martes, 16 de enero de 2018

A veces no basta con ser mediocre.

Aire insuflado
esferas elevándose
como nosotros,
siempre buscando
la superficie
de la pecera

Contra el cristal de la pecera de acuario. Rodolfo Fogwill. 


El tornillo llegó al punto
de no girar más,
ya luego forzarlo no era necesario,
no cambiaba nada.
Una tercera parte seguía estando fuera;
pero la madera estaba firme
y aparentaba que aquella era su forma
de tomar su lugar.

Guardé el destornillador en la caja
junto a las otras tres herramientas
que me son suficientes.

Soy esa clase de idiota
que se siente bien consigo mismo
a cambio de un mínimo esfuerzo
y de cualquier manera su pregunta seguiría en el aire.

Responder a esa duda
me parecía que era igual
a exiliarla y echar por tierra
su idea de la paz, hasta entonces.

Se tornó ensimismada
y recargaba con acentos fríos
a sus movimientos.  

Al cabo de un rato
la llamé por su nombre,
me miró como enferma
y yo quise curarla
con un par de aceitunas.

Como si fuera la muerte
que vive en cada instante y se pudre,
junto al instante,
me sentía condenado a tener que decir la verdad
y en eso jamás conseguí ser honesto.

Lo que quería saber
no había nadie que quisiera saberlo;
no podía asegurarle que entonces
hubiera querido a esa otra mujer
y muchos menos ahora con tanta distancia,
cuando es tan fácil querer lo que se ha perdido.

No volvió a preguntar,
aunque no dije que sí
tampoco dije que no
y no bastó con decir
<<A ti. Te quiero a ti>>

Hice los dedos alegres
a través de su cuello,
deformé su cabello
en una máscara negra,
quemé una servilleta
como si fuera el tratado
que acordó las fronteras
e hice cada cosa de mí, para ella,
que hubiera servido antes
y que la contentaba;
pero siguió callada.

En sus maneras se podía presentir un destierro
y una declaración de guerra.

Ahora tengo que irme. Tengo que dejarla.
Aunque no sé muy bien por qué.

Omar Alej. 

lunes, 15 de enero de 2018

Confío en que he sido yo, mientras yo dormía.

<<Gracias, Querido>>
oí exclamar a un corazón
cuando entraba en el flujo de coches
en la autopista de Santa Mónica,
dirección de Los Ángeles.

Dejando Mount Baldy. Leonard Cohen. 


La noche de ayer
me he ido a dormir
declarado vencido
y francamente resignado
en mi derrota.

Cada sitio en la ciudad
había sido arrasado
con toda la torpeza
que nos fue posible
y ahí estaba yo
con los ojos huyendo.

No quedaban más mitos
ni pensar en una tregua.
No había puertas de pie
ni novedades, para abrir;
había demonios vigilando
el espacio aéreo
y cada porción de metal
ha buscado hacerse escuchar,
rechinando.

Venían de todas partes
los violentos vientos
e iban atados,  
multiplicando la plaga
de torbellinos.
Parecía ser el día
en el que la luz
renegó de nosotros.

Uno sabe qué es la esperanza
cuando parece agradable
el horror repetido
una y otra vez;
pero de nuevo hay calor,
para alentar entre las manos heladas.

Se escucha en las ramas que hay nidos
con aves que antes no conocía.
Veo a mujeres que fueron
de la noche fantasmas
y que van al ritmo
de las caderas del brío
en los caballos salvajes.

Se siente que el tiempo
volvió a ser de cuerda;
como si alguien hiciera las paces
con su peor enemigo.
Confío en que he sido yo,
mientras yo dormía.

Omar Alej. 

viernes, 12 de enero de 2018

El corazón ahí estaba


¡Ay perlas de verano!
Eso es todo lo que queda
del sueño de los héroes.

Verano. Matsuo Bashō


El corazón,
me remonta y suena exacto hasta cuando falla.

Al corazón
no le importa si estoy escribiendo ahora,
mientras sueño con escribir algún día.
Ignora si el futuro
llegó a ser un bello pasado.

No sé qué decir de las aves;
pero suelo decir que el corazón aletea inocente.

