viernes, 1 de marzo de 2019

Síndrome de Estocolmo.

Sé que ya se acerca
Sé que mirará
Y ése es el anhelo
Y éste ese libro.

El libro del anhelo. Leonard Cohen. 


Mi biblia
y lo único que tengo
es un libro de poemas
de Leonard Cohen.
El sol lo regalé
de tan grande que era,
tan naranja y deslumbrante. 
He apostado mi dinero
a que perdía mi dinero
por no llevar bolsillos.

Alguien dice que se rinde,
Yo no tengo alegrías que perder
ni desgracia que me rompa,
me he criado viendo el suelo,  
no recuerdo el mar que me falta…
hay hermosos miserables
que llevan sobre piel
las vueltas del viento,
las llaman marcas, cicatrices;
pero siempre he preferido
en un vaso de cerveza fría
la sed que da un incendio.

Lo peor que nos hicimos
fue creer en que la infancia
nos tenía preparado un girasol.
Le corte mi nombre a mis chaquetas,
abandoné la tropa,
he tirado al piso
todos aquellos poemas
y con ellos el perdón a los milagros.
Me llevara una eternidad
acordarme del pasado,
lo colgué de la puerta
de unos baños en Tijuana
y llegué por el desagüe
a un lujoso cementerio de delfines;
todo esto sin drogas de por medio,
me bastó con llevar un cabello clavado
en el pecho.

Mi biblia
y lo único que tengo
es un libro de poemas
de Leonard Cohen:

Mi hobby es disparar a los que hablan
de aprender a desprenderse.

Omar Alej. 

jueves, 28 de febrero de 2019

Una nota en clave.*

Quiero una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, piernas, de cabellos,
una huelga naciendo en cada cuerpo.

Huelga. Gioconda Belli. 


Te escuché en el centro
de una tempestad.
Yo no soy un gran aliado,
le he dado la mano al invasor
y servido a los señores
de la casa
solo a cambio de que el mundo
nunca ocurra.

Intenté leer tus labios
y entendí que las palabras
no son siempre insuficientes.
Me acordé de aquellos versos,
Gioconda dijo que esto pasaría
y cómo lo que pasa en la poesía
nos pasó de arriba abajo.

Te lancé una nota en clave,
son mejores las canciones
que me subtitulan
y me cambian el aspecto de novillo
por el de una cuerda de saltar
( Si te gusta que la luz
se parta y siga
toma el sol en cada luna ).

Desde adentro,
de ahí vinieron esas ramas
que subían por el techo
hasta llenarse de balcones
y peatones que pasaban
sin saber que el miedo
estaba entrando en una fase
de contracciones.

Reprendiste a la mujer que no quería
con la fuerza del regalo de vivir
y quisiste como un ciego quiere el mar…
Más que fuego
merecías el calor que había en un cielo
que acaban de quemar
con dos cerillas.

Ya no pude sostenerte la mirada,
cada vez y con más fuerza
en tu voz ya no había ruido
de hojas secas.
Aplaudí por puros nervios,
impactado por la flecha
que lancé con aquel arco de juguete
en una fiesta infantil.

Luego en casa,
siete calles adelante,
abrí un hueco al calendario;
cada día
de todos los millones de años
Tú comandarías la huelga
de remordimientos y disculpas.
Tomarías en tus manos tus dos manos.

Omar Alej. 

martes, 26 de febrero de 2019

Eneatipo 4 Sexual.

Se podría decir que su competitividad no se enfoca tanto en “voy a ganar”, sino más en “te voy a hacer perder”.

Eneatipo 4 Sexual / Eneagrama y trabajo sobre sí. Antonio Pacheco. 


Dentro de mí, nada.
Ni locura ni esperanza
ni coraje…
Todo afuera
se ha llevado,
miga a miga,
lo que quise.

Falta el sol
y quema el aire.
Tómate del rumbo
de las cosas que perdí
y te iras,
Tú ya te iras.
Porque nadie se detiene
a esperar la misma ola:

La razón lo rompe todo y se rompe.

Yo quería que al final de cada playa
empezaras a volver sobre mis huellas;
pero al ver que no era el tiempo,
con las gotas de la lluvia
volví espiral nuestra distancia.

No había nadie como yo
y en el espejo
el que miraba
se fundía en emoción incomprensible,
para el reino de las gentes.

En jardines interiores
mis senderos se bifurcan,
tengo el báculo de arena
del desierto
y soy el ángel
que se pincha con agujas del reloj
de tu condena.

No siento el cuerpo
ni siento luz
en lo que brilla.
No llegó aquí la tempestad
de aquella brisa enamorada,
por eso espero que alguien me siga
cuando no voy;
porque tendría que pedir perdón
primero.

Omar Alej. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

La lectora de Ibsen y un hombre ordinario.

¡Ah! ¡No quiero pensarlo siquiera! Tengo tentación de desgarrarme a mí misma en mil pedazos.

Casa de Muñecas. Henrik Ibsen. 


No fuimos como nuestros padres que confundieron seguir con quedarse. Tú has leído a Ibsen y yo creo en las cosas que dices que Ibsen te enseña, cuando desaprendes lo que en realidad no sabes. Te sigo eligiendo si quiero que alguien me cuente como se siente un tren que descarrila. Tú me has querido de veras y no con la punta del pie, que es como quiere el desinterés. No ibas a permitirme montarme en un toro como el de la hipocresía y yo no tengo el aplomo, para continuar hasta el final con las hojas en blanco llenas de palabras. Siempre has tenido muy claro que uno no besa con la misma boca que mantiene cerrada. Cada que bajo al café, que está en la primera planta, te escucho pidiendo un cortado y, con mucha mano izquierda, algo para leer que no fuera una domesticación. Tú ya sabias que el amor solo es un punto en el mapa y no ibas a permitirme que te amara por menos y sobre todo no te lo ibas a permitir a ti. Quizá los tiempos cambiaron y yo tenía, todavía, los pies en la infancia; culpable de mi ropa sucia ante la virgen de los pecados. Las versiones grotescas que producían mis complejos no son equipaje, para el cruce de gaviotas que hay en el ave fénix. No fuimos como nuestros padres que confundieron perder con marcharse y tú no ibas a ignorar la traición de aquel niño silvestre, porque al hacerse un hombre ya no se hizo nada. Hoy he buscado tus ojos y me miraron tan adentro, recorrieron con tanta calma la prisión de mi enfado, temor y vergüenza…me bastó un parpadeo y aquella imagen de nosotros en un día de descanso, que pensaba usar de anzuelo, se quemó con el aire. Ya tu mano va al vuelo de otras estaciones. No fuimos como nuestros padres que confundieron un solo sueño con toda la eternidad. No tengo el dinero, para traerte un regalo que absorba toda la mierda con la que quise comprarte. Parece que los culpo de algo; pero en realidad agradezco:

Subimos el horizonte por llegar al descenso y no por la fotografía en la cima.

 Omar Alej. 


martes, 15 de enero de 2019

Todo lo que escribí fue lo mismo.

A la orilla del río
dos soledades
tímidas
que se abrazan.

A la orilla del río. Juan L. Ortiz. 


Tenía muchas ganas de volver a tener la inquietud de escribir un poema,
fue por eso que te busqué;
pero no te busqué con el afán de encontrarte
de manera especifica
ni me senté a tu lado
ni me abrazaste de la forma en que me molesta
porque parezco un chiquillo alegre
recibiendo consuelo de quien le pica los ojos.
Te busqué en todas partes
que es la buena manera en la que uno debe buscar,
según la poesía de Juan L. Ortiz.

No quiero decirte con esto
que regresé a intentar los poemas
que no parecieran poemas,
ahora dedico mi tiempo al ocio
y el ocio se lo dedico a las cosas que no necesitan ser nombradas.

Todo lo que escribí fue lo mismo.
Eran palabras usadas, para así usar más palabras.
Sé de muchos hombres menores
que se ocultan detrás de un supuesto delirio
y escriben discursos sobre su obesidad.
Empiezan con la firme intención de llegar a ser sutiles
y deben creerse que logran capturar una burbuja de sangre;
pero solo son textos obesos,
fétidos en algunos casos,
y yo soy uno de esos hombres menores
en el cuerpo de un hombre aún menor.

Mis mañanas parecen venir de mañanas
que explotaron bajo el agua fría.
Ya estoy suelto de veras y giro en un solo pie.
Sigo sin aprender la manera más fuerte  
de hablar del pasado; pero en el futuro no pasa nada.
Aunque lamento muchas cosas
me he dejado vaciar para volver a llenarme,
ya no es exclusiva del dolor
la interpretación de los hechos.

En la puerta de una cafetería,
que estaba cerrando
porque no había clientes
y solamente me vieron  
que iba siguiendo un rastro de ti
de puerta en puerta,
me contaste lo poco que te gustaba mi novia.
Algunas cosas odiosas nos honran
y a mí me honró tu repudio a lo que pudo haber sido.
Sinceramente mis novias ni siquiera me gustan a mí,
incluida tú.

Nadie quiere ser el primero en contar
lo imposible que es volver a sentir en el pecho
la luz en los ojos de las bestias.
Todos los que son culpables se dan la espalda entre ellos
y siguen buscando en todas partes
que es la buena manera en la que uno debe buscar.
Omar Alej. 

jueves, 15 de noviembre de 2018

La escapista.

Soy un hombre cobarde; no le dejé mi dirección, para eludir la angustia de esperar cartas.

El congreso ( El Libro de Arena). Jorge Luis Borges. 


Hablas del sitio
en el que está tu cabeza,
dices que son
posibles las cuerdas
que vuelan ahí.

Se te ha ido otra vez
la mirada,
correteando detrás de recuerdos,
inspirada por puertas
que no te atreviste a cruzar
y que han quedado cerradas,
reproduciendo
sobre su superficie
una imagen hermosa;
pero llena de crueldad.

Tú que pisaste la arena mojada
llevando la mano de un chico
contigo,
no te conformas con que la flor del florero
se marchite ante ti.

Cruzaste el atlántico y viste
desde las alturas
una norme ciudad
que te convertía en la envidia
de algunos
que igual a ti
hablan del sitio en el que está su cabeza…

El siglo XXI
acabó con la red de contención
y por cada calle ves peces
que inhalan
porque los viejos buzones
eran sus hogares.

No siempre es encontrarte
en cuantas veces te encuentro,
he llegado a escuchar
como se cierran las compuertas
de la presa que encierra a tus ideas
y es cuando vuelves conmigo
y es cuando lo que dices
no se parece al árbol
que nos da la sombra.

Viajas porque sí
durante las próximas horas
y el reloj está roto.

Estás buscando y yo sé
que la respuesta no sirve,
para contenerte.
A veces odio la forma del mundo
y no siempre consigo
estar ahí adentro
también.

Te pones hablar de las cosas
que no fueron fuego en invierno,
entre las llamas se notan
juguetes que no arden
y consoladores que fueron
la parte importante de un hombre
sin importancia.

Hablas del sitio
en el que está tu cabeza
y Yo que tan solo
puedo pensar en los goles
de temporadas pasadas.

Las cosas que duelen,
las cosas que sueñas,
jamás se comparten,
jamás.
Omar Alej. 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

La casa de la esquina.

¡Hay tanto egoísmo en los sentimientos humanos, tantas intenciones ociosas, tantos sutiles chantajes con los que intentamos desesperadamente mantener atada a una persona!

La mujer justa. Sándor Márai


La gente que los mira
entre los cruces de las calles
habla de sus ropas,
de sus hoscas cabelleras,
de sus dientes afilados
y la forma tan gatuna que tienen de avanzar.
Hay quien cree que están malditos
y hubo un cura que llegó hasta su puerta;
pero huyó y nadie sabe a dónde ha ido.
Son dos niños que llegaron a vivir
en la casa de la esquina.

Por el día tienen miedo,
parecieran no estar acostumbrados
a la luz,
andan a prisa
y no levantan la mirada,
no se besan,
no se tocan.
Sin embargo hay más amor entre ellos dos
que en cualquier tienda de dulces,
pareciera que se hablan con señales muy sutiles
y si busco realizar algún contacto
-sea visual o sea sonoro-
simplemente me devuelven
su absoluto anonimato.

Vi a una niña señalarlos
y decirle a su hermano
que quería ser como ellos,
al crecer;
no tener nada en común
con los demás.
Además de una antipática versión
de la familia
en general.

No es que sea su intención,
pues no parece interesarles
darnos cátedras en nada;
pero hay momento en que al verlos
siento envidia
de la forma en la que han roto,
estrellándose en los muros
que custodian a los que hacen por vivir
sin seguir siendo una copia
de los padres fundadores.

Son dos punkies
y su ley es la de un libro de Bukowski,
sin reproches, sin chantajes,
confinados al mal tiempo,  
sin la fe en las propiedades,
sin desear que el uno al otro lo soporte
cuando ambos ya han caído
y no hace falta continuar suspendidos
sino hermosos y salvajes.

Omar Alej.