miércoles, 13 de febrero de 2019

La lectora de Ibsen y un hombre ordinario.

¡Ah! ¡No quiero pensarlo siquiera! Tengo tentación de desgarrarme a mí misma en mil pedazos.

Casa de Muñecas. Henrik Ibsen. 


No fuimos como nuestros padres que confundieron seguir con quedarse. Tú has leído a Ibsen y yo creo en las cosas que dices que Ibsen te enseña, cuando desaprendes lo que en realidad no sabes. Te sigo eligiendo si quiero que alguien me cuente como se siente un tren que descarrila. Tú me has querido de veras y no con la punta del pie, que es como quiere el desinterés. No ibas a permitirme montarme en un toro como el de la hipocresía y yo no tengo el aplomo, para continuar hasta el final con las hojas en blanco llenas de palabras. Siempre has tenido muy claro que uno no besa con la misma boca que mantiene cerrada. Cada que bajo al café, que está en la primera planta, te escucho pidiendo un cortado y, con mucha mano izquierda, algo para leer que no fuera una domesticación. Tú ya sabias que el amor solo es un punto en el mapa y no ibas a permitirme que te amara por menos y sobre todo no te lo ibas a permitir a ti. Quizá los tiempos cambiaron y yo tenía, todavía, los pies en la infancia; culpable de mi ropa sucia ante la virgen de los pecados. Las versiones grotescas que producían mis complejos no son equipaje, para el cruce de gaviotas que hay en el ave fénix. No fuimos como nuestros padres que confundieron perder con marcharse y tú no ibas a ignorar la traición de aquel niño silvestre, porque al hacerse un hombre ya no se hizo nada. Hoy he buscado tus ojos y me miraron tan adentro, recorrieron con tanta calma la prisión de mi enfado, temor y vergüenza…me bastó un parpadeo y aquella imagen de nosotros en un día de descanso, que pensaba usar de anzuelo, se quemó con el aire. Ya tu mano va al vuelo de otras estaciones. No fuimos como nuestros padres que confundieron un solo sueño con toda la eternidad. No tengo el dinero, para traerte un regalo que absorba toda la mierda con la que quise comprarte. Parece que los culpo de algo; pero en realidad agradezco:

Subimos el horizonte por llegar al descenso y no por la fotografía en la cima.

 Omar Alej. 


martes, 15 de enero de 2019

Todo lo que escribí fue lo mismo.

A la orilla del río
dos soledades
tímidas
que se abrazan.

A la orilla del río. Juan L. Ortiz. 


Tenía muchas ganas de volver a tener la inquietud de escribir un poema,
fue por eso que te busqué;
pero no te busqué con el afán de encontrarte
de manera especifica
ni me senté a tu lado
ni me abrazaste de la forma en que me molesta
porque parezco un chiquillo alegre
recibiendo consuelo de quien le pica los ojos.
Te busqué en todas partes
que es la buena manera en la que uno debe buscar,
según la poesía de Juan L. Ortiz.

No quiero decirte con esto
que regresé a intentar los poemas
que no parecieran poemas,
ahora dedico mi tiempo al ocio
y el ocio se lo dedico a las cosas que no necesitan ser nombradas.

Todo lo que escribí fue lo mismo.
Eran palabras usadas, para así usar más palabras.
Sé de muchos hombres menores
que se ocultan detrás de un supuesto delirio
y escriben discursos sobre su obesidad.
Empiezan con la firme intención de llegar a ser sutiles
y deben creerse que logran capturar una burbuja de sangre;
pero solo son textos obesos,
fétidos en algunos casos,
y yo soy uno de esos hombres menores
en el cuerpo de un hombre aún menor.

Mis mañanas parecen venir de mañanas
que explotaron bajo el agua fría.
Ya estoy suelto de veras y giro en un solo pie.
Sigo sin aprender la manera más fuerte  
de hablar del pasado; pero en el futuro no pasa nada.
Aunque lamento muchas cosas
me he dejado vaciar para volver a llenarme,
ya no es exclusiva del dolor
la interpretación de los hechos.

En la puerta de una cafetería,
que estaba cerrando
porque no había clientes
y solamente me vieron  
que iba siguiendo un rastro de ti
de puerta en puerta,
me contaste lo poco que te gustaba mi novia.
Algunas cosas odiosas nos honran
y a mí me honró tu repudio a lo que pudo haber sido.
Sinceramente mis novias ni siquiera me gustan a mí,
incluida tú.

Nadie quiere ser el primero en contar
lo imposible que es volver a sentir en el pecho
la luz en los ojos de las bestias.
Todos los que son culpables se dan la espalda entre ellos
y siguen buscando en todas partes
que es la buena manera en la que uno debe buscar.
Omar Alej. 

jueves, 15 de noviembre de 2018

La escapista.

Soy un hombre cobarde; no le dejé mi dirección, para eludir la angustia de esperar cartas.

El congreso ( El Libro de Arena). Jorge Luis Borges. 


Hablas del sitio
en el que está tu cabeza,
dices que son
posibles las cuerdas
que vuelan ahí.

Se te ha ido otra vez
la mirada,
correteando detrás de recuerdos,
inspirada por puertas
que no te atreviste a cruzar
y que han quedado cerradas,
reproduciendo
sobre su superficie
una imagen hermosa;
pero llena de crueldad.

Tú que pisaste la arena mojada
llevando la mano de un chico
contigo,
no te conformas con que la flor del florero
se marchite ante ti.

Cruzaste el atlántico y viste
desde las alturas
una norme ciudad
que te convertía en la envidia
de algunos
que igual a ti
hablan del sitio en el que está su cabeza…

El siglo XXI
acabó con la red de contención
y por cada calle ves peces
que inhalan
porque los viejos buzones
eran sus hogares.

No siempre es encontrarte
en cuantas veces te encuentro,
he llegado a escuchar
como se cierran las compuertas
de la presa que encierra a tus ideas
y es cuando vuelves conmigo
y es cuando lo que dices
no se parece al árbol
que nos da la sombra.

Viajas porque sí
durante las próximas horas
y el reloj está roto.

Estás buscando y yo sé
que la respuesta no sirve,
para contenerte.
A veces odio la forma del mundo
y no siempre consigo
estar ahí adentro
también.

Te pones hablar de las cosas
que no fueron fuego en invierno,
entre las llamas se notan
juguetes que no arden
y consoladores que fueron
la parte importante de un hombre
sin importancia.

Hablas del sitio
en el que está tu cabeza
y Yo que tan solo
puedo pensar en los goles
de temporadas pasadas.

Las cosas que duelen,
las cosas que sueñas,
jamás se comparten,
jamás.
Omar Alej. 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

La casa de la esquina.

¡Hay tanto egoísmo en los sentimientos humanos, tantas intenciones ociosas, tantos sutiles chantajes con los que intentamos desesperadamente mantener atada a una persona!

La mujer justa. Sándor Márai


La gente que los mira
entre los cruces de las calles
habla de sus ropas,
de sus hoscas cabelleras,
de sus dientes afilados
y la forma tan gatuna que tienen de avanzar.
Hay quien cree que están malditos
y hubo un cura que llegó hasta su puerta;
pero huyó y nadie sabe a dónde ha ido.
Son dos niños que llegaron a vivir
en la casa de la esquina.

Por el día tienen miedo,
parecieran no estar acostumbrados
a la luz,
andan a prisa
y no levantan la mirada,
no se besan,
no se tocan.
Sin embargo hay más amor entre ellos dos
que en cualquier tienda de dulces,
pareciera que se hablan con señales muy sutiles
y si busco realizar algún contacto
-sea visual o sea sonoro-
simplemente me devuelven
su absoluto anonimato.

Vi a una niña señalarlos
y decirle a su hermano
que quería ser como ellos,
al crecer;
no tener nada en común
con los demás.
Además de una antipática versión
de la familia
en general.

No es que sea su intención,
pues no parece interesarles
darnos cátedras en nada;
pero hay momento en que al verlos
siento envidia
de la forma en la que han roto,
estrellándose en los muros
que custodian a los que hacen por vivir
sin seguir siendo una copia
de los padres fundadores.

Son dos punkies
y su ley es la de un libro de Bukowski,
sin reproches, sin chantajes,
confinados al mal tiempo,  
sin la fe en las propiedades,
sin desear que el uno al otro lo soporte
cuando ambos ya han caído
y no hace falta continuar suspendidos
sino hermosos y salvajes.

Omar Alej. 

martes, 13 de noviembre de 2018

Existir primero.

Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Las cosas. Jorge Luis Borges. 


Antes de nacer las personas son misterios inmortales por encima del tiempo y de la forma; flotan, o no flotan, donde las ciencias exactas son esquelas. Como no se saben todo o nada, nos observan y disponen de una única duda: la cuestión es si venir o no venir. Ser o no ser, esa es la cuestión; en donde siguen los que no han nacido. Todavía.

Algunos desestiman la experiencia porque no los ilumina la memoria de una cerilla encendida que acabó por apagarse; pero hay otros que se forman por llegar a un día mortal y contagiarse del olvido, que es la causa de la angustia en los que viven en la vida de los hombres y mujeres.

Allá. Antes de cualquier célula. Un eterno, que había visto a un muerto en una zanja y con el gesto de saber algo que él no, tuvo ganas de morirse él también; pero se sabía lo contrario a la materia. Ya sabemos que para la muerte es necesario existir primero, de otro modo ni la muerte ni la vida significa otra cosa.

Quiso morir como los vivos y a su final llegó naciendo. Al nacer no recordaba la razón que lo llevaba a estar aquí ni los motivos de nadar la ambigüedad que hay en los mares de la vida. Sintió que era en todo aquello que veía. Sintió en sus pieles lo que a su madre le dolía y fracasó en el intento de que a su padre el temor no lo tuviera dominado.

Cuando pasó a las palabras, oír su voz fue una sorpresa y quería oírse a todas horas en el viento; porque se dijo que el aire conductor sería su hermano y se encargó de que el silencio fuera el murmullo de las cosas lejanas. Cada día iba creciendo un poco más y sentía algo, lo encantaba su reflejo en los espejos, la nostalgia lo atacaba con el roce de sus pies sobre las aguas e intuía que detrás del horizonte otro horizonte se burlaba…

No sabía que, antes de su primer aliento, había visto que la vida se termina y que eso -y solo eso- lo llamó a hacerse hombre. Él estaba, sin saberlo, destinado y empezó por lo que empiezan los que no pierden de vista a lo que no se deja ver y no deja de verlos…

Y besó y bailó y soñó y desnudó su cuerpo y salió a la noche y dejó huellas en la arena. Se drogó y se escapó y se apresó y durmió bajo su cama, siendo uno entre las bestias. Filmó imágenes de guerra, retrató a los olvidados, escuchó a los cantantes del amor,  firmó versos de venganza, atendió algunos llamados, admiró a ciertos villanos y se indignó con ciertos héroes, ignoró mil esperanzas, leyó libros de aventuras,  se sentó en su sillón y fumó opio, bebió largos con ginebra, se dejó dar por el culo, aguanto hasta la mañana y volvió hecho pedazos a otra noche, se rompió por las ausencias y en pedazos fue la carne de cañón de las mentiras, apartó de él su sombra y recordó:

Había venido a morirse y esa hora había llegado con el sol que se dejó como corona.
Omar Alej. 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Escribir no me ha costado muy caro.

Y el juicio es interminable, aunque no porque te juzgue alguna deidad, sino porque tú mismo estás juzgando de forma insistente e incordiante tus acciones.

Indignación. Philip Roth. 


Me contó que su libro
iba a ser publicado
en seis distintos idiomas
y que además no creía
en la auto edición,
a la que consideraba
un suicidio editorial...

Había sido nominado,
para un premio de una gran cantidad
de dinero
y sus tramas lograban críticas de oro
hasta en los lectores más especializados.

De momento salía con una actriz
de la que no revelaría la identidad
por no comprometerse;
pero ya era un habitual
en las fantasías sexuales
de hombres y mujeres
de al menos veinte naciones.

Algunos llegamos tarde
a la repartición del carisma
y estamos anclados
en una marea que no sube ni baja,
que con el paso del tiempo consigue el status
de mediocridad.

Él era distinto
y todavía lo será
durante el resto del siglo,
se le identifica como al último gran hallazgo
que la literatura inventó
y que aún no devora.

No es un hombre modesto
y de tan guapo que es
no te dan ganas de que lo fuera.
Me contó que estaba arrancada
la negociación,
para escribir el guion de una película
a petición de una gran productora
y que tenía planeado elevar el oficio de escritor
a la categoría de los hombres valientes
sin miedo al miedo.

Bueno,
en realidad,
no me lo contaba a mí
sino que hablaba con quién estaba a su lado,
un músico joven que recién sacaba un sencillo
y, mientras iba pasando,
Yo lo escuché con mucha inquina y envidia.

Omar Alej. 

viernes, 9 de noviembre de 2018

El idioma que hablan los penitentes.

Y, una vez más, no encontré la menor resistencia. No hubo batalla alguna.

Indignación. Philip Roth. 


Despierta y ve a casa,
este no es lugar lo suficiente,
para dos que volverán por separado.
El culpable ha sido el viento,
la razón la formó un pez
en un traje hecho a medida, para lluvias.
Frase a frase se conquista a las ventanas,
con palabras se destruye una mirada.
Las heridas que mostramos,
los viajeros que metimos al espejo
y los restos de ADN
ahora mismo son verdad y son mentira;
pero el fondo de tu boca
es un río de agua dura que cruzar.

Despierta y ve a casa,
aspiro la línea entre la noche y el día.
Después me pongo en silencio,
algunos lloramos de un modo más triste
y no debes cambiarme por ese,
en el que me convierte la necesidad
de escuchar el idioma que hablan los penitentes.

Despierta y ve a casa,
el mundo empezara por nuestras piernas anudadas
y las alas de las aves desplumadas
lloverán sobre nosotros
caminándonos la piel…
no diré que has sido un sueño,
nadie vale que la tinta se prodigue
de manera tan común
en un asalto a las salidas de emergencia.
Ten presente que sin nadie en la ciudad
esta no es una trinchera
y por supuesto que te debo
la opinión de los demás,
todos dicen que mereces que te besen las rodillas
y que sudes por la espalda.

Despierta y ve a casa,
no soy quien para decirte lo que hagas.

Omar Alej.