Sé que aunque duela
no se detendrá, no por eso.
Desde su interior, vence.
Que las manos se ocupen
con la misma sensación de añorar.
Ignoro si hay algo que en realidad haga falta,
para el corazón.

Estaba ahí.
Subimos el monte,
para ver la costa
y sin mirarnos
y sin decir nada más
supimos que ambos
habíamos sentido
que pasaba un gran barco.

He recorrido las calles
y he bailado en un faro
imitando a Gene Kelly.
Me creí un inmortal
al salir de su casa
sin que nadie me viera;
hay ocasiones en las que la tierra
se detiene a las seis de la mañana.

Qué gran abrazo nos dimos,
qué meritorio creímos el gol
y qué jodido que fue
que el empate cayera
de portería a portería.

Me he visto lleno de amor
y he terminado pidiendo perdón
porque al amar nunca fui
lo que debía de ser;
pero besé con su fuerza
y me callé con su suave debilidad.

En alguna oscuridad
ha ido a ocultarse la luz
que no ha querido apagarse.
Íbamos temerosos a todo.
Algo en la esencia decía
que aquel verano acababa
y el corazón ahí estaba.

Omar Alej.   

jueves, 11 de enero de 2018

Te envío un beso fuerte.

Yo no soy el que
buscas.
Tú no eres la que
yo he dejado de buscar.

A una joven monja. Leonard Cohen. 


Te envío un beso fuerte
que de tal fuerza revuelva los mundos
que algunos llaman memoria
y tú solías llamar olvido.

Creí en Dios,
siempre que pude.
Me escabullí a contemplarlo
en cada puesta de sol
que deformaba tu espalda
y fue mi golpe de suerte.
Hoy ya no logro soñar
si no he comprobado, antes,
que se ha hecho de noche,
irremediablemente, otra vez…

Suele ser una noción inocente,
de lo que uno es,
cuando uno declara
que al llegar a las puertas de la muerte
recibió el contenido de sus ojos en visiones
y ese parece también ser mi caso.

Tú que me conoces,
que batallaste al lado de mis complejos,
hombro con hombro,
y que también me traicionaste,
sabes que no tengo nada más,
para enviarte.

Omar Alej. 

miércoles, 10 de enero de 2018

Necesito estar solo.

Seguía abonando el terreno en el que me enterraría mañana. Humo, mentiras, peleas, rencores, delirio, sexo, licor, historias, pasiones y el centro blanco de aquellas galletas negras; no eran más que adornos, para un agujero en la tierra.

Diario de un Moto/Circuito (2018)
Omar Alej. 


Por las noches, con los sueños,
hace un día con frío en el sol
y yo necesito estar solo.

La casa suda hielo
y todo lo que fue de vidrio está en llamas.
Camino entre monumentos de cerveza
que conservan el peinado y que intento no romper
ni cambiar de lugar.

Miro fijamente a Nick Cave en el televisor;
pero no me entero por qué tiene la cabeza de un canario.
Los brazos me hormiguean
producto de las horas
que han ido cayendo entre el volcán
y las goteras: la frontera es una sola;
pero es para los dos…

En ciertas horas del día
vuelven a ser las siete, para mí.
Se ha ido el tiempo que pudo
quebrar la vida
que me late por dentro;
pero eso no es soledad
y yo necesito estar solo.

Va a ser como estar sumergido.
Jugare con la idea
de que estoy estando conmigo.
Acaso me regale el regalo
de negarme tres veces.
Quizá me proponga
ir a la cocina
y freír los cordones de mis botas.

Me estaré devolviendo la cara
que se fue deshaciendo
entre los recuerdos
que alguien tenía de mí
(de espaldas contra la oscuridad de un callejón).

Seré mi respuesta
a todos los discursos;
lo bueno y lo malo
¿Cómo podría yo saberlo?

Tengo mis uñas,
algunos de mis dientes, mi olor,
mi respiración, veinte dedos,
un ombligo, algunos silencios,  
mi pereza, mi sueño, el insomnio,
una lengua y un par de orejas.
Además ni siquiera podría asegurar
que sigo estando aquí.

Los diques,
para romperse,
no necesitan que yo me conmueva.

Para en la puerta y regresa.
Hay alguien esperando por ti allá afuera
y yo necesito estar solo.
Omar Alej. 

martes, 9 de enero de 2018

No digas que la poesía.

“ella, publiquen a ella, está loca pero es
mágica. No hay mentira en su fuego”

Un poema casi inventado. Charles Bukowski.


No digas que la poesía
está en todas partes
combatiendo contra el verbo,
vigilante,
hecho carne.
Si anulas la duda,
si anulas la fe,
el sentido de la vida es la nada
(Lo mismo que en esta frase).

No digas que la poesía
es el alma…
no me des a probar la naranja 
y digas después
que en el sumo anda el sol
cazando mujeres
que son como sombras en un bulevar.

No digas que la poesía,
te salva, te alienta,
te come, te prueba,
te rompe, te guía, te pierde,
te lleva, te deja, te alcanza, te sigue,
te avisa, te ignora, te prende, se quema,
palpita, agoniza, celebra, destruye,
Desarma y Sangra.

No digas que la poesía
libera los mares,
atusa los bigotes del naufragio  
y está hecha de tierra en la tierra.
No digas que la poesía
es –además, el cohete espacial
en el que se mueven todas las naciones:

No digas que Battlestar Galáctica.

Tú baila,
ya me gasto yo diciendo.
Ayer estas palabras iban a ser tristeza
y como lo he dejado...
tiempo y distancia, comedia.

No digas que la poesía
tejió el laberinto,
que inventó los tropiezos
y que alado el amor
poniéndole bronquios en los pies.

No digas que la poesía
es la puta más puta
en cualquier puticlub;
que se ata a cadenas
que luego al tacto
son un acto de terciopelo:

No digas que La Velvet Underground.

No digas que la poesía
está perdida
y que se encuentra
en los ojos bien abiertos
del síndrome de Stendhal
<<Si existiera la poesía en el cuarto
a oscuras,
en el amigo que toca la puerta

Quién pensaría en volarse de un balazo
la cabeza>> eso fue lo que Él dijo
y El Hombre es Él.

No digas que la poesía
es también un disolvente
y que en ella no hay aquí
ni hay allá
ni tú tampoco.

Podría ser un faro,
un listón en la corriente,
pintalabios en el vaso,
chantaje e hipocondría,
humildad y alevosía.
Acaso es la luz del rayo;
pero no digas que la poesía
es también lo que no es.
Si anulas la duda,
si anulas la fe,
el sentido de la vida es la nada
(Lo mismo que en estas frases).

Omar Alej.  

lunes, 8 de enero de 2018

Un Hombre de pie.

En cuanto a mí, yo no doy nada a nadie sin darte a ti otra cosa igual,
yo no canto la gloria de nadie, ni la de Dios, antes de cantar tu gloria.

A ti. Walt Whitman. 


Veo sus ojos
y la hondura de la nada
ha empezado a ir con prisa;  
veo plantado el desconcierto
y la brisa como un gas.

La belleza,
melancólica y agreste,
tintinea en las vasijas,  
destinada a desvanecer
tras la última encarnación
de la materia.

Justo antes,
justo ahora
y justo mañana,
seguirá escrita la justicia
en las hojas que el otoño
desprendió.

Mi amor, que se ilusiona contigo,
que canta porque ha sentido
que tu memoria comprende
el río y el alba, no es suficiente,
para quemar la tierra que viene en contra;
pero en medio de la tormenta
que te repliega, mi amor te ama
y esta elección ante el abismo
es mi respuesta al eco de otro coraje.

El miedo,
que era el miedo
a ver las cosas que caían,
ya no es miedo a la derrota.

Cae la mano solitaria
y no alcanza el aire,
para sostenerla.

Caen los besos
y un baúl de arena
se hace ancho
-tan ancho como el rey en el tablero,
para aprisionarlos.

Se han caído,
aturdidas de cansancio,
las estrellas que brillaban
al leer en los mensajes de tu brevedad;
pero habrá un hombre de pie
sintiendo el golpe de esas caídas
y contra él no habrán inventado maneras
de derribarlo.

Omar Alej.