediencia di a la duda;
luego el mar,
como la estrella y la ilusión de mi existencia,
cortaría con los hilos de la sangre,
para hacer sobre sus lomos una cama
en la que ella dispusiera como ahogarme:

Quedan chicas que son finas con el filo de una hoja de papel.

Fuera Roma, Leningrado
o éste México de antes,  
a primeros de agosto, un libro rojo
se esparcía de su mirada
hasta dar brillo a los cientos de objetos
que no había en ningún sitio.

Una forma alucinante de esperanza
se tragaba los contornos de las horas
y un segundo sería el mismo
por los siglos de los siglos…

Acatando que mi cuerpo eran timones,
comandados a distancia
por las manos de un deseo, ahora extraño,
me entregué a imaginar que mi destino
provenía de dejarme utilizar sin resistencia.

El alivio aconteció
porque ahí adentro solo estábamos nosotros
y allá afuera, entre todas las posibilidades
no había alguna que pudiera seducirnos.

Omar Alej. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

De cuando se despertaba conmigo.

Qué amargas eran
las pastillas de Prozac
de los últimos
cientos de mañanas.

Por fin solo. Leonard Cohen. 


De cuando se despertaba conmigo
me quedó la ráfaga fresca de un viento
que parecía hacerse dentro de una gota de agua,
para después resoplar porque abría las ventanas
e iba rápido haciendo
de la casa un lugar donde vacacionar
sin recordar el oficio del que se descansaba.

Muchas veces parece que no;
pero intento ser breve…
tiendo a recrear lo que ahora mismo podría
estar imaginando; en su espalda desnuda
se marcaba un mapa y así mostrarle al planeta
como volver al inicio de los días que se acaban…

Yo me ataba a la cama
y me negaba a salir de aquel confortable acto
de ilusiones piadosas.
Solo diez minutos antes,
de que ya fuera muy tarde,
brincaba hasta el radio,
para poner la canción del verano;
daba igual si era otoño
o el andar de un invierno sin cabeza.

Me hacía creer que podía levantarme.
Me decía que era cierta
la fuerza con la que imaginaba
que había salido del derrumbe
de todas las ciudades en las que yo he nacido.

Cuando me llamó
y descubrió aquel espejo,
me dejó a solas mirando.
Llevaba un niño a la espalda
con el cabello duro
y no tuve más qué contarle;
había una chica que ambos
hubiéramos querido ser.

Es mi más dulce amiga,
la más dura y violenta
de entre las de su clase.
Es quien de vez en cuando,
todavía, asa los años
porque así se come en su pueblo un elote
y es tradición familiar
rezar después de dormir y no antes.

Un presentimiento,
sabor a te en el paladar,
la palabra oficial de un ángel en tierra,
la enardecida manera de declararnos la paz,
los tres minutos que restan a una ultima hora,
las carreteras de ida, lo túneles de regreso
y el olor a sexo borracho en la sala vacía de un cine.

Conserva el color espacial del espacio
sobre el vestido que usa su cuerpo durante las mañanas
y de cuando se despertaba conmigo
me quedó una brújula loca
que siempre apunta hacia mí
mientras que me pierdo,
intentando volver a dormir como si fuera antes.

Omar Alej. 

martes, 1 de agosto de 2017

Hoy nos vamos al cine, canalla.

En otras palabras
Fomentando
En el viejo penitente
Una ilimitada perspectiva.

INCLUSO ALGUNA DE LAS MÍAS. LEONARD COHEN. 


Hoy nos vamos al cine, canalla.
Ponemos en pausa la lucha
de ti contra mí
y de todo lo mío
contrario de aquello que quieres…

Es un momento apacible
que empieza a temblar según  va durando.

Es una tregua nomas.
Al primer segundo de la hora cero
volvemos a vernos con ojos videntes
y que nos prevengan del otro;
a sabiendas que hacemos intrigas
y voces que nos reconviertan
en la propiedad de lujo
más itinerante
y más el egoísmo.

¿Qué pasa con esos
que de repente se unen
y nos rompen a nosotros;
pero también funcionan
como una trinchera?

Sé que soy como un hombre postrado
inyectándose vida directo a la vena
desde sus traumatismos
y hago de las horas
momentos de mierda
que a ti te provocan
hacer infinitos los alegatos
de mi culpabilidad;
al respecto de las tierras yermas.  

Me rompiste los dientes,
yo fui quien mató  los girasoles.
Me sirves los ríos más cortos, en mis propios tragos,
yo tengo escondido, de ti, el sol de las playas,
te burlas del tiempo en mis fotos viejas,
corto tu futuro a la par que lo robo y lo vendo.
Saqueas mis ideas,
soy el único dueño de las estaciones…

Pero hoy nos vamos al cine, canalla,
como dos adversarios en su día libre:

Como hacemos siempre
cuando nos consuela
que yo sea tu enemigo
y tú quién traiciona los pactos.

Omar Alej.

lunes, 31 de julio de 2017

Revancha por nostalgia.

Mírame ahora
casado con todas menos contigo.

Mirando a otro lado. Leonard Cohen. 


<<Hola ¿Cómo estás?>>
Lo dijo ella
que fue quien primero metió
la daga en el cuerpo
de una memoria siamesa
y se dejó mirar; sin intentar ocultar  
lo que mostraba su cara:

En los surcos de su frente,
en la dureza de la piel
y en lo hundido de sus ojos,
creyó que estaba escrita mucha espera
y una posible soledad que hablara de él
en los inviernos,
lo hizo feliz con mezquindad.

Ya no era como el de antes
y había estado esperando éste careo
porque urdía una revancha
por debajo de la red de aquellos días
que iban siendo hasta aquel día.

Quería herirla de algún modo,
escuchar que doliera haberlo echado de sus noches;
que pesara en el futuro
la sospecha de que él hubiera sido
esa boca de la que uno se arrepiente,
por cerrarla sin dejar abrir sus horas a otros tiempos.

La certeza de saber
lo había vuelto vanidoso,
ni años atrás ni justo ahora;
Ella no había equivocado sus deseos
de irse haciendo de una causa;
sin contarlo, para el viaje.

Podría tener signos de pena.
Tal vez la muerte
fuera en el tejido de sus ropas
como lapa que quedó
de las tantas estaciones en sequía.

Era cierto que su aliento
ya no era un olor que desprendía
una bandeja hecha con frutas…

Sin embargo nada de eso le impidió
burlarse de él
porque veía que los nervios lo tenían prisionero.
Sonrió sencilla,
su sonrisa era aquello
en lo que se sostenían los hallazgos;
parecía agradecida y lo estaba,
seguro que lo estaba,
incluso sin él:

Ahora convertido en locutor
y ya diez años sin beber ni una cerveza.

Omar Alej